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In fraganti

Tres bodas, ningún funeral (por el momento)

Algunas historias personales que suceden en la Sevilla heredera de la picaresca medieval parecen increíbles.

Juan-Carlos Arias jcdetective /
25 may 2019 / 11:52 h - Actualizado: 25 may 2019 / 11:56 h.
  • Tres bodas, ningún funeral (por el momento)

Algunas historias personales que suceden en la Sevilla heredera de la picaresca medieval parecen increíbles. De guión fílmico. ‘In fraganti’ las relatará, a partes iguales, las que protagonizan hombres y mujeres. Si bien no operan fechorías con violencia o sangre o encuadradas en conductas previstas por el Código Penal, sí destapan trucos y trampas.

Todos se encaminan a lograr ventajas en herencias o divorcios fundamentalmente. Los actores suelen desarrollar un ingenio que traspasa cualquier maldad en su peor variable. Hoy toca el relato de un caso que parece de película pero sucedió en realidad. Para evitar conflictos de derechos se disfrazarán datos que pudieran vulnerar intimidades y honras.

La bella opositora casada

Azucena es una inteligente dama que sumaba un poderío físico notable. Desde tiempos del Instituto no carecía de amigos que querían intimar con tanta belleza, simpatía y ese imán que tiene toda mujer que pisa fuerte. Ella se propuso sacar tajada de todo ello y decidió estudiar derecho en la universidad para obtener plataforma desde la que pudiera vivir sin trabajar.

Como sus ‘novios’ se turnaban ante las respuestas del espejo donde se miraba coqueta y altiva e íntimas amigas, eligió concentrar su vida en pareja con alguien que le resolviera su futuro económico, ya que por herencia no pillaría nada relevante.

Azucena era una flor bella, pero hija de la familia numerosa de un boticario de pueblo. Sus hermanos mayores terminaron farmacia. Por esto, la visión de Azucena era ‘ir por libre’ para resolver sus planes favorablemente. Eligió opositar tras terminar derecho.

En la academia donde se preparaba conoció a su primer objetivo de altar. Azucena se aseguró, tras los primeros escarceos, que tenía patrimonio personal, familiar además de ser rico heredero. Con cerca de treinta años y sin aprobar nada en las oposiciones que decía ‘preparar’ logró quedarse embarazada y convocar una celebración de boda multitudinaria.

El feliz esposo había logrado a priori que su familia le cediera una casa unifamiliar, con jardín, piscina, vecindario VIP. Ella en el palacete privado sólo puso su cuerpo serrano. El entregado esposo, con sus primeros sueldos de técnico de la administración, sufragó infinitas reformas de la casa al hilo del capricho y del día del mes que éste saliera de su esposa.

Con el nacimiento de un segundo hijo, Azucena se hizo más caprichosa. Más insoportable. Más prepotente. Amenazaba a su esposo con divorcio pues los pretendientes no le hacían ascos a sus continuas infidelidades. Todo lo tenía calculado Azucena. Sus exigencias económicas para con sus hijos también subieron.

Del primer marido de Azucena mejor hacer rápida foto. Es el típico ’pijo’ al que gusta lucir una mujer-florero con nivel cultural. Azucena daba el tipo. Y ‘Borja’, llamaremos así al primario sujeto, además tenía tipo, era cazador, rociero, cofrade, sevillista, feriante. No le faltaba un perejil al individuo. Su ‘sevillanismo’, el que acuñó Chaves Nogales, era total.

Pues Borja no sabía que a la Mantis Religiosa que tenía por esposa le fijó fecha de canibalismo. Fue devorado por Azucena en un divorcio sentenciado a favor de Azucena en la parte residencial (ocupaba el antiguo hogar conyugal), económica (logró elevadas pensiones por sus dos hijos y para ella por el ‘desequilibrio’ que le supuso la ruptura) y moral (Azucena difundió la especie que Borja no ‘estaba a la altura’ de ella).

El segundo pagador

Liberada ya Azucena de Borja y con dos hijos encarrilados en su formación, ella decide frecuentar gimnasios de VIPs donde pastorear su belleza. La Mantis, sólo empleada de tareas domésticas por las que pagaba a una interna su ex marido, cazaba lo que quería, donde y cuando lo deseaba. Muchos amantes conocieron su alcoba de divorciada.

