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In fraganti

Las estafas más sonadas en Sevilla para financiar tratamientos médicos

Los peores engaños son los que se sustancian para financiar supuestos tratamientos de enfermedades en niños cuyos padres apelan a la fibra sensible

Juan-Carlos Arias jcdetective /
16 mar 2019 / 08:00 h - Actualizado: 16 mar 2019 / 08:00 h.
  • Página en Facebook pidiendo donativos. / El Correo
    Página en Facebook pidiendo donativos. / El Correo

El siglo XXI, en materia de estafas y timos, no hace ascos a sus predecesores. Los peores engaños son los que se sustancian para financiar supuestos tratamientos de enfermedades en niños cuyos padres apelan a esa fibra sensible que, todos y todas, tenemos a flor de piel.

En la España de la curtida picaresca los padres de Nadia Nerea ganaron millones de euros. La tajada se consumó sobre una patología rara, al parecer incurable y mortal –Tricotiodistrofia- que padecía la menor. Sus ‘avispados’ progenitores sobreactuaron indicando que su hija moriría de no aplicárseles carísimos tratamientos. Pulsaron el corazón de miles de donantes bienintencionados. La Justicia, felizmente, puso a recaudo a estos sujetos mientras la niña vive colea y mira al futuro.

Nos preguntamos en este y tantos casos idénticos, que basculan con idénticos argumentos humanitarios, el papel que juegan las redes sociales en difundir temas ‘fake’, es decir, que no son verdad. Facebook merece comentario. Esta red social no filtra material gráfico que se usurpa. Su pasividad es clamorosa. Y afecta a derechos de personas vulnerables.

Facebook presenta imágenes descorazonadoras de niños enfermos o discapacitados. El ‘samaritano’ de turno declara que el/la menor padece un mal que horripila. Anuncia, para ablandar corazones que Facebook donará dinero a cambio de interactuar. El ‘me gusta’ (like), comentario o compartir -por ese orden- hacen que las donaciones suban.

El último caso ‘sevillano’

En los ochenta hubo un caso que recabó la solidaridad de toda Sevilla. Organizó conciertos, tómbolas, recaudaciones... Hasta llenó un campo de fútbol con entregados jugadores y equipos por la causa. No era otra que salvar de la muerte segura a un niño operándolo en América.

La millonada recogida, entonces en pesetas, sirvió para financiar gastos previos de estudios clínicos, billetes de avión, estancia hospitalaria y un largo etcétera. Pero el niño murió antes de aterrizar al otro lado del charco. Y el dinero que no se gastó, que no fue poco, se disputó entre quienes creían que no deberían devolverlo, sin salir del círculo familiar del desafortunado menor. La historia hurtó un digno epílogo a quienes donaron su tiempo, dinero y proyectaron su buena fe.

En 2018 conocimos que la Fiscalía de Familia y Protección de Menores denunció a una mujer por presunta estafa al pedir ayuda económica para el tratamiento médico de su hija, aunque está permanecía atendida gratuitamente por la sanidad que pagamos todos. El Ministerio Público detectó gastos de las donaciones percibidas en ropa, restaurantes y juego online. O sea, lejos al remedio de la grave enfermedad de la menor.

La Fiscalía sevillana, el pasado Junio difundió un comunicado para ‘evitar la persistencia del delito’ a través de la página de Facebook www.facebook.com/donate/230352067526386 en la que la denunciada estaba recabando ayuda económica. La página informa que las donaciones ’han concluido’ quizás cuando se publicó la denuncia de la Fiscalía.

La niña está siendo atendida en los servicios pediátricos especializados del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, donde intentan proteger el sistema inmunológico de la niña. Su íntegro tratamiento no supone un desembolso económico pese a que la progenitora de la menor habría logrado ingresos por 13.277,82 euros canalizados por la solidaridad que ha generado su llamada vía Facebook.

Una investigación de la Fiscalía, sustentada en sesudas investigaciones policiales en varias entidades financieras, ha revelado que la madre de la menor se ha gastado nada menos que 10.293 euros en ‘todo tipo de compras de ropa, alimentación, restaurantes, incluso juegos de azar y bingo a través de Internet’.

Por éstas poderosas razones la Fiscalía cree que ‘existen indicios de que las cantidades recibidas no se están destinando a la atención de la referida menor sino a la atención de gastos corrientes de la familia’. Esto pudiera ser constitutivo de un delito de estafa.

Las entendedoras populares piensan casi seguro que la conducta de la niña que cobra de lo que no pagará jamás animando al personal a que colabore en remediar una enfermedad que se cura gracias a los impuestos de quienes también donan sumas piensa otra cosa.


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