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Y el ministro cogió su fusil

Mariano Fernández Bermejo aparte de ejercer la política, en su tiempo libre se dedica también a otro tipo de actividades lúdicas. El ministro de Justicia es amante de la lectura, de los viajes, del deporte y también de la música.

el 24 sep 2009 / 13:07 h.

Mariano Fernández Bermejo
Como a cualquier hombre de su edad (acaba de cumplir 61 años) le gusta leer, viajar, el fútbol, la música y, en su caso, además, la caza. Pero Mariano Fernández Bermejo devora los libros, se entusiasma con los viajes, se apasiona con el fútbol como cuando en sus años mozos jugaba de extremo derecho (quién se lo iba a decir a un rojo como él) en su Deportivo Arenas, se emociona con la música y se pierde con la caza, hasta tal punto que se olvida en qué comunidad autónoma está de montería. El ministro de Justicia es pura vehemencia, impetuosidad y explosión. Cualidades que en política suelen acarrear demasiados problemas.

En los escasos dos años que lleva al frente de su departamento, Bermejo ha logrado cabrear a la oposición en bloque, a los funcionarios de Justicia, a los jueces, a los secretarios judiciales, al Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) e incluso al propio Gobierno y hasta a los defensores de los animales. Fernández Bermejo ha buscado el diálogo, pero tampoco ha esquivado la confrontación y la pelea con cada uno de estos colectivos. No tiene pelos en la lengua. Es su talante. Es otro talante. Pasará a la historia como el ministro al que la judicatura española hizo su primera huelga en los 30 años de democracia.

Muy listo para algunas cosas, no en vano ingresó en la Carrera Fiscal con el número uno de su promoción en 1974 y sus compañeros de carrera destacan de él su gran preparación técnica y su profundo conocimiento de la Administración de Justicia, ha demostrado una gran torpeza vital para otras (además de la de ser un pésimo apagafuegos).

En plena investigación judicial del caso Gürtel, la presunta red de corrupción que implica a dirigentes y ex dirigentes del PP y que está haciendo que se tambaleen los cimientos del partido de Mariano Rajoy; Fernández Bermejo y Baltasar Garzón, el magistrado que dirige todas las pesquisas, coincidieron en una "inoportuna" e "inapropiada" cacería en Jaén. Un encuentro que desde Génova intentan ahora utilizar para señalar al político de Arenas de San Pedro (Ávila) como el inductor de una trama "contra el PP". Una teoría que los hombres y mujeres de Rajoy van a alimentar hasta sus últimas consecuencias. No les queda otra. Pero es que el titular de Justicia se lo está poniendo a tiro admitiendo, por ejemplo, que cazó en Jaén sin licencia o que es un habitual de las monterías de la finca estatal Quintos de Mora, en Toledo.

Su virulento enfrentamiento con el PP no es nuevo. Viene de lejos, cuando en 1993 fue nombrado fiscal jefe de Madrid, cargo desde el que se convirtió en uno de los principales detractores de la política judicial de los populares tras la llegada al poder en 1996 de José María Aznar. Su enfrentamiento alcanzó cotas inusuales. El entonces ministro de Justicia, José María Michavilla, le acusó de utilizar su despacho para sabotear el desarrollo de los juicios rápidos, una de las principales apuestas de su departamento, y Fernández Bermejo replicó con una demanda ante el Tribunal Supremo que no llegó a tramitarse.

El abulense ha hecho gala de su izquierdismo desde su juventud, cuando ya en los 60 era el bajista del grupo de pop Los Cirros, con un estilo parecido al de Los Brincos. Es, además, uno de los más destacados dirigentes de la Unión Progresista de Fiscales, en la que encabezó el sector más proclive a aceptar que el Poder Judicial estuviera sometido a un cierto control de las instituciones políticas, lo que le supuso ganarse la enemistad de muchos de sus compañeros.

El pasado miércoles fue despedido desde la bancada socialista al grito de "torero, torero" durante la sesión de control al Gobierno y tras ser ratificado en su puesto por el presidente del Gobierno. Es sólo un gesto para la galería. Su salida del Ejecutivo en la próxima remodelación de Zapatero, previsiblemente para 2010, parece más que cantada. En Moncloa están hartos de sus meteduras de pata y cansados de que haya sido incapaz de solucionar uno solo de los conflictos a los que se ha enfrentado su ministerio.

Todavía recuerdan que en plena campaña electoral para la reelección de Zapatero tuvieron que hacer frente a la huelga de los funcionarios de Justicia. En un tiempo récord, ha conseguido lo que parecía imposible: despertar tanta o más animadversión que Magdalena Álvarez.

Bermejo describe la caza como "un duelo de búsqueda, acecho e intento de muerte". Pues si todos sus años de batidas en el monte lo han convertido en un gran cazador debe saber que ha entrado ya en la última fase y que hoy es su cabeza la pieza más codiciada. Sólo falta por saber quién colgará el premio en su despacho.
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