Local

Y le dijo Torrijos a Landa: a mí no me callas

El pleno estuvo movido. Las voces llegaron con Mercasevilla y Camps sobrevoló la sala.

el 26 oct 2012 / 21:24 h.

TAGS:

Reyes, escuchando a Míchel.

Justo la mañana en que la EPA revelaba el escalofriante dato del desempleo, los concejales sevillanos volvían a enzarzarse en su habitual y tú más, ajenos a la realidad de la calle. Sí, y esta vez hasta con voces, duros reproches al estilo de no me callo porque no me da la gana. Fue elevada la tensión, quién la desencadenó, cada uno cuenta la película como le interesa.

El relato de los hechos es el que sigue, y que cada uno juzgue. Con Antonio Rodrigo Torrijos ausente -lo llamó Cristóbal Montoro, o eso dijo, a cuenta de la proposición que el PP iba a presentar para instar al Ministerio de Fomento, del PP, a que planificara ya la prolongación del Cercanías de Cartuja-, Javier Landa le recriminó a Josefa Medrano que no se fuera por las ramas, sino que se ciñera al tema del punto del día, cuál, vivienda. Las ramas de la edil de Izquierda Unida eran el hombre ahorcado en Granada antes de ser desahuciado y las amenazas de Emvisesa de echar a la calle a inquilinos de San Jerónimo. Y estalló la cosa.

Tú no me callas, me controlas el tiempo pero no el contenido de mis palabras, yo no te callo, sino que cíñase al punto del orden del día, cuál, la vivienda, y los problemas de los desahucio no son también de la vivienda y, por tanto, se enclavan en el punto del día... Y las cunitas de San Juan...

Pasado el tiempo del sofoco de Medrano y la frialdad reglamentaria del presidente del pleno, aquí entra en escena Juan Bueno, sabe éste hacer rabiar a más no poder. Y sí, lo hizo, al dirigirse a la oposición que en la pasada legislatura forjara el bipartito, es decir, a las bancadas de IU y socialistas, lanzándoles un y quiénes son ustedes para decir que nosotros no estamos haciendo nada por esta ciudad, lo que no hacemos es lo que ustedes hacíais -mirada directa a Torrijos- contribuyendo a deslizar maletines en despachos. De qué estaba hablando, de Mercasevilla, del reciente veredicto, el de la culpabilidad de unos cuantos... Y en este momento, nada dijo Javier Landa, no le conminó a ceñirse al punto del orden del día.

Fue la bomba incendiaria. Con venas de garganta hinchadas y cara completamente colorada, o roja, Torrijos eleva la voz -cuentan que como pocas veces se ha escuchado en la noble sala- y le recrimina la permisividad con el portavoz del Gobierno local, y retumbó su amenaza en todo el edificio, "como me quite usted la palabra... no me la va a quitar nunca". Y Medrano por detrás, jaleando, eso, eso. Sin inmutarse el amenazado, sí que dice a mí con advertencias, no, yo me ciño al reglamento y si le tengo que llamar al orden le llamaré, y pim, pam, pum, hasta que las aguas se calman. Qué tensión, por dios, qué tensión. Cosa normal, relatan los asiduos a los cónclaves de la Casa Grande. Sí, pues vaya normalidad cuando las voces ahogan hasta los pitos que desde la calle llegan de los empleados municipales.

No llegó a tal extremo, pero sí el enfado fue palpable en Juan Espadas, qué actitud impresentable, le reprochó a Juan Bueno, no me lo esperaba de usted, y por medio se cuela el popular Camps, sí, el de los trajes, yo acaso alguna vez le he preguntado por él, a qué viene el sacar aquí Mercasevilla. Y el Bueno sonríe al constatar que ha sabido muy bien hacer el malo.

Y en esto que llega el apaciguador, no sin antes hacer referencia aquí al desalojo de la sala de empleados municipales que estaban entre el público -de sus voces e insultos no diremos nada, mejor callarse-. ¿Quién puso paz? Montoro en ausencia. Calmó los ánimos y llegó la sorna. ¿Qué bien, a usted, Torrijos, lo llama el ministro y a nosotros la consejera de Fomento, de IU, ni nos atiende. Bueno dixit

  • 1