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Y Hasekura retornó a Coria

Los corianos vivieron la clausura del Año Dual España-Japón con una recreación de aquel momento –con descendiente incluído– de hace ya 400 años, cuando llegó al municipio la expedición nipona denominada Embajada Keicho

el 11 oct 2014 / 23:35 h.

‘La ultima singladura de la embajada keicho’, cuando una goleta del siglo XVIII desembarcara en Coria del Rio como lo hicieran hace 400 años los japoneses. foto: José Luis Montero ‘La ultima singladura de la embajada keicho’, cuando una goleta del siglo XVIII desembarcara en Coria del Rio como lo hicieran hace 400 años los japoneses. foto: José Luis Montero Hace 400 años vinieron hacia aquí, llegaron hasta Coria por el Guadalquivir», reza la canción con la que el cantautor local Sabas dio el pistoletazo de salida a los actos de clausura del Año Dual España-Japón, dedicada a la estrecha relación que mantienen Coria y el país nipón. Y ayer se repitió esta singular estampa cuando, vestido de samurai, Hasekura Tsunetaka, el decimotercer descendiente de Tsunenaga, líder de la embajada Keicho en 1614, desembarcó en el pueblo ribereño acompañado por el embajador en España, Kazuhiko Koshikawa, como hiciera su ancestro. Ante cientos de corianos que se agolpaban en las vallas del parque Carlos de Mesa, la recreación del último trayecto de Hasekura antes de iniciar su periplo diplomático por la España de Felipe III hizo su entrada triunfal en el paseo fluvial pasadas las 16.30 horas. Una comitiva que contó, además, con los mismos actores que hace 400 años: las autoridades de Sanlúcar de Barrameda, la Fundación Casa de Medina Sidonia y las autoridades de Coria del Río. Asimismo, una representación de los más de 600 japones corianos –personas que portan el apellido Japón– viajó a bordo del buque Falcao, una embarcación diseñada en exclusiva por Erik Van De Voorder que en su día perteneció a la Casa Real Belga y que sustituyó, a última hora, a la esperada goleta Sadko, una reproducción de un navío del siglo XVII que no ofrecía la seguridad suficiente para realizar el viaje desde Sanlúcar con las inclemencias meteorológicas previstas para la tarde del sábado. No obstante, y aunque el cielo anunciaba agua, el acto se desarrolló con total normalidad, permitiendo una vistosa recepción a la comitiva de manos del alcalde de Coria, Modesto González, la corporación municipal, diversos colectivos educativos y culturales, además de una treintena de mujeres vestidas con el atuendo típico coriano del siglo XVII, confeccionado por ellas mismas en el taller de costura del centro de adultos de la localidad quienes, además, entregaron a Hasekura Tsunetaka y al embajador de Japón un ramo de flores y una cesta de regalo que incluía un «surtido coriano»: aceite de oliva, aceitunas, regañás, chacinas y una pastilla de jabón. Tras recibir entre aplausos y vítores el calor de los vecinos, la expedición caminó por el paseo fluvial hasta el monumento a Hasekura Tsunenaga –erigido en 1991–, donde el son de cuatro tambores japoneses puso la nota musical a uno de los momentos más emotivos de la tarde: la plantación de un cerezo –sakura en japonés– como símbolo de la unión entre ambas culturas. De hecho, el embajador nipón, en su posterior discurso, hizo alusión a la arboleda de esta especie que ya existe en Washington, donde ya hay más de 3.000 ejemplares «que convierten la zona en un lugar de paz». Por eso, Kazuhiko Koshikawa sugirió que el paseo Carlos de Mesa pudiera ser conocido «por sus sakuras del río Guadalquivir». Pero más allá de los lazos culturales y de fraternidad, desde Coria del Río se quiere exprimir esta relación con el objetivo de dinamizar la economía del municipio fomentando el turismo nipón –de hecho, más de 1.000 japoneses han visitado Coria– e incluso facilitando la incursión de la industria del país asiático en Sevilla dada la presencia del responsable de Mitsubishi en España, Mannari Takashi, en el acto de clausura. Y es que, en palabras del regidor coriano, «este año nos abre las puertas a un futuro ilusionante, y no podemos dejar escapar esta oportunidad única que se nos presenta para el porvenir», en el que los propios corianos tienen parte de culpa teniendo en cuenta la hospitalidad con la que los representantes japoneses fueron recibidos. Porque ni siquiera la incipiente tormenta que comenzó a descargar en los momentos finales del homenaje a la última singladura de la embajada Keicho acabó con las ganas de los vecinos de saludar y fotografiarse junto al decimotercer descendiente de Hasekura Tsunenaga quien, entre reverencias, aseguró sentirse «lleno de emoción y honrado por servir como símbolo de amistad» entre Coria y Japón. Una amistad que quedó plasmada con la rúbrica del embajador nipón en el libro de honor del Ayuntamiento. Pero, a pesar de la lluvia, aún habría tiempo para la celebración de un concierto en el centro cultural Pastora Soler, donde un grupo de percusión japonesa y un espectáculo flamenco hicieron las delicias de los asistentes, poniendo el broche final a una iniciativa que solo ha reportado beneficios a esta localidad ribereña del Guadalquivir, que ya se encuentra mirando hacia la celebración de los 500 años de amistad.

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