Feria de Abril

Esta gloria no es de este mundo

El termómetro subirá como nunca en la Feria. Pero nadie le pone mala cara al mercurio. La noche tuvo de todo, sus sevillanas, sus aglomeraciones y un apagón para crear expectación.

el 06 may 2014 / 00:34 h.

Feria de Abrtil 2014. / Foto: Pepo Herrera Feria de Abrtil 2014. / Foto: Pepo Herrera (FOTOGALERÍA. COMIENZA LA FERIA DE ABRIL 2014)   Hay tradiciones que ya, un lunes del alumbrao, comienzan a cumplirse. Son tradiciones tempraneras que no pueden fallar. De hacerlo, todo buen feriante entraría en pánico y hasta los visitantes se llevarían un regusto incompleto. La primera consiste en orquestar el primer gran atasco. Para comprobar que el operativo tiene agujeros nada mejor que aguardar a la noche del pescaíto, ponerse mirando al Aljarafe y clamar: ¡Pueblo, venid! Y el pueblo acude, y el pueblo se atasca. Y eran las nueve de la noche y las retenciones para acceder al parking de la feria fueron tan significativas como para que muchos copilotos pusieran las orejas coloradas a los próceres de tal organización a través de esas redes sociales en las que tan pronto se inventa un hashtag para el Viernes de Dolores, que otro para la Feria de Abril, y lo mismo un día de estos se monta uno específico para celebrar el hermanamiento de Sevilla con Kansas City (#puentedelindio, por dar ideas…). De tradiciones hablábamos. Vamos a por la segunda. ¿Qué es lo primero que uno piensa cuando divisa la Portada?: ¿Estará el rebujito un euro y medio más caro que el año anterior?, ¿seré capaz de tomarme dos vasitos de chufa y un coco y que todavía me quede saque para una garrapiñada? o ¿cuánto tiempo tardará el albero en adherirse a mis poros y confundirse con el Heno de Pravia en singular maridaje? Estamos seguros de que si las anteriores cuestiones son trascendentales, más lo es para quien aterriza por primera vez en el Real conocer cuál es la exacta ubicación de Gofres Belinda, ese simpar negocio móvil con cuyas viandas azucaradas acabar bien de almidonar los pimientos fritos y la tortilla de papas. Comienza la Feria de Abril 2014. / Foto: Pepo Herrera Comienza la Feria de Abril 2014. / Foto: Pepo Herrera Todavía queda una última cuestión: ¿Cuándo se irá la luz en la Feria, 45, 30 o 10 minutos antes del alumbrao? Ayer volvió a suceder. Pero ya el apagón es tuiteado hasta con cariño: «Que se vaya la luz en toda la feria en plena cena del pescaíto, ¡pero bueno, a vuestra salud!», escribía anoche @aleDerri en la red del pajarito tiznando de aceitito y grasita de acedía su iPhone. Los sevillanos cuando van a la Feria de Abril en Mayo están de una buena gente tan grande que hasta les da igual cenar con la luz apagada y acabar comiéndose la cabeza de una gamba del vecino, ese al que con tal de no saludar se tira por la escalera en lugar de por el ascensor y que, no se sabe cómo, en una noche como la de ayer, acaba uno compartiendo caparazón de crustáceo. Nada de acritud, ni una mala cara, ni un mal decir; los más es que ni se dieron cuenta de que, por más de media hora, el Real estaba más oscuro que el cuarto de las escobas de la Mansión del Terror. Porque «es que esta gloria no es de este mundo», como clamaba Alioli, un flamenkito (»ponlo con K eh», interpeló) de postín. Qué alegría, qué algarabía la que ayer tarde ya iba formando con su guitarra buscando la voluntad de algún guiri. Con sus esforzados acordes llenos de hondura se paseaba por entre las mesas de las buñueleras tan sólo confiando en que no hubiera ningún melómano muy enterado en esto del flamenco (sin K) capaz de perseguirle y buscarle hasta en la tercera planta del museo de la Torre del Oro, que ya es buscar. Comienza la Feria de Abril 2014. / Foto: Pepo Herrera Foto: Pepo Herrera Pero que no cunda el pánico. Que ayer sólo fue el prólogo y queda mucho por delante, muchas alegrías, muchos momentos de esos que marcarán una huella indeleble. «Papá, ¿hoy vamos a ir la calle del Infierno?». «No, hijo, eso el miércoles». El niño calló y puede que, hasta ciertamente, se conformara anoche con un algodón dulce. Pero el miércoles, ¡ay el miércoles!, ese papá que ayer andaba por Joselito el Gallo buscando el plácido confort de la caseta, vaticinaba, sabía en su foro interno, que el miércoles llegará. Y entonces, entonces… todos los choquitos y boquerones ingeridos hasta ese momento serán centrifugados con tal de acompañar a su sangre de su sangre en un viajecito en la ¿V?, ¿el aro?, ¿la nube?, ¿quizás el martillo? Gigantescos instrumentos de tortura que acostumbran a denominarse cacharritos. Como si acaso el látigo fuera lo