Cultura

Zabell convierte Iniciarte en un laberinto de palabras

Desde su reciente apertura, el Espacio Iniciarte ya se ha hecho notar en el panorama del arte actual sevillano. Primero con la muestra de María Cañas, luego con el concierto de Alva Noto y con la inquietante exposición La casa de Hong Kong, del artista malagueño Simon Zabell.
Foto: Antonio Acedo.

el 14 sep 2009 / 23:49 h.

Desde su reciente apertura, el Espacio Iniciarte ya se ha hecho notar en el panorama del arte actual sevillano. Primero con la muestra de María Cañas, luego con el concierto de Alva Noto y con la inquietante exposición La casa de Hong Kong, del artista malagueño Simon Zabell.

La singular arquitectura del desacralizado templo de Santa Lucía permiten que cada exposición suponga una sorpresa, pues la forma de intervenir en el espacio es casi tan importante como el contenido del que se le dota. Ayer, y tras despedir las muy gráficas y explícitas video-instalaciones de María Cañas, otra expresión, de sesgo antagónico, tomaba las paredes y el suelo de Iniciarte. En La casa de Hong Kong, Simon Zabell (Málaga, 1970) se sirve de una obra literaria de vanguardia para abordarla desde las artes visuales.

"Quiero sugerir imágenes que se desprenden del contenido de un libro", explica el autor, en este caso La casa de citas, del francés Alain Robbe-Grillet, a quien ya ha dedicado sus dos exposiciones anteriores. "Me apasiona su obra, y me fascina poder releerla desde el punto de vista de la plástica", afirma el creador, quien con este proyecto ganó uno de los Premios Iniciarte de la Consejería de Cultura en el año 2006.

Explicaciones aparte, lo que Zabell propone al visitante es un recorrido que se inicia en la oscuridad de unas imágenes que sitúan al espectador en el papel de un lector de una novela que seguramente desconocía, para luego ser testigo de la conversión de las letras en la realidad de una habitación -el templo- que se torna en penumbra y llena de misteriosos óleos e instalaciones.

"Siempre me gusta hacer al espectador protagonista de algo, aunque sean cosas sin importancia", dijo ayer el pintor al respecto de una intervención plástica en la que las palabras flotan en el aire y se aferran a los objetos para dar testimonio literario de lo que allí sucedió en el pasado.

En este mundo de extrañamiento que propone Zabell, el mismo título de la muestra añade elementos equívocos. "Ni el escritor ni yo conocemos Hong Kong", confiesa. Aquí, el único hilo con Oriente lo pone el resplandor fluorescente que despiden las obras de la exposición y que recuerdan a los característicos neones. Se trata de un brillo que, por sus características, también podría formar parte de la iconografía de una misteriosa película de David Lynch. "Me interesa la escenografía, el espacio en el que se cuenta el arte", advierte el artista. Al final, unas frases en el suelo sintetizan lo narrado en este alucinógeno viaje por la críptica pero poderosa imaginación de Zabell.

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