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Zoido contra Zoido

El alcalde afronta un año difícil compaginando su cargo con el de presidente del PP.

el 01 sep 2012 / 19:37 h.

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El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido.

El pasado lunes se produjo una situación que define bien cómo va a ser el curso político que se nos viene encima. Ese día, como a partir de ahora va a ocurrir en muchas ocasiones, Juan Ignacio Zoido se hizo dos fotos, una como presidente del PP andaluz y otra como alcalde de Sevilla.

La primera, con chaqueta y corbata, reunido con el presidente de los empresarios andaluces, Santiago Herrero, y la segunda en mangas de camisa visitando Triana junto a unos vecinos. Las dos imágenes se tomaron por la mañana, lo que fue posible gracias a que su acto como cargo orgánico fue en Sevilla, no en Almería o Jaén. Y eso que era lunes y no ha empezado la actividad parlamentaria en las Cinco Llagas, con lo que al menos por la tarde no tuvo que ponerse el traje de diputado andaluz.

¿Qué significa esto? Pues que para 2012-2013 la principal novedad en el panorama municipal en Sevilla la encontramos en el nuevo papel político de Zoido, una multitarea que ha asumido con el compromiso de que siempre antepondrá su función como regidor, pero que le obligará a multiplicarse. Curiosamente, el principal rival de Zoido es él mismo por el cuadro dibujado el pasado lunes: el Zoido de chaqueta le quita tiempo al que va en camisa, al que se patea los barrios y se abraza a los vecinos, y ese fue el que logró la mayor victoria en unas municipales en la historia de nuestra democracia.

Si en septiembre de 2011 el curso arrancó marcado por un frenético escenario electoral, con las generales y las autonómicas a la vuelta de la esquina, ahora lo que toca es confrontación, entre Gobierno y Junta, entre Junta y Ayuntamiento... En casi todas estas batallas está llamado a participar un Zoido que ya demostró que, cuando está en la oposición, mantiene el listón como si estuviéramos en una campaña electoral de cuatro años. Su dificultad añadida es que su forma de hacer política es muy personalista, como evidencia la zoidodependencia del PP de Sevilla, una situación que ahora se va a exportar al ámbito regional. El reto del PP sevillano es saber mantener el rumbo con un Zoido menos concentrado cuando le toque la batalla regional.

Con este telón de fondo nace el curso 2012-2013, en el que otra novedad es que no hay elecciones, precisamente uno de los argumentos que esgrimió allá por mayo el gobierno municipal para justificar los magros resultados de su primer año en el poder. No hay elecciones, pero el resto del cuadro se mantiene: un presupuesto muy hipotecado por los ajustes propios (con un espartano plan a una década) y los obligados por el Gobierno central, sin margen para endeudarse, con la recaudación por impuestos propios cayendo en picado y con las transferencias de otras administraciones bajo mínimos. Resumiendo, que hay muy poco dinero y se va en las cuestiones básicas que hacen posible el día a día.

Con telarañas en las arcas, una situación que no es exclusiva de Sevilla porque la sufren todas las administraciones, sea cual sea su signo político, Zoido se enfrenta al curso en el que debería poner en marcha los proyectos que marquen su mandato y su modelo de ciudad, el concepto que tanto se esgrimió durante las anteriores corporaciones y que desde el PP siempre han visto como una falacia. Dicho de otra manera, lo que no se arranque ahora va a ser prácticamente imposible que esté terminado en este mandato, que expira en 2015.

En cuanto a grandes proyectos, no es que no se apueste por ellos como opción política, literalmente es que no hay dinero. De la avalancha de compromisos incluidos en el programa electoral, el PP está cumpliendo el expediente con los más pequeños, y no precisamente con todos. En cuanto a iniciativas de calado a medio plazo, a lo más que se ha llegado es a garantizar un tramo de la SE-35 que permita abrir la segunda tienda de Ikea (unos kilómetros de carretera que hoy por hoy son la mayor inversión comprometida por el gobierno local) y a diseñar un plan de aparcamientos que ahora inicia su farragosa tramitación. Ninguno de estos dos proyectos estará terminado para el final del mandato. Y ningún otro de mediana enjundia.

