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¿Y si Jorge Molina es mejor que Sergio García?

El Betis que no está pendiente de acciones ni de juezas, el que se dedica a jugar a la pelota, consiguió que los béticos se olvidasen de sus muchas penurias y les dio al fin un motivo, varios en realidad, para pensar que el futuro no tiene por qué ser un túnel interminable. Pepe Mel debe de estar contento, pero le faltan 41 finales para alcanzar la meta. Casi nada.

el 29 ago 2010 / 23:22 h.

Jorge Molina supera a Roberto. Era el 2-1.
Sergio García fue campeón de Europa. Emana ha sido mundialista y costó más de 1.000 millones de pesetas, como Pavone. También fueron o son internacionales Ricardo, Nelson, Mehmet Aurelio u Odonkor. Pero ninguno se vistió ayer de verdiblanco. Muchos, casi todos, ya no están en Heliópolis y los otros seguirán su camino más pronto que tarde. Su lugar ha sido ocupado por Dorado, que viene del Huesca; Belenguer, que cumplirá 38 años en diciembre; Salva Sevilla, que pasó un par de años en la cantera del Sevilla antes de irse al Salamanca; Isidoro, que vegetaba en el Betis B a la espera de una segunda oportunidad casi utópica; Rubén Castro, al que el Deportivo dejó sin sitio en Primera; y Jorge Molina, que nunca ha traspasado la frontera de la categoría de plata. El nuevo delantero del Betis ha costado algo más de tres millones. Es decir, la mitad que Sergio García. Y a las primeras de cambio, doblete que te crio. Valorar ahora si Jorge Molina es peor o mejor que Sergio García es absurdo, aunque el listón es muy mejorable: con el crack, el Betis bajó y no subió. Valorar si este equipo rendirá mejor que el de la pasada Liga no es absurdo, pero sí prematuro. Aunque el Betis es verde, como la esperanza, y la primera batalla no tiene más remedio que dejar al beticismo así. Esperanzado.

Salva Sevilla ha costado 40 veces menos que Emana. Es la proporción entre 8 millones y 200.000 euros. Su golazo, que desde ya mismo puede figurar entre los diez mejores de toda la temporada en el fútbol español, explica por qué Mel dijo que ni se había acordado de Emana. Las dos asistencias y su jerarquía cuando se adelantó a la mediapunta también convertirían en amnésico a cualquiera.

Equipo. Eso quiere Mel. No cracks, ni individualismos, ni estrellitas, ni presuntos grandes jugadores. Anhela un grupo, un bloque, y de momento va bien encaminado. El sendero, sin embargo, es eterno; las bajas, muchas; y los inconvenientes, directivos y jueces incluidos, incontables. ¿Pero y si Mel es mejor que Víctor?

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