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Y Dios trajo este regalo a los ticos y los béticos

El costarricense, ídolo indiscutible en su país, empieza a ganarse la admiración de la afición verdiblanca con el Arsenal de fondo.

el 09 dic 2012 / 17:28 h.

Si alguna vez le formulasen esa famosa pregunta de ‘¿dónde estaba usted en el 92?', Joel Campbell podría responder que acababa de nacer y que por supuesto no sabía nada del Betis. Ni del Betis ni de nada. Cuatro días antes de que la ley de sociedades anónimas deportivas pariese al Betis de Manuel Ruiz de Lopera, Roxana Samuels dio a luz al segundo hijo de su matrimonio con Humberto Campbell. Joel Nathaniel nació en San José el 26 de junio del año de la Expo de Sevilla, ciudad a la que llegó veinte años después no para celebrar la efeméride sino para defender los colores del Betis, y desde muy pronto tuvo claro que lo suyo sería el balompié. Con cuatro años, más o menos cuando nació su hermana Nekisha, el hijo ya dijo al padre que sería futbolista. Y el progenitor le dijo años después: "Cuando usted sea grande, le va a comprar una casa a su mamá y un carro a mí". Así fue.

Campbell empezó a jugar con seis años en el equipo de su barrio, en Desamparados. Con ocho lo fichó el Alajuelense y con doce se marchó al club de su vida, el Deportivo Saprissa. Estuvo seis temporadas y allí comenzó su carrusel de cesiones en el modesto Puntarenas. En realidad era más indiscutible en las categorías inferiores de la selección tica que en sus equipos. Por si acaso no cuajaba como futbolista profesional, asistió a unos cursos de Administración de Empresas en la universidad, pero entonces surgió el seleccionador absoluto, Ricardo La Volpe, que en marzo de 2011 efectuó este pronóstico: "Vale dos, tres, cuatro millones de euros. Tiene futuro espectacular. Si tuviera plata, lo compraría yo".

La Volpe no se conformó con aquel augurio. También convocó al joven Joel para la Copa de Oro, la Copa América y el Mundial sub 20, todo de golpe. Campbell marcó en los tres torneos y provocó la atención de muchos clubes. En 2010 probó en varios equipos franceses y ninguno lo quiso. Un año más tarde, el Arsenal de Arsene Wenger, el cazatalentos número uno del fútbol mundial, lo reclamó con varios millones de euros por medio. Joel, asesorado por su padre y representado por Joaquim Batica, rechazó la primera propuesta pero no la segunda y allá que emigró a Londres en compañía de su familia. Porque el jugador tico es diferente ("a mí me gusta ser original, no hacer lo que hacen los demás", llegó a afirmar) pero a la hora de la verdad no deja de ser un chaval que extraña a los suyos si los tiene lejos. Y en Inglaterra, como luego en Francia y ahora en Sevilla, vivió con su madre.

Campbell firmó cinco años con el Arsenal y no ha jugado ningún partido como gunner. No es culpa de Wenger, sino de la ley inglesa. Para conseguir el permiso laboral, cualquier extranjero debe haber participado en el 75% de los partidos de su selección absoluta durante los dos años anteriores y el costarricense, muy a su pesar, se quedó a unos minutos. El club pidió otro permiso, por talento especial lo llaman, pero no coló. Total, que Campbell se marchó cedido al Lorient galo, que precisamente lo había rechazado antes. Y luego, al Betis.

La adaptación de Campbell al fútbol y la vida en Europa no ha sido fácil, pero tampoco ha rozado el trauma. En Francia, por ejemplo, contaba con gracia cómo se le resistía la zona azul, no por incomprensión sino por "pereza" para cambiar la tarjeta de estacionamiento. En el Betis, su gran inconveniente ha sido la sarta de viajes para jugar con su selección. En sus dos o tres primeros meses como verdiblanco pasó más tiempo cruzando el Atlántico por el aire que entrenándose en la ciudad deportiva.

El golazo que logró ante el Deportivo supone el primer hito de Campbell en el Betis. Ha bastado algo menos de un mes sin cruzar el charco para que su adaptación se haya acelerado a la misma velocidad a la que acumula seguidores en twitter (más de 37.500 ya) o corre la banda. Herencia genética, por cierto, porque su madre era goleadora en un conjunto femenino y su padre intentó ser futbolista. Aquí, además, no tiene (de momento) un problema de su infancia balompédica: los partidos no coinciden con la misa. Sí, Joel y su familia son muy religiosos. Nathaniel significa "traído por Dios" y a él, a Dios, dedicó ese "pepinazo" en Riazor. Así lo llamó la prensa costarricense, que tiene en Campbell a uno de sus referentes indiscutibles. Sus noticias son las más leídas y en Sevilla, de hecho, lo acompaña desde hace semanas el mismo periodista que lo siguió día a día en el Lorient. Hay cosas que no cambian en la vida de Joel. Sigue siendo el aficionado número uno del Saprissa, su madre continúa haciéndole la comida, no para de oír reggae o salsa antes de cada partido y desde el pasado domingo vuelve a cantar goles sin que lo abandone la humildad. "Siempre estaré en nivel cero. No importa si vengo de marcar o lo que sea, siempre debo pensar en aprender todos los días", ha dicho esta semana. Humilde pero ambicioso, ojo. "Lo que quiero y lo que considero más importante es que la gente me recuerde cuando deje el fútbol. En el fútbol no hay edades, sólo buenos y malos", dijo con 19 años. Así es Joel Campbell, ídolo futbolístico en el país de los ticos y ahora también en el país de los béticos.

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