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Zoido: en busca de su propia herencia

El alcalde se enfrenta a su tercer año de mandato rastreando ese proyecto estrella que se le resiste y marque su gestión. Si no fructifica, siempre le quedará bajar los impuestos e incidir en la virtud de las pequeñas cosas.

el 31 ago 2013 / 23:30 h.

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Juan Ignacio Zoido, alcalde de Sevilla. Juan Ignacio Zoido, alcalde de Sevilla.

“Con la herencia recibida es imposible construir la Sevilla que queremos en dos años”. Con esa frase, que suena a echar balones fuera, el alcalde, Juan Ignacio Zoido, deslizaba que, una vez transcurridos sus dos primeros años al frente de la ciudad, no había logrado los propósitos que se planteó cuanto tomó el bastón de mando en junio de 2011. En el haber de su discurso enarboló el saneamiento de unas arcas bajo mínimos, pero se leía entrelíneas la desazón de que, cumplido el ecuador del mandato, no había cumplido las expectativas –muy exigentes y autoimpuestas por él mismo en campaña electoral– que había levantado entre los sevillanos.

Zoido no está conforme. Conocedor de que el discurso del lastre del anterior mandato no es eterno –sobre todo si se ha utilizado tantas veces– y que ese nivel de exigencia ciudadana se eleva conforme más tiempo lleve en el sillón, el líder del PP tiene en este curso político que arranca la necesidad de marcar su sello. Ya lo avanzó en la coletilla final de su discurso en el Debate del Estado de la Ciudad: “Lo mejor está por llegar y está más cerca de lo que todo el mundo pueda pensar”, dijo.

Llega el tercer año de Gobierno, última oportunidad para dejar impronta. No hay margen para un año más. Y eso lo sabe Zoido, que está buscando un proyecto que ni sea de viejo cuño, que ya explotó el año pasado anunciando el “desbloqueo” de iniciativas que ya habían encarado su recta final en el anterior mandato (nuevo Fibes, Muelle de Nueva York, túneles de Ronda Tamarguillo, etc.); ni que tampoco sea la de arreglar baches o limar la deuda. Entre las aspiraciones de Zoido no entraba, precisamente, ser el alcalde de la micropolítica, sino ser algo más en esta su primera andadura al frente de los designios de la ciudad.

El PP busca esa denominación de origen. Esa herencia que dejar a los sevillanos sin renunciar, es obvio, a continuar más allá de 2015. No es por falta de intentos, porque el alcalde se ha dedicado a presentar avances de proyectos de su puño y letra y, en su mayoría, al abrigo de la iniciativa privada. Pero, ¿llegarán a tiempo para verse al final de mandato o se quedarán enrocados en la maraña de trámites? No sería el primer caso. Ahí está la apertura de la segunda tienda de Ikea en San Nicolás Oeste, que iba a abrir en 2014 y que, por ahora, sigue su proceso de tramitación con una reprogramación de los plazos más allá de 2015. Aunque el alcalde anunciara nuevamente su desbloqueo el pasado julio. O el más reciente, el de los aparcamientos de El Cid y San Martín de Porres, que esta semana, por mor de la actual situación económica (crisis dixit) cuenta con interés de empresas pero sin oferta. O lo que es lo mismo, dilatar unos parkings que también se vendieron para 2015.

Si existe uno más avanzado es la puesta en marcha de la Zona Franca. Éste, al menos, tiene la autorización –-desde ayer sábado– por parte del Ministerio de Hacienda de Cristóbal Montoro. Ya hubo firma hace un mes, pero faltaba esa oficialidad para embarcarse en un proyecto cuyo desarrollo será una de las prioridades del Gobierno municipal. El alcalde, durante la firma del convenio, se aventuró a asegurar que la Zona Franca estaría para final de año, plazos que no ha vuelto a mencionar. Más bien rebajando su mensaje. De momento, la tarea municipal debe concentrarse en aprobar los estatutos del consorcio que gestionará la Zona Franca, hallar la forma de costear el vallado de las 72 hectáreas de terreno propiedad de la autoridad portuaria –saldrán de su bolsillo– y mitigar el enfado de Cádiz, cuya alcaldesa, Teófila Martínez, reprochó a su compañero de partido Juan Ignacio Zoido que le esté haciendo, por así decirlo, la competencia a la Zona Franca gaditana. Y entre todo este cóctel, está el de saber qué pasará con el dragado, clave para cautivar a empresas para que se instalen en la Zona Franca y la hagan rentable. Porque, hay que recordar, el PP ve en esta vía una posibilidad para la creación, según las cuentas que manejaban, de 20.000 empleos.

Y es que las políticas de empleo del Gobierno local seguirán, en este tercer año también, a la búsqueda de alianzas con la iniciativa privada. La revitalización del río –Paseo de las Artes– o el Museo de las Tradiciones Sevillanas son algunas de las actividades que se ha sacado de la chistera Zoido y que serán costeadas por empresas. Ahora están en información pública y, por tanto, en tramitación, pero en este curso político resurgirán al igual que otras muchas iniciativas que reposan en Urbanismo, como las modificaciones del PGOU, entre ellas las que tienen mayor confrontación con la Junta como el deseo del Ayuntamiento de dotar de uso comercial a la Gavidia o la construcción de aparcamientos rotatorios en el Centro, en especial en la Alameda.

Además de estos proyectos estrella, habrá que estar atentos al calendario de promesas del regidor hispalense. De las que hizo en campaña electoral ya están haciendo una profusa revisión la oposición. Tanto PSOE como IU llevan ya meses recordando todo lo que le queda por hacer y que figura en el programa que el PP presentó en las elecciones. Pero las promesas sobre las que habrá que hacer más hincapié son las que formuló en el Debate del Estado de la Ciudad del pasado julio. La fecha más inminente es este mes de septiembre, fecha que se comprometió a que se iniciaría el realojo de las primeras 96 familias de Los Pajaritos para iniciar la ansiada rehabilitación de viviendas del barrio. La clave está en el edificio puente, cuya obra se paralizó porque la empresa adjudicataria se declaró en concurso de acreedores. Este edificio estaba al 95 % y se esperaba inaugurar en septiembre, aunque en estos meses de verano tampoco se han producido muchos avances, al menos de cara al exterior.

Pero más allá de este paso, los sevillanos deberán estar atentos a cómo se articulará la que se convirtió en el anuncio más relevante del año y que, por cierto, más afecta a los bolsillos de los ciudadanos. El alcalde se comprometió a la rebaja “generalizada” de todos los impuestos municipales (IBI, IAE, ICIO...) en 2014 y después de dos años en los que desde el Consistorio no se ha bajado la presión fiscal. No hubo concreción alguna, ni cuánto bajará en euros ni el porcentaje. Sólo que el descenso situaría a la capital hispalense “en la media de la presión fiscal de las ciudades españolas”. ¿Es más o menos acentuada la bajada? Una incógnita que, si se cumplen los plazos que se dieron el año pasado, se desvelará en el mes de octubre con la presentación de las ordenanzas fiscales del Ayuntamiento para 2014.

A todo esto se desarrolla un nuevo frente de negociaciones-enfrentamientos entre la Junta y el Ayuntamiento. Empezando con un gesto tan sencillo como consensuar el nombre de quién relevará a Jesús Maeztu como comisionado del Plan para el Polígono Sur. Charlas ha habido, pero ha pasado un verano y un tiroteo en el que, además de la trágica muerta de una menor, ha puesto de relieve la necesidad de que hay mucho que trabajar para integrar al barrio, más allá de ceñirlo todo a cuestiones de seguridad ciudadana.

Tras ese primer frente, existen otros que ya forman parte de la historia de la ciudad: la Gavidia, las Atarazanas,... y la Ciudad de la Justicia. En este último, el alcalde hizo un movimiento en julio: anunció la finalización de un estudio donde aseguraba que era factible construir la nueva sede judicial en el Prado de San Sebastián. Espacio hay, aunque incluyendo en la letra pequeña que también cuenta con una superficie que no es propiedad municipal, sino precisamente de la Junta de Andalucía. Con ello, la pelota está otra vez en el techo de la Administración regional en un partido que se hace interminable. Y no cabe duda de que reproches entre Junta y Ayuntamiento habrá en este nuevo curso político.

Y frente a todos estos proyectos escritos en mayúsculas, está la cortapisa de la disponibilidad económica. Un Ayuntamiento sometido a un plan de ajuste a 10 años vistas –ahora ya menos de nueve–, que limita la acción de gobierno a la mínima expresión. Si no hay margen para invertir y las empresas no se mojan, ¿qué quedaría? Pues seguir con la micropolítica, insistir en el mensaje de que se está trabajando “con responsabilidad, austeridad y eficiencia” y enarbolar su trabajo continuo para erradicar problemas que aún sigue enraizados en la ciudad como las botellonas, la presencia de prostitución, gorrillas y chabolistas. A esos frentes se ha sumado incluso una nueva moda, la del vandalismo contra el patrimonio, que todavía no ha podido atajar la actual corporación. ¿Sería esta suficiente herencia para Zoido? ¿Y para los sevillanos? El tiempo lo dirá.

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