Poco margen. ¿Qué margen tiene entonces el PP? Pues el de seguir vendiendo micropolítica y la normalidad como un éxito, volcarse en la gestión para que el mensaje de la eficiencia (uno de los argumentos que más se esgrime junto al de la austeridad) cale en la ciudad. Zoido ha hecho hasta ahora bandera de algo tan de perogrullo (pero tan olvidado en ocasiones en la anterior etapa) como es el cumplimiento de las ordenanzas municipales, porque además afectan a problemas cotidianos de los ciudadanos, cuestiones que no te dan votos pero sí te los quitan.

En esta línea han sido constantes, y seguirán siéndolo, cruzadas contra las infracciones de tráfico, las botellonas, la presencia de prostitutas, de chabolistas, de gorrillas... La idea se ha repetido machaconamente: mano dura. Poco importa que lo que se quita de una esquina se ponga en otra en el barrio de al lado, allí se reinicia el proceso y se vuelve a lanzar la misma operación de imagen con el mismo mensaje de que esto no se va a consentir. Cada actuación se publicita como una nueva batalla ganada, aunque muchas de estas guerras son difíciles de cerrar y nunca se hará sino se va más allá de la mera acción policial. Esta estrategia se reforzará a partir de octubre, cuando se incorporen más de un centenar de nuevos agentes a la Policía Local, algunos de los cuales se van a destinar a batallar contra los gorrillas.

Unos aparcacoches ilegales, por cierto, que el propio Juan Ignacio Zoido, cuando hizo balance de su primer año de gobierno, situó como su principal reto, por encima incluso del paro. El regidor alega ahora que el Ayuntamiento apenas tiene competencias para combatir el desempleo, lo que no le impidió usarlo como arma principalísima para arremeter contra el anterior gobierno municipal. Desde que llegó a la Alcaldía en junio de 2011 el paro se ha multiplicado exponencialmente, una situación fruto de una coyuntura nacional e internacional de la que por supuesto no se le puede culpar, pero sí se le puede achacar que la estructura municipal de escuelas taller y talleres de empleo esté paralizada. Lo mismo ocurre con la vivienda pública, la otra gran necesidad social, con un plan municipal reiteradamente anunciado pero del que se sigue sin tener noticias.

La otra gran pata para transmitir el mensaje de que todo está engrasado, de que Sevilla "funciona como un reloj", radica en la imagen de normalidad de los servicios municipales. Para ello ha sido fundamental una paz social labrada a fuerza de compromisos básicamente con Tussam, Lipasam, Bomberos y Policía Local. La principal amenaza en este campo viene ahora del exterior, de unas políticas de ajuste salarial y de condiciones laborales impuestas por los recortes del Gobierno central que, a lo largo de este curso, van a poner a prueba el frágil equilibrio que siempre se vive en estos servicios, que son básicos para construir la imagen de eficiencia tan perseguida por Zoido.

Y es que a partir de ahora todo lo que se haga y ocurra, para bien y para mal, ya es fruto de la gestión directa del actual gobierno municipal, sin posibilidad de esconderse. Cuando llegó al poder, Zoido pidió tiempo (que ya ha transcurrido, este comodín ya lo ha usado), lamentó la falta de recursos económicos (lo que no va a cambiar durante este mandato) y, sobre todo, culpó de todos los males e incumplimientos al anterior gobierno. El argumento de la famosa "herencia recibida" todavía se esgrime continuamente, pero ha llegado el momento de que deje de ser una excusa.

De todos modos, el Zoido presidente del PP puede que le quite fuerzas y tiempo al Zoido alcalde, pero también es un amigo. En la actual coyuntura política, durante el presente curso uno de los elementos clave para el gobierno municipal va a ser la denuncia del bloqueo institucional de la Junta a los planes de desarrollo de Sevilla, con el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU, cuya modificación es vital para algunos de los proyectos del PP) como principal caballo de batalla. Una batalla, como muchas otras que nos esperan en este periodo de confrontación, en la que los dos Zoido irán de la mano.

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