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Cultura

Y Sevilla se embelesó

El cantaor onubense Arcángel ofreció anoche un gran concierto en el Teatro Lope de Vega, que se llenó de un público algo frío con el artista, aunque aplaudiera con fuerza al final de cada uno de los buenos cantes que interpretó.

el 04 oct 2014 / 01:02 h.

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Arcángel, acompañado de todo su grupo, en el que destacaron los extraordinarios guitarristas Dani de Morón y Miguel Ángel Cortés. / El Correo Arcángel, acompañado de todo su grupo, en el que destacaron los extraordinarios guitarristas Dani de Morón y Miguel Ángel Cortés. / El Correo ARCÁNGEL * * * * Escenario: Teatro Lope de Vega. Cantaor:Arcángel. Guitarras: Miguel Ángel Cortés y Dani de Morón. Percusión: Agustín Diassera. Palmas y coros: Los Mellis de Huelva. Entrada: Lleno.   Arcángel lo ha intentado en Sevilla de todas las formas posibles, cantando flamenco clásico y con propuestas nuevas y arriesgadas, pero le cuesta que el público se le entregue como suele hacerlo con otros cantaores, como hemos visto en esta Bienal y en este mismo teatro, el Lope de Vega. También es verdad que no suele contar nunca con esos grupos de seguidores con los que cuentan otros, a pesar de que es muy popular y de que tiene un carisma indudable. Anoche, que no vino con ninguna propuesta de laboratorio o estudio, sino a cantar a la manera tradicional y con un repertorio clásico, el público se entusiasmó poco con él. Tampoco es que estuviera excesivamente frío, pero no sonaron esos olés espontáneos que a veces sirven para que el cantaor se sienta seguro y querido. Sobre todo en Sevilla, donde hay silencios que matan. Y lo cierto es que Arcángel cantó muy bien anoche, sobre todo en la primera media hora, en la que se peleó como un jabato con pregones de Macandé y Caracol, que acabó con un fandango pintero. Por momentos me recordó al Caracol de los primeros años, cantando con una ligazón increíble y metiendo el fuelle como él. Y pensé que iba a ser la gran noche del cantaor onubense en la Bienal. Arcángel. / el correo Arcángel. / el correo Luego cantó bulerías por soleá, acordándose en la primera estrofa de Tomás, que bordaba estos cantes, y derivó en unas malagueñas de un gran sentimiento, en las que también caracoleó bastante y sonó más flamenco que nunca, dándole unos pellizcos al cante de una manera emocionante. Sin embargo, cuando comenzó a cantar con el grupo, con unos fandangos lucentinos a ritmo, en los que las dos guitarras de la noche hicieron maravillas –Miguel Ángel Cortés y Dani de Morón estuvieron magníficos–, Arcángel empezó a ser otro, a pesar de que hizo bien estos fandangos. En el grupo desapareció un poco el brillo de su voz, unas veces tapado en parte por unas guitarras con demasiado volumen y otras por el coro de Los Mellis. Así y todo, continuó en un gran nivel en los tangos, con pinceladas de Camarón y Morente, pero ya sin la expresión tan flamenca y el pellizco de la primera media hora. Su música era deliciosa, hacía malabares con la voz y el grupo se mostraba conjuntado y a gusto. De nuevo regresó al cante más clásico, con unas tarantas en las que volvió a dar muestras de un gran dominio de la voz, sobre todo en la de Almería, evocando en ella el arco melódico de Chacón y la pujanza de Morente, al que por cierto homenajeó varias veces a lo largo de la noche. Lo hizo también precisamente en el siguiente cante, en la seguiriya Pare mío Jesús, cuajando a continuación una versión distinta del cante de Tío José de Paula, pero una magnífica marca en el Reniego de Tomás, el cante de los Cagancho. Tras este cante, un prodigioso solo de guitarra de Dani de Morón y Miguel Ángel Cortés y el cantaor sorprendió a propios y extraños apareciendo en el patio de butacas con Los Mellis y Agustín Diassera haciéndole compás por bulerías. Y ahora sí. El público vibró con él y sus bulerías, sobre todo por tenerlo tan cerca. No fue algo improvisado, estaba previsto. Pero el efecto fue bueno y Arcángel volvió al escenario para continuar con su recital, un concierto algo largo, variado, en el que hubo grandes momentos y otros no tanto, como suele pasar en recitales largos. Encarrilando ya el final, destacó en las alegrías y en las bulerías finales, en las que brilló un Agustín Diassera estupendo toda la noche. El público aplaudió con fuerza y el cantaor se fue satisfecho. Sin embargo, no se puede hablar de una gran noche de Arcángel, al menos no la que él sabe que necesita en Sevilla, donde aún hay quienes piensan que no es cantaor de flamenco, sino de otra cosa. Y sí lo es, aunque Sevilla no se calentara anoche. No se calentó, pero sí se embelesó. Y es que Arcángel canta tan bien que embelesa.

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