domingo, 15 septiembre 2019
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La ínsula de la nietísima

06 jul 2018 / 20:55 h - Actualizado: 12 jul 2018 / 17:26 h.

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Cervantes cuenta, con su magistral prosa, como Don Quijote aconsejaba a su amigo Sancho cuando éste iba a ser nombrado gobernador de la Ínsula Barataria para que entre otros, no se creyese merecedor de la gobernación que se le concedía, ya dicha concesión se le otorgaba por pura suerte y por la grandeza de la caballería andante.

En esta España de adargas antiguas, rocines flacos, galgos corredores, corruptos y desmemoriados, el exministro de Justicia Rafael Catalá dejaba hecho los deberes antes de que la moción de censura terminase con el Partido Popular fuera del Gobierno, y nombraba gobernadora de la ínsula Barataria franquista a la nietísima del dictador. Dejaba firmada la sucesión del Ducado de Franco, titulo concedido por el Rey Juan Carlos I en noviembre de 1975 a Carmen Polo, madre de la ahora duquesa, tras la muerte de su padre, con el añadido además de ser miembro de una grandeza de España, últimamente tan llena de gente mediocre.

Un ducado doloroso si nos atenemos a la responsabilidad de la memoria histórica, asido a un apellido aferrado a la cruz más grande de Europa, erigida como baluarte de la falta de conciencia moral de todo un país y a cuyas plantas descansa enterrado el dictador en diferencia de los miles de españoles malenterrados en fosas comunes y cunetas.

Lo dice maravillosamente Manuel Jabois, «qué metáfora de los Franco querer quedarse con el título y no con el cadáver...» quijotesco todo, sin menospreciar con ello a Don Miguel de Cervantes, el verdadero grande de España por méritos propios.


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