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Economía

Y Bart dijo: multiplicaos por cero

Botella no entiende la palabra voluntario, Soria no piensa en verde y De Cospedal está en todo menos en su región.

el 31 ene 2012 / 10:09 h.

No conozco la trayectoria personal de Ana Botella más allá de ser la mujer del expresidente del Gobierno José María Aznar y de haber ejercido sobre éste grandísima influencia. Eso sí, ni por asomo me imagino a la actual alcaldesa de Madrid, salvo bondad llevada en la más estricta intimidad, andando por barracones para, caridad humana -y, en su caso, también cristiana-, llevarle comida a los mendigos y condones a las putas. Yo voluntaria, sí, diría ella, pero con la cara lavada y recién peinada, traje de chaqueta y perlas al cuello, muy al estilo de Pitira Ridruejo, y sólo para el día de la banderita de la Cruz Roja, soy una chica yeyé, o saraos de aristócratas y farándula tipo El Rastrillo.

Pues bien. A la señora regidora se le ha ocurrido que los voluntarios, a los que yo, el que escribe, rindo sincera pleitesía, podrían asumir, sin cobrar, por supuesto, servicios sociales que, debido a la crisis económica, corren peligro porque ayuntamientos como el suyo no tienen para estas cosas, para otras sí, ni un duro. La solidaridad, mi querida Botella, ha de predicarse en primera persona, así que le sugiero pequeñísimos sacrificios, por ejemplo, renunciar a su sueldo de alcaldesa, que ya lo cobra bien su marido, quien, además, tiene pensión asegurada de por vida, recomendar a sus hijos e hija y, de paso, también al yerno, Alejandro Agag, que atiendan comedores de beneficencia y, si me apura, mandar, repito, mandar, al señor Aznar que critique los recortes sociales del nuevo Gobierno, como tanto criticó, dentro y fuera de España, las políticas del anterior.

Puestos a pedir, que Mariano Rajoy, presidente del Ejecutivo central, secunde la propuesta de la mujer de su amigo, y esto de amigo va con suma ironía, y considere voluntarios a los 5.273.600 desempleados que hay en España. Venga, todos a realizar servicios sociales, y paro resuelto. No, alcaldesa, no. Voluntariado y voluntario son palabras mayores que, a tenor de su sugerencia, creo sinceramente que no comprende.

Aún recuerdo mi primer móvil, era un ladrillo, y que media España no tenía cobertura. El desarrollo de la tecnología ha hecho virguerías con el aparatito, ya sólo le falta que te haga de comer, el mapa no tiene sombra alguna, y, gracias a la competencia, se ha abaratado la telefonía. Salvando las diferencias, saco a relucir esta evolución para denunciar el apagón temporal a las primas (ayudas) a las energías renovables impuesto por el ministro de Industria, José Manuel Soria. Sin dinero no hay ni investigación ni desarrollo y, así, las compañías serán siempre las mismas y con los precios de la electricidad, como está visto, harán lo que les dé la gana.

Me podrán alegar ustedes, y con razón, que ese despliegue tecnológico, salvo subvenciones públicas puntuales (y no tan puntuales), lo ejecutaron las compañías operadoras por su cuenta y riesgo, esto es, con inversión propia, porque sabían el gran mercado que se les abría por delante. Sí, es verdad, pero en el caso de las energías limpias cabrían dos excepciones. La primera, que las grandes eléctricas españolas, las que manejan el cotarro, con dinero suficiente y negocio asegurado, no despliegan, y menos en estos tiempos de crisis económica, la necesaria labor investigadora para abaratar las tecnologías renovables, a excepción de la eólica en un país, por cierto, con menos viento que sol. Y la segunda, que pensar en verde no es ya una opción, sino una obligación, a ver si vamos a volver a la prehistoria del petróleo.

Me pregunto si el Gobierno central ha calculado bien si compensa eliminar 160 millones de euros en primas, que es su previsión de ahorro en un año, y cuánto será el coste del parón transitorio en mayor desembolso en fuentes fósiles (crudo, carbón, gas), en impacto medioambiental y, por último, en frenazo a la tecnología, sin contar con la mala imagen internacional -aún más- que se traslada ante el vaivén de una legislación energética que ahora te da, ahora se lo piensa, ahora, sin aviso, te quita. Eso, mi querido Soria, es inseguridad jurídica, y, así, las nuevas empresas no invierten, para contento, quizás, de las de siempre. Se trata de una cuestión de apuesta estratégica, y la del Gobierno de Mariano Rajoy, ya se percibe, no va, en materia energética, por lo nuevo, sino por lo viejo, a deshacer lo hecho.

Y María Dolores de Cospedal merece ser el tercer protagonista de esta entrada de La Siega. La envidio. Sí. Su capacidad de trabajo me tiene asombrado. Eso de combinar la Presidencia de Castilla-La Mancha con la Secretaría General del PP nacional, con sus múltiples ruedas de prensa, ha de ser agotador, ¿no? Salvo, mi querida De Cospedal, que le esté dedicando más tiempo al partido que a la comunidad o restando a la comunidad tiempo para el partido, espero que no -mucho me temo que sí- pues entonces ya no la envidiaría nada. Sería la labor de multiplicarse por cero, Bart Simpson dixit, la misma que cabría decir de José Manuel Soria y Ana Botella.

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