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¿Y el tacto, dónde me lo dejan?

No, definitivamente no, ni la fotografía digital (si no se pasa a papel fotográfico, lo que no se suele hacer), ni la prensa telemática, ni el correo electrónico (si no es para comunicar o notificar) suplen dignamente a la foto en el álbum, el periódico desayunando y, mucho menos, la carta hológrafa y personal.

el 16 sep 2009 / 05:15 h.

No, definitivamente no, ni la fotografía digital (si no se pasa a papel fotográfico, lo que no se suele hacer), ni la prensa telemática, ni el correo electrónico (si no es para comunicar o notificar) suplen dignamente a la foto en el álbum, el periódico desayunando y, mucho menos, la carta hológrafa y personal.

Se nos olvida quizás el mayor y mejor de los sentidos -al nivel de la vista-, el tacto, y nada virtual, absolutamente nada virtual (mercados, mercadillos, librerías, motor, que se aprecian en la web) nos hace disfrutar del gustazo de tocar, sopesar y sentir el peso.

¿Cómo va a ser igual un libro digital que acariciar un lomo, unas guardas y pasar el papel hoja a hoja? ¿Cómo va a ser lo mismo leer en 19 pulgadas de plasma o TFT que a Michael Jackson lo mataron hace 20 años y su asesino imitador (permanentemente enmascarado) es el que ha muerto ahora, que hacerlo en tu chiringuito tomando una cerveza comentándolo con los amigotes? ¿Y en el baño, qué me dicen del placer de leer en el baño los fichajes del Betis o del Sevilla, una buena entrevista a un torero o la cartelera del cine?, ¿resiste lo dicho el moderno recambio de leer en una pantallita? ¡Venga hombre, no me venga con pamplinas!

La tecnología ha prestado un servicio inmenso -sobre todo a secretarios, oficinistas y administrativos- pero nunca, absolutamente nunca, suplantará el periódico que usted, además de estar leyendo, está tocando o al libro (con sus cubiertas), cuya lectura interrumpida la marca con una tarjeta.

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