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Ya es oficial: somos pitufos

Rubalcaba tuvo que sentirse como el monje del cartel de la película ‘2012’, viendo la ola que se le venía.

el 24 nov 2011 / 22:12 h.

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La película 2012, de Roland Emmerich, es un corre que te pillo delirante que fantasea con el fin del mundo, que según la versión conspiranoide del calendario maya nos toca el año que viene antes de Navidad (y digo yo que habrá que pedir por adelantado los días de vacaciones que nos deba la empresa, ¿no?, sólo por si acaso). El caso es que el cartel de la cinta nos presenta a un monje budista que debe tener el cuerpo un poco cortado, porque se le viene encima una ola que está cubriendo la mismísima cordillera del Himalaya, ahí es nada, se ve que cuando llega el fin del mundo no repara ni en gastos ni en efectos especiales.

Una sensación como la del monje del cartel tuvo que tener el domingo el candidato del PSOE a la Presidencia, Alfredo Pérez Rubalcaba, cuando compareció, solo y ya bien entrada la noche, para certificar que viene una ola así de grande que va a acabar con el mundo socialista, al menos tal y como lo entendemos hasta ahora. Rubalcaba, como el monje, vio lo que se le venía encima pero no podía hacer nada, ni parar el golpe ni salir corriendo, todo era inútil porque la marea era imparable tal y como habían adelantado los mayas en sus encuestas. Sólo se equivocaron en una cosa: el cataclismo (socialista) se adelantó un año y pico pero, tal y como rezaba el cartel, "estábamos advertidos".

Esta inundación apocalíptica ha hecho tabla rasa para que surja un nuevo mundo en el que impera el color azul. Aquí en Sevilla tenemos más claro el resultado de este advenimiento, porque ahí están los Parasoles en la Encarnación para confirmar la profecía: somos pitufos, porque todo es azul, tenemos setas... y un Papá Pitufo barbudo como Dios manda que ahora nos va a decir lo que hay que hacer para hacer las cosas que hay que hacer. En la pitufa vida que empezamos nuestro Papá Pitufo todavía no sabe cuál va a ser su Gárgamel, porque ahora mismo la parroquia socialista está en la fase de recoger los trozos de lo que queda para ver quién se pone a pegarlos. El monje del cartel ha recibido apoyos, pero todavía no se sabe si tiene cuerpo para encargarse de la tarea.

Antes del inicio de la campaña electoral el candidato socialista por Sevilla, Alfonso Guerra, decía en una entrevista en este periódico que, pese a la imagen que se tiene, en realidad los políticos en España duran poco. Y se ponía él de ejemplo: de los 350 diputados del Congreso que dio forma a la Constitución en 1978 sólo queda él. El afán de renovación y de juventud, venía a decir, son dos factores sobrevalorados en la política española. Le faltó decir que empezando por el propio PSOE, una especie de Saturno devorando a sus muchos hijos: ningún candidato socialista repite como cabeza de lista en cuanto pierde sus primeras elecciones, ya sea porque él se quita del cartel (Felipe González, Joaquín Almunia, Luis Yáñez en Sevilla) o porque lo quitan a empujones, como le pasó a José Rodríguez de la Borbolla como aspirante a la Alcaldía hispalense.

Parece que la primera excepción a esta regla va camino de ser Juan Espadas, que tras el despiste inicial empieza a cogerle el tranquillo a la política municipal y está sentando las bases de una oposición seria y formal. ¿Logrará Rubalcaba vencer a la tradición de su partido para auparse a secretario general y así aspirar a una segunda oportunidad? La lógica dicta que debería ser así siempre que se imponga en un congreso que no esté teledirigido y en el que haya debate de verdad, pero el PSOE está con tal ataque de pánico que, si existiera, encarnaría ahora a Pitufo Ansioso. Sí, Rubalcaba perdió y fue una paliza, pero tres intentos le costó a José María Aznar y otros tres a Marino Rajoy, por no hablar de un Javier Arenas que va por la cuarta en Andalucía, si fuese socialista lo habrían amortizado hace por lo menos una década.

Sea lo que sea al final, el PSOE tiene que ver de una vez que el discurso del miedo ya no llega como antaño y que tiene que hacer autocrítica de verdad, asumir de una vez que se ha distanciado de gran parte de su electorado y analizar el porqué para buscar soluciones, en vez de lamentarse tanto. Es mejor resetear una vez, formateando incluso el disco duro, que estar reiniciando continuamente el ordenador, eso no es plan, y más con unas autonómicas a la vuelta de la esquina en las que va camino de formarse la misma ola. Uno de los pocos golpes de autoridad que le recuerdo a Rajoy fue tras las elecciones que perdió en 2008, cuando se plantó y dijo que seguía; puede que haya llegado el momento de que Rubalcaba (o el que sea) haga algo parecido. Eso sí, el que coja el mando que sea con el apoyo de verdad de los suyos, no en plan Borrell, porque de lo contrario a Papá Pitufo se le augura un largo reinado en Pitufilandia. Por cierto, me pido el papel de Pitufo Glotón, que me va mucho.

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