El que fuera segundo marido de Azucena era un adinerado profesional recién divorciado que quería presumir de su capacidad de rehacerse con nueva pareja superguay chachi-piruli. Azucena era ideal, además aportaba alojamiento en casa de ricachones por la que aquel tipo pagaría un sueldazo a Azucena. Lo que le pagaba su primer marido ya no alcanzaban el pago de sus nuevos caprichos: ropa, cosmética, viajes....

Aquel tipo, Curro para más señas, se las prometía hasta que Azucena decidió librar de él pero cobrando. Recién aprobada la necesaria Ley contra la violencia de Género Azucena denunció una agresión digna de Torrente, o Mortadelo y Filemón. Azucena ya conocía los patrulleros, comisarías, juzgados y consultas de psiquiatra pues su primer marido se resistió ante los golazos que le metió la madre de sus dos hijos.

Curro no sabía que Azucena llevaba apenas dos años con él pero se cansó de lo poco que le aportaba aquel pobre Curro. Aplicó algo popular entre angloparlantes ‘if no money, no honey’ (si no hay dinero, no hay miel).

Una noche cualquiera, Curro se encontró con una Azucena desconocida, sobresaltada, excitada y faltona. Ella le insultaba sin venir a cuento. Tiras y aflojas en la primera planta de la casa acabaron con Curro vistiéndose para irse de la habitación y abandonar la vivienda. Cuando iniciaba el descenso por la escalera fue empujado por Azucena. Dio varias vueltas hasta que acabó abajo sangrando y sin conocimiento.

Ella llamó después al 091 denunciando que había sido agredida por su pareja en la vivienda y que fruto de la misma su marido pretendía huir. El dispositivo policial fue efectivo. En menos de 5 minutos se personaron dos coches policiales. Cuando franquearon la puerta el panorama era paradójico: el supuesto agresor malherida y la agredida vestida con un camisón, maquillada y afable con los agentes.

La pareja de policías que entró primero en la casa se miraba sorprendida. Lo denunciado no se correspondía con lo que veían. Una ambulancia recogió a Curro. Antes de enfilar el hospital un policía le anticipó que su atestado no le perjudicaría por los increíbles de la denuncia. El juzgado archivó la denuncia, que ni siquiera ratificó Azcucena.

El tercero, vencedor-vencido

La que antaño fue bella opositora ya es curtida cazafortunas con desigual éxito. Sus dos hijos tienen problemas de toda clase: con su padre, su madre, familaires, compañeros escolares.... Sufren a una madre que no pasa desapercibida. Su alineación maternal tuvo éxtasis pero se enfrió cuando ella los agredió y temieron por su integridad. La Mantis no sólo la emprendía contra sus amantes.

Una tercer lila apareció en la vida de una Azucena que ya juega enligas inferiores. Sus mallas de gimnasio ya están en un cuerpo curtido por el tiempo. Jaime tenía dudas tras un matrimonio tormentoso pero decidió meterse en la cama una temporada con Azucena. Él creía en las segundas oportunidades para el amor y la convivencia. Ella estaba en lo suyo: dinero y mente inundada de maldades.

Jaime quería reemprender el éxito en la pareja tras fracasar antes. Azucena ponía de su parte pero ya estaba alicortada de argumentos e ingenio. El hombre se hacía insolvente para pagar lo que debía a hijos y ex mujer por el divorcio. Azucena cobraba lo que aquel tipejo no pagaba a quien debía.

Aquel hombre acabó arruinado de su ‘dinero negro’ pues los caprichos de Azucena-Mantis iban proporcionales a las demandas judiciales de la antigua mujer de Jaime, que logró situar cada uno de sus engaños. Jaime y Azucena, tras apenas dos años de vida en común, han terminado fatal. Como cabe imaginar.

Él no ha podido superar los ingresos que le demanda convivir con Azucena y ella pretende vivir del cuento sin trabajar a sus casi sesenta años con un panorama desolador. Sus hijos, al hacerse independientes, se alejaron del hogar y se acercaron a su padre. Azucena fue desahuciada ipso-facto de la casa donde su promiscuidad tuvo época de dividendos.

Azucena nunca lo reconocerá, pero se ha intentado suicidar dos veces. En sendas ocasiones ha tenido la fortuna de contar con un ángel que le conservó la vida en el último minuto. Se mira al espejo y nadie le responde ya si es guapa o es capaz de cazar nuevas presas. Sus mejores amigas desertaron años atrás. El funeral de Azucena espera, pero le falta poco.


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