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Zapatero confía a Rubalcaba el cambio de rumbo del Gobierno

El Ejecutivo, con cuatro caras nuevas, en un guiño a la izquierda y a la vieja guardia del PSOE.

el 20 oct 2010 / 20:25 h.

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El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, recibió ayer numerosas felicitaciones en el Congreso de los Diputados.

Esta vez sí. José Luis Rodríguez Zapatero sorprendió ayer con la remodelación más profunda del Gobierno desde su llegada al poder en 2004 y la tercera en lo que va de legislatura (1 de abril de 2008) con la entrada de cuatro nuevas caras y la supresión de dos ministerios. El jefe del Ejecutivo y secretario general del PSOE no sólo pilló con el pie cambiado a periodistas, analistas y ministros... también a la oposición; y, en particular, al PP. Ayer únicamente se esperaba el relevo en Trabajo por el regreso a la política catalana de Celestino Corbacho.

Más peso político para comunicar mejor la acción política del Ejecutivo y guiños a la izquierda ¬-con la incorporación de Valeriano Gómez al frente de Trabajo y Rosa Aguilar, de Medio Ambiente, Rural y Marino- y a los sindicatos son las principales lecturas que se desprenden del nuevo Gobierno que ayer dio a conocer el presidente. Un Gabinete que tiene como piedra angular a Alfredo Pérez Rubalcaba, el ministro mejor valorado por los ciudadanos, quien se rodea de destacados dirigentes de la etapa de Felipe González co-mo Ramón Jáuregui en Presidencia y Manuel Chaves, que se mantiene pese al acecho de la oposición como vicepresidente tercero.

Si el pasado 12 de mayo en apenas unos segundos Zapatero (casi) sentenció al PSOE al anunciar los mayores recortes sociales de la democracia asediado por los mercados, ayer el presidente quiso cambiar el rumbo del Gobierno con el retoque en ocho ministerios, tomar impulso ante las elecciones autonómicas y locales de 2011 y las generales de 2012, recuperar la iniciativa política y la confianza de un electorado desencantado con el PSOE en particular y los políticos en general. El líder socialista busca dar un vuelco a las encuestas, quedarse en el Palacio de la Moncloa, con él como inquilino o con otro dirigente del PSOE, eso el tiempo lo dirá.

Y para ello designó a Alfredo Pérez Rubalcaba como su hombre fuerte. El actual ministro del Interior suma a su cartera la Vicepresidencia primera y la Portavocía del Ejecutivo. En la democracia española ningún miembro de un Gabinete había asumido tanto poder, sólo Mariano Rajoy ejerció como titular de Interior y vicepresidente cuando en febrero de 2001 fue designado por José María Aznar para ambos puestos.

Este movimiento ha sido interpretado en clave sucesoria: el diputado por Cádiz ya es considerado el delfín del presidente en caso de que éste renuncie a la reelección. Una valoración que Rodríguez Zapatero (obviamente) eludió aunque destacó "las notables cualidades para la acción política" del veterano líder socialista.

La llegada desde el Europarlamento al Gobierno de Ramón Jáuregui al frente del Ministerio de Presidencia refuerza aún más el liderazgo de Rubalcaba. Políticos afines, expertos en la lucha contra el terrorismo, conocedores de la situación en Euskadi y próximos al PNV, vital ahora tras el acuerdo de estabilidad parlamentaria cerrado con los nacionalistas vascos, certifica la apuesta de Zapatero por abordar ya esta legislatura la desaparición de ETA después de 40 años de asesinatos en España.

El final de ETA no será el único propósito de este tándem. Ambos tienen encomendado los objetivos de aportar mayor fortaleza política -junto con las incorporaciones de Rosa Aguilar o Leire Pajín en el macroministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad- y mejorar la comunicación de la acción política del Gobierno, que aún tiene pendiente la aprobación de la reforma de las pensiones o la negociación colectiva para afrontar la recuperación económica definitiva y la creación de empleo.

Precisamente estas últimas son dos de las metas del nuevo ministro de Trabajo, Valeriano Gó-mez, un histórico miembro de UGT y crítico con la reforma laboral aprobada en solitario por el PSOE contra la que se manifestó el 29-S. Un claro guiño de Zapatero a los sindicatos, con los que ha mantenido una idílica paz social hasta el pasado mes de mayo, por recomponer el diálogo y la relación.

movilizar a la izquierda. Su llegada también se entiende como una concesión a la izquierda. Al igual que el aterrizaje de Rosa Aguilar procedente de la Consejería de Obras Públicas de la Junta de Andalucía. La dirigente cordobesa ocupará la cartera de Medio Ambiente, Rural y Marino apenas 18 meses después de que abandonara la Alcaldía de Córdoba, donde gobernó bajo las siglas de IU. La pretensión de Zapatero con estos dos refuerzos es recuperar la ilusión de los militantes de izquierda y las propias bases socialistas en plena espiral de pesimismo por la crisis económica y los cuatro millones de parados. En estos momentos las encuestas otorgan una ventaja al Partido Popular de Mariano Rajoy de entre 13 y 15 puntos.
Otro de los dirigentes llamados a acercar el partido a los más jóvenes es Leire Pajín, que deja la Secretaría de Organización del PSOE por Sanidad, aunque continuará en la dirección federal. Un cambio que además constata el fracaso de Pajín al frente de la dirección socialista. Marcelino Iglesias, presidente de Aragón y hombre próximo a José Blanco -vicesecretario general-, asumirá el reto de revitalizar un partido en sus horas bajas.

La llegada de la benjamina del Gabinete a Sanidad -asume también Igualdad- implica la salida de Trinidad Jiménez, que releva ahora a Miguel Ángel Moratinos en el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación, donde ya ejerció como secretaria de Estado para Iberoamérica.
perdedores y vencidos. Estos nombramientos vienen a reforzar a los llamados perdedores de las primarias en Madrid del 3 de octubre: Rubalcaba, Blanco y Jiménez escalan en el Gobierno y el partido. E implican el adiós de tres fieles: María Teresa Fernández de la Vega, Miguel Ángel Moratinos -que hace unas semanas declinó ser candidato a la Alcaldía de Córdoba- y Elena Espinosa. La única superviviente del Gobierno de 2004 es la vicepresidenta segunda y ministra de Economía y Hacienda, Elena Salgado.

Zapatero intentará cambiar el rumbo con el Ejecutivo más reducido desde 2004, al suprimir los Ministerios de Igualdad y Vivienda, aunque tanto Aído como Beatriz Corredor se mantienen en el poder como secretarias de Estado de Igualdad y Vivienda, respectivamente. El presidente además de perder la batalla de la reducción de los ministerios, también olvida la de la paridad: ocho hombres y siete mujeres conforman el nuevo Gobierno que tendrá que desafiar a la crisis, a las encuestas y al PP.

 


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