mismo que el Enterprise (un juguetito en el que mejor montarse con un par de Omeprazol en el cuerpo). Disquisiciones aparte, lo que ayer verdaderamente preocupaba es que a las nueve de la noche hacía 30º grados. «¡Qué buena Feria vamos a tener!», era el comentario unánime. «¡Sí, muy agustito que vamos a estar!», añadía otro con migajón y medio de retintín. A los de las cocinas mejor no pegarles el micrófono, porque el modo cocción bajo la lona y al lado del perol no da para muchos eufemismos. Pero como el sevillano es meteorológicamente preocupón por naturaleza eran muchas las conversaciones que se mantuvieron ayer al respecto. Podían hacerse tres bandos; los de vamos a dejarlo como está, los de como siga la caló yo el viernes me voy a la playa y el punto intermedio (...y un poco pijales), quienes aseguraban que un buen chaparrón asienta el albero y viene fenomenal para aplacar las alergias. Los científicos de la Nasa tendrán que investigar algún día porqué aquí pasa tan rápido el tiempo. Ensimismados estábamos sopesando cuál de los tres planteamientos meteorológicos nos llenaba más y ¡zás! el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, ya estaba a punto de darle al botoncito. Si es que aquí se convierte en arte cualquier cosa. Con la imagen de unas cuantas miles de bombillitas encendiéndose somos capaces de dar la vuelta al mundo. «El día que descubran que los mejores compositores del Renacimiento nacieron en Sevilla abrimos el telediario de la BBC», sentenciaba un profesor de música, un poco a destiempo, bebiendo Nestea. ¿A quién se le ocurre beber té al limón en la Feria? Sólo así la mente puede jugar esas malas pasadas. Porque no era el momento. Porque no se puede pensar en más música que la que los Cantores de Híspalis hacen e hicieron anoche, porque por más sevillanas que unos y otros inventen, esas que llevan sonando 40 años nos siguen pareciendo las mejores, por más cenizas que sean algunas, por más adalides del divorcio que sean otras. Da igual, a dónde estaré Dios la próxima primavera... Comienza la Feria de Abril 2014. / Foto: Pepo Herrera Comienza la Feria de Abril 2014. / Foto: Pepo Herrera En la Feria no hay democracia musical. La hubo durante unos cuantos años pero ahora estamos empeñados en derrocarla. «Es mejor así, esto es la Feria de Abril, aquí lo que tienen que sonar son sevillanas y flamenco», opinaba un señor con pinta de pocos amigos en una conversación cazada al vuelo. ¿Flamenco? ¿Se imaginan ustedes un taranto de Antonio Chacón escuchado bajo los farolillos? Qué amargor. Casi tanto como el que debían estar sintiendo en sus pescuezos una alegre chavalería que, a horas del inicio de la Feria, ya se alicataba con licores mayores. La Policía les conminó a marcharse y aquellos se disolvieron pacíficamente. Porque en la Feria hay muchos lugares donde abrevar, muchas barras en las que saciar la sed. E infinitas botellitas de agua las que se van a consumir. Más que un domingo de agosto a las tres de la tarde en la calle Sierpes. «¿Usted conoce el manantial de Lanjarón?». «No, mire usted, no he estado». «Pues no va a haber agua allí suficiente para toda la que nos vamos a beber», interpelaba un espontáneo vendedor de botellitas de agua de manantial a un acaloradísimo cliente que, tras una primera toma de contacto con la Feria, y ante la perspectiva de tener que regresar andando al Charco de la Pava a por su coche, decidió calmar la ansiedad con agüita fresca. La última vez que se le vio… cuentan las crónicas, estaba por Pascual Márquez preguntando cuándo iban a arder las Fallas. Tal era su delirio. Auténtica historia de fantasmas ésta que les exponemos, más que nada por si ha pensado en ir en coche a la Feria. De nada. En el empeño de tomarle la temperatura a la Feria, anoche constatamos otra realidad. ¿Se acuerdan del pescrachito –por los escraches– de años anteriores, de las concentraciones ante las casetas con políticos dentro, de estar hablando de la crisis y de la tiesura general incluso antes de presentar el cartel oficial de las Fiestas de Primavera? Pues se ha acabado. O eso parece. Los brotes verdes son más endebles y milongueros que las palabras del ministro Montoro. Pero como que no hay ganas de seguir cantando ¡Ay, pena, penita, pena! Que penas hay, casi tantas como el año anterior, pero este cronista no fue capaz ayer de cazar una sola. La gente viene a la Feria con los euros contados, pero sin ganas de lamentar los que tuvieron que dejar en casa, dentro de la hucha. Que total, para un ratito, no nos vamos a amargar.

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