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“Yo no me dedico a especular, alquilé por necesidad y fue mi ruina”

José arrendó su piso y el inquilino le debe aún 2.500 euros que no confía en recuperar

el 30 jun 2013 / 21:09 h.

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destrozos casaJosé aún recuerda la “tranquilidad” que sintió el día en que su inquilino dejó su piso. “Menos mal que se fue, lo primero que hice fue cambiar la cerradura”, explica. Eso sí, detrás dejaba una roncha de 2.500 euros entre los tres meses de alquiler que no pagó y deudas de agua, luz y gas por las que José ha tenido que afrontar multas. “Los recibos le llegaban a él pero el contrato seguía a mi nombre y además cuando le cortaron la luz hizo un enganche ilegal a la de la escalera”, relata. En esos 2.500 euros no se incluyen “los destrozos que me dejó en puertas y ventanas, la vajilla que la dejó echa polvo o el parquet rallado”, relata. Es la otra cara de la moneda y defiende que cuando se habla del tema de la vivienda y los desahucios “no se puede generalizar”. “Si es un banco y el piso va a estar vacío y van a echar a una familia a la calle pues que se quede, pero luego hay mucho sirvengüenza, yo no soy un banco ni una empresa inmobiliaria, no me dedico a especular, yo alquilé por necesidad, me fui a vivir a casa de mis padres y el que se arruina soy yo, porque no sé si para él 2.500 euros es mucho o poco pero yo gano 1.200 euros y para mi economía es una ruina”, explica. José hizo a su inquilino, con pareja e hijos, un contrato de un año prorrogable. El precio del alquiler era de 700 euros mensuales. Su objetivo era cubrir con ello la hipoteca del piso, que compró cuando sus condiciones eran distintas y de la que durante una época no pudo hacerse cargo. “Entró en enero y en abril ya empezó a fallar, iba pagando pero a base de llamadas, siempre con promesas, o no pagaba y luego ingresaba dos meses de golpe, hasta que los últimos tres ya no los pagó”, relata. Ante esta situación, dos meses antes de que expirara el contrato, como marca la ley, le comunicó por escrito enviándole un burofax que no le iba a renovar el contrato de alquiler. “Me dijo que si se quedaba un año más me lo pagaba por adelantado pero yo no me fiaba”, recuerda. El arrendado llegó a reconocer “por escrito” su deuda, “pero hasta hoy”. Y José admite que a estas alturas da ya ese dinero por perdido y se conforma con que al menos abandonara de una vez por todas el piso. No lo ha denunciado porque “no me va a pagar, y meterme con abogados y eso al final no van a ser 2.500 euros, van a ser más”. Su gran miedo era que no dejara el piso pese al aviso. Es ahí donde apela a no generalizar cuando se habla de desahucios porque “la gente tiene mucha cara y es que llevas a una familia a la ruina”. De hecho, la deuda se fue desvelando poco a poco, ya que conocía lo que le debía de alquiler pero no sus trampas con los suministros. “El agua, por ejemplo, como el contador seguía a mi nombre, porque lo que se cambió fue la cuenta a la que pasaban los recibidos, las multas me han llegado a mí. Y lo de la luz también me enteré luego de que se la habían cortado y tenía hecho un enganche con la del bloque”, cuenta aún indignado pese a que ya ha pasado tiempo. Eso sin contar “cómo me dejó el piso”, algo que también descubrió a posteriori al volver a entrar en él y que ni siquiera aparece contabilizado en la deuda reconocida. Tras su marcha, los vecinos del bloque no han parado de contarle “historias” de “broncas, gritos..., una ventana de hecho la tiró a la calle”. En su caso tiene claro que “el tío es un sirvengüenza”. Recientemente se lo encontró cerca del piso en cuestión, en el que José ha vuelto a vivir no sin sacrificio, “bajándose de un Mercedes espectacular para tomarse una cerveza justo en el bar de abajo”. “Yo creo que eso es provocar. ¿Qué necesidad tiene? ¿no hay otro sitio? ¿será por bares? Es que parece recochineo, ¡que me debe 2.500 euros!”, rememora sin poder ocultar cierta impotencia. José reconoce que no fue capaz de decirle nada. “Él se hizo el loco y yo también, pero me entró una mala leche...”

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