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Opinión

¡Y le brilla, le brilla, le brilla!

el 22 may 2010 / 20:36 h.

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"Yo siempre digo que llegué a Sevilla sin nada y que todo lo que tengo me lo han dado aquí: mi familia, mis amigos, mi trabajo, el cariño de una afición, los éxitos... Además, mi vinculación con el Sevilla Fútbol Club va mucho más allá de un contrato laboral que pueda durar más o menos tiempo; es un vínculo sentimental y afectivo".

Posiblemente, a muchas personas no les sonará nada el nombre Ramón Rodríguez Verdejo (San Fernando, 20 de septiembre de 1968) pero si les hablan de Monchi, su mente evocará la imagen de un tipo con escasa pinta de ex futbolista de élite, con poco pelo y que ejerce de director deportivo del Sevilla. Es más: incluso muchas sabrán que fue uno de los grandes protagonistas del pasado Carnaval de Cádiz. Monchi sólo posee un pasaporte pero tiene doble nacionalidad: cañaílla, porque en San Fernando, su pueblo, al que lleva en el corazón, nació y se crió; y sevillana, porque, a los 19 años, cogió el petate para firmar por el club de Nervión y cumplir el sueño de ser portero. Sevillano, sevillista, isleño; aplaudido por cadistas y gaditanos en el Ayuntamiento de la Tacita, donde el pasado verano fue pregonero del Trofeo Carranza; y aplaudido incluso en el Gran Teatro Falla cuando, a principios de año, cumplió otro sueño y pisó su escenario con la chirigota Los Pre-paraos. Y es que la vida de Monchi ha girado siempre en torno a dos grandes pasiones: el fútbol y el Carnaval. Gracias a su condición de obrero del balompié y a sus estiradas bajo palos perteneció durante casi una década al primer plantel del Sevilla. Luego, tras colgar las botas, decidió aparcar la idea de ser abogado -ha estudiado Derecho- para convertirse en delegado del equipo. El siguiente paso fue desempeñar la labor de director deportivo a petición de Roberto Alés, ex presidente de la entidad.

Lo primero que hizo en su nuevo cometido fue ver un Levante-Atlético de Madrid B para seguir a Casquero y Dika. Era un sábado. Al día siguiente ejerció de delegado en el famoso Sevilla-Oviedo (2-3). Horas más tarde dejaba esta faceta.Desde entonces, Monchi se dedica a fichar futbolistas dirigiendo un grupo de técnicos y ojeadores cuya labor ha sido elogiada, sobre todo cuando las incorporaciones respondieron a las expectativas: Daniel Alves, Javi Navarro, Pablo Alfaro, Julio Baptista, Martí, Luis Fabiano, Poulsen, Palop, Kanouté, Renato, Keita, Escudé, Squillaci, Perotti, Juande Ramos... Pero el de San Fernando también ha tenido que aguantar el chaparrón muchas veces. La críticas por fichar a jugadores como Puli, Rubén Vega, Magallanes, Mosquera, Chevantón, Boulahrouz o Romaric han sido numerosas, y él personalmente lo ha pasado mal.

En cualquier caso, si se ponen los éxitos y los fracasos en una balanza, el número de aciertos supera claramente al de errores. Por eso, Monchi es uno de los culpables directos de que el Sevilla haya conquistado la friolera de seis títulos -tres continentales- en los cuatro últimos años. El último, la Copa del Rey. Tras una temporada difícil con cambio de entrenador incluido en la que se ha visto señalado, Monchi resopla y da gracias al cielo. El pase a la Champions y el título Copa son un premio al trabajo y, a la vez, una auténtica liberación para él. Él se crió en San Fernando y lleva mucho tiempo en el mismo club
y con los fichajes se lo está llevando
y con su presidente tiene algo en común:
¡Que le brilla, le brilla, le brilla!
¡A Del Nido y a Monchi le brilla!
Cuando juega el Sevilla en su casa
y encienden los focos del Sánchez Pizjuán...
Así le cantaban, con la melodía del Himno del Centenario, sus compañeros de chirigota mientras señalaban su cabeza. Quizá debido a esa alianza con el éxito más de uno querría frotar la brillante calva de Monchi para conseguir todo aquello que desea. Pero lo suyo no es fruto de la suerte.

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