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«La mala follá creo que es nazarí»

Hay un Narnia con acento granadino, una Tierra Media musulmana. Un homenaje al lugar donde su autor, experto nadador contra la corriente, piensa morir y a las viejas aventuras que lo parieron como lector. Todo está en una novela: ‘El secreto de Wadi-as’

h - Actualizado: 27 may 2018 / 12:22 h.
  • José María Espinar con un ejemplar de su novela ‘El secreto de Wadi-as’. / El Correo
    José María Espinar con un ejemplar de su novela ‘El secreto de Wadi-as’. / El Correo

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Profesor universitario, mago, boxeador, escritor y aficionado al gin-tonic. Estas son las palabras que José María Espinar (Granada, 1974) acepta como síntesis de su persona. «Y apasionado de los toros», añade, por si no hubiese quedado clara su rebeldía. Ahora oficia más de marido y padre, una tarea tan absorbente que le atribuye «ansias imperialistas». Exitoso autor de novela negra (El peso del alma se llevó el reputado premio de Getafe), se lanza ahora a honrar a su tierra con El secreto de Wadi-as, que es una percha histórica de la que cuelga su fantasía desbordada y en la que coloca el apellido del personaje literario que le dio renombre: Vértebra. Promete invitar a una cena a quien quede defraudado con su lectura a la altura del quinto capítulo.

—De entre todas esas características citadas, ¿qué tal le va la de escritor?

—Es la sensación de estar soñando despierto. Porque ser escritor es una necesidad irrenunciable de comunicarme con los demás.

—¿Por eso lo hace?

—Sí. Desde la soledad más absoluta, porque tiene que ser una soledad radical, para que mi imaginación no se asuste y salga a la luz, lo que busco es comunicarme. Tender redes, sobre todo a los desconocidos, a aquellos que no me son cercanos.

—¿Frecuenta esos sanedrines en los que dicen que hay que estar para triunfar?

—No. El año pasado me pasé por casi todos los saraos de género negro de España. Y tomé la firma decisión de no volver a ninguno que no me ofrezca club de lectura. Es decir, ya solo voy a tomar contacto con la realidad literaria a través de ese filtro que para mí es esencial. Lo demás no me aporta ya nada.

—¿Por qué?

—Porque al final es una competición para medirse los penes entre los varones, para intentar venderse como un producto a los editores; porque al final parece que es como una carrera de medio recorrido en la que priman los intereses personales. No me ha llenado la experiencia tanto como esperaba. Y como ya peino canas, me voy a quitar esos disgustos.

—¿Por qué saltar del género negro, donde tan bien le iba, a la novela histórica?

—Sobre todo, