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Zapatero ofrece un acuerdo contra la crisis y Rajoy le invita a irse

Elena Salgado, Miguel Sebastián y José Blanco formarán la comisión que trabajará por el consenso con el resto de partidos.

el 17 feb 2010 / 11:15 h.

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"A veces pienso, señoría, que no estamos hablando del mismo país". Mariano Rajoy lo resumió bien. Una vez más, un debate en el Congreso -en esta ocasión, un monográfico sobre economía- quedó reducido a una lucha sin cuartel entre el presidente del PP y el jefe del Ejecutivo.

Donde José Luis Rodríguez Zapatero vio datos "que indican que la situación evoluciona lentamente hacia un menor deterioro", Rajoy observó "una penosa sensación de falta de rumbo, improvisación y desgobierno".

El presidente del Gobierno se esforzó por pintar un panorama económico que -dentro de lo desastroso- mejora. Utilizó datos objetivos. En primer lugar, recordó que, mientras la economía española registró un crecimiento negativo del -1,7% en el primer trimestre del pasado 2009, el año terminó con un -0,1% en el cuarto trimestre. Por otro lado, insistió en que la deuda pública española es más de 20 puntos inferior a la media europea, una "solvencia" que invitó a compartir: "Contribuyan a la confianza en España reconociendo la buena salud de nuestra deuda pública".

No obstante, a su inherente optimismo añadió un análisis algo más realista de la "dolorosa" coyuntura económica del país. Y lo hizo asumiendo las cifras del paro y el déficit. "En los dos últimos años se han perdido 1.800.000 puestos de trabajo", dijo, para luego reconocer que el paro es su "obsesión". El presidente asumió que el desempleo seguirá subiendo "moderadamente" en los próximos meses -de forma que España no volverá a crear empleo neto hasta finales de este año-. En su segundo turno de intervención insistió en que "no exime ninguna responsabilidad", pero señaló que España tiene un "problema estructural" que provoca que, desde 1977, cada vez que hay una "grave crisis" el paro suba el doble que en la Unión Europea.

Achacó dicho diferencial al "crecimiento excesivo" entre 1995 y 2005, si bien eludió culpar al PP, que gobernaba en la mayor parte de esa década, y se limitó a señalar que España ha construido el doble de viviendas que necesitaba en ese periodo, lo que ha generado el doble de empleos y el fuerte incremento actual de paro con la llegada de la crisis.

Junto al desempleo, el presidente habló del déficit y reconoció que, sea cuales sean sus causas, "no podemos mantener una cifra tan elevada". Contra estas dos lacras que hoy soporta la economía española, y después de recordar los compromisos más relevantes que ya ha asumido el Gobierno -la Ley de Economía Sostenible, el Plan de austeridad, el impulso al Diálogo Social y la reforma de la Seguridad Social- Zapatero puso fecha a algunas iniciativas más.

Así, el próximo 5 de marzo será aprobado el plan de lucha contra el fraude y la economía sumergida, mientras que el día 12 se dará el visto bueno a la Ley de Ciencia. El 31 del mismo mes recibirá luz verde el plan de racionalización de la Administración General del Estado. Y todo ello -añadió- "con el mayor acuerdo posible". "El Gobierno pide y ofrece el consenso, con su mejor voluntad, a todos los grupos de esta Cámara [...] Vamos a poner toda la carne en el asador", apostilló.

Grupo de diálogo. Para conseguir ese acuerdo, el presidente nombrará una comisión integrada por la vicepresidenta económica, Elena Salgado, el ministro de Industria, Miguel Sebastián y el ministro de Fomento, José Blanco -"los miembros del Gobierno directamente concernidos con las reformas"- quienes se encarguen de acercar posturas con el resto de los grupos parlamentarios. Y tendrán que hacerlo, dijo el presidente, en dos meses. Porque la recuperación urge.

Así las cosas, Rajoy nada se creyó. "Si todo está tan bien encarrilado, ¿por qué se acuerdan tanto de España en la UE? ¿Tendrá algo que ver con ese déficit gigantesco que ha creado usted en dos años?". Y así, hasta una veintena de preguntas retóricas con las que el líder popular demostró que no se ha movido ni un ápice de su postura de los últimos meses.

No aceptará la mano tendida del Gobierno a no ser que adopte alguna de sus condiciones, a saber:Que deshaga su política económica; que convoque elecciones anticipadas y deje gobernar al PP; que los propios socialistas impulsen su salida inmediata del Ejecutivo, utilizando su "mayoría legítima" en la Cámara para reconsiderar la decisión que un día tomaron de investirle. Ésta fue la propuesta que más sonrisas -a la vez que indignación- provocó en la bancada socialista, desde donde la calificaron de "exótica" y "surrealista". El rechazo de Rajoy a la mano tendida del Ejecutivo contrastó con la actitud del resto de los grupos que, en principio, comparten la necesidad de acuerdo.

El presidente del Gobierno fue bastante claro en su respuesta al líder de la oposición y le desafió a tener la "valentía y el coraje" de presentar una moción de censura. Tachó de "poco elegante" su petición a los socialistas y le recordó que ha tenido dos ocasiones de ocupar su puesto y ha fracasado. La contestación de Rajoy tampoco sorprendió:"Es la primera vez que un presidente del invoca al líder de la oposición a presentar una moción de censura y tendrá usted que explicar cuáles son las razones por las que lo hace, pero para tranquilizarle, si tuviera los votos y de mí dependiera, tenga usted la certeza que no estaría ahí sentado".

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