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Zoido, y el cambio de ciclo político

Dos hitos marcaron el año, el 22-M y el 20-N, pero por encima de todo hay una cifra que sigue creciendo: 82.519 parados

el 30 dic 2011 / 20:46 h.

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Alfredo Sánchez Monteseirín junto a Juan Ignacio Zoido durante el traspaso de poderes.

Si dos fechas, el 22-M y el 20-N sirven como referentes para evaluar un año en el que se ha materializado un cambio profundo de ciclo político en Sevilla personificado en la figura del alcalde de Sevilla con una victoria más rotunda de las últimas décadas; hay una cifra que debe de quedar subrayada en cualquier balance: 82.519. El último registro de desempleados en la ciudad de Sevilla correspondiente al mes de noviembre. Nada se puede o al menos se debe interpretar obviando este dato, según el que se juzga cualquier paso que dé un partido en el gobierno o en la oposición, un sector económico o cualquier entidad de la ciudad. Una cifra que no ha cesado de aumentar y que ha llevado a que 2011 se cierre con más de 3.700 personas que han agotado todas sus prestaciones y recursos.

Es este escenario de crisis y de instituciones sin capacidad para reaccionar y frenar la sangría de empleos, el que dio el impulso definitivo a la ‘marea azul' que invadió el mapa nacional el pasado 22 de mayo y que tuvo uno de los puntos más simbólicos en Sevilla. Alfredo Sánchez Monteseirín, quien llevababa ya meses preparándose para abandonar la Plaza Nueva por la única puerta que tenía disponible, la de atrás, empezó el año como acabó el anterior: dirigiendo un gobierno provisional que no respondía a las demandas y necesidades de una sociedad en crisis. El gobierno de PSOE e IU llegó al mes de mayo debilitado tanto por errores de gestión que ensombrecieron los avances que se habían producido en la ciudad como por un caso, Mercasevilla -el mayor escándalo que se ha producido en Andalucía y que ha puesto en jaque a todo el Gobierno andaluz-, que siguió creciendo en el arranque del año, con las imputaciones poco antes de las elecciones del que era primer teniente de alcalde y candidato de IU, Antonio Rodrigo Torrijos, o del entonces gerente de Urbanismo, Miguel Ángel Millán, incluidas.

Y si estas circunstancias debilitaron a una IU que no consiguió hacer valer su gestión pese a apostar por un discurso y una lista continuista, y que se quedó con sólo dos concejales; en el caso del PSOE, la toma de relevo, que se empezó a materializar allá por enero, no funcionó. Y Juan Espadas, el exconsejero de Vivienda que dio un paso al frente para asumir un reto complejo desde el inicio, acabó el 22 de mayo sufriendo la mayor derrota del PSOE en la ciudad. Tendencia que, pese a aliviarse, no se enmendó del todo el 20-N: las primeras elecciones generales en las que los socialistas fueron derrotados en las urnas de la capital.

Fueron los dos hitos del cambio de ciclo. Y al margen de factores internos, o coyunturales -como la crisis- una de las grandes explicaciones se encuentra en la figura de Juan Ignacio Zoido, el alcalde que personifica un cambio de ciclo político hasta el punto de ser el nuevo referente del municipalismo -como presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias- y uno de los emblemas del nuevo PP ante la cita clave de marzo de 2012: las elecciones autonómicas.

A Zoido le aupó un trabajo en los barrios de más de cuatro años y un discurso basado en la idea general de cambio que convenció a más de 160.000 personas el 22-M cuando se desbordaron todas las previsiones. Se abrió así una nueva etapa en Plaza Nueva marcada por las altas expectativas creadas en la población y en la que, al margen de pequeñas medidas correctoras, y de derogaciones, aún no se pueden marcar grandes hitos. No sólo porque sea pronto, sino porque el lastre económico sigue siendo demasiado grande y porque al PP le sigue costando materializar el descenso de las ideas generales a las iniciativas concretas.

Zoido ha conseguido recortar gastos desmesurados -aunque no lo suficiente- y cumplir su objetivo de atraer grandes eventos como la Copa Davis. Pero se ha enredado en derogaciones sin alternativas de proyectos del anterior gobierno -el Plan Centro es el gran emblema- y en anuncios de cambios del PGOU para atraer inversores en los que ha acabado echando el freno.

Sevilla capital ha pasado así en este año de ser uno de los pocos núcleos urbanos en los que el PSOE seguía defendiéndose pese a sus sucesivas pérdidas en las grandes capitales, a ser, el emblema del nuevo ciclo popular. Y esto ha abierto un nuevo escenario en las relaciones con la Junta que durante los primeros seis meses de gobierno no ha conseguido asentarse, circunstancia que no ocurrirá hasta marzo, cuando el PP se enfrenta a su tercera y definitiva cita electoral.

El alcalde dejó clara su línea de actuación con la carta que le remitió al presidente de la Junta, José Antonio Griñán, arremetiendo contra su gestión y enumerando un largo listado de reivindicaciones. Y la Junta ha puesto de su parte con los vaivenes de la ampliación de las líneas de Metro o la Ciudad de la Justicia, proyectos que acabaran el año, otro más, sin concretarse.

Pero más allá del conflicto político, el parón de estos y otros muchos proyectos es fruto de un crítico escenario económico que ha dejado a las administraciones sin margen. Se acabó la era de las grandes inversiones y retos. 2011 ha abierto este nuevo periodo. 2012 seguirá esta misma senda.

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