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Y tú, ¿de quién eres?

Quién iba a imaginar ni siquiera meses atrás que Pepe Caballos otorgara sus avales a su antiguo rival José Antonio Viera para el congreso provincial del PSOE de Sevilla celebrado este fin de semana? Sería una buena lección de perspectiva histórica a tener en cuenta por los vencedores de éste y de otros congresos provinciales de dicho partido.

el 15 sep 2009 / 12:07 h.

Quién iba a imaginar ni siquiera meses atrás que Pepe Caballos otorgara sus avales a su antiguo rival José Antonio Viera para el congreso provincial del PSOE de Sevilla celebrado este fin de semana? Sería una buena lección de perspectiva histórica a tener en cuenta por los vencedores de éste y de otros congresos provinciales de dicho partido.

Los socialistas andaluces no se pueden permitir el lujo de perder a gente tan valiosa como Demetrio Pérez por el simple hecho de ejercer la democracia interna y que no todo sean filas prietas, recias y marciales.

Si los sistemas Dafo que se aplican en economía tuvieran realmente consistencia y pudieran trasplantarse a la cosa política, no cabe duda de que una de las debilidades de las casas del pueblo estriba en la gana ubérrima de tirarse los trastos a la cabeza que mantienen las diferentes banderías.

Con la que está cayendo a escala estatal cuando resulta que el político más valorado del país es Alberto Ruiz Gallardón, cualquier atisbo de sentido común llevaría a que el equipo de Manuel Chaves se tentase la ropa y, por la vía de la conciliación interna, evitase cismas innecesarios que sólo servirían para darle tres cuartos al pregonero y una ventajita más al pelotón de Javier Arenas.

Hasta la salida de Rosa Díez del PSOE, parecía que las posibles heridas del célebre 35 Congreso del partido, se habían cerrado con bien. De hecho, ZP se empeñó en darle jarilla a los compromisarios andaluces que terminaron votándole aunque él no fuese su primera opción. Cabe recordar que incluso se empeñó en contentar a su rival José Bono, a quien fichó para su primer Gobierno y, en esta legislatura, ha elevado a los altares de la Presidencia del Congreso.

Quizá en ese totus tuus de la familia socialista influyese su hambre de recobrar La Moncloa. Y ya una vez revalidada en segunda convocatoria su mayoría, empiezan a valer cualquier maña, hasta los pellizcos y las patadas en las espinillas. Al PSOE de Andalucía y a sus diferentes circunscripciones provinciales, sobre todo a las de Sevilla y Málaga, le convendría echar un vistazo a su propio pasado y recordar aquel mal rollo de los años 80 en que su mundo se dividía entre guerristas y borbollistas.

Ojalá que los duelos de este fin de semana hayan sido tan sólo a primera sangre y que no inicien una de esas etapas cainitas en que la pregunta más común en el partido mayoritario de la izquierda no sea la de transformar la realidad y, de paso, capear la crisis; sino ese insufrible "y tú, ¿de quién eres?", que muchos bailaron jovialmente con Los Chanclas pero que todos los ciudadanos, voten o no voten al PSOE, terminen sufriendo por su acostumbrado contagio a la gestión pública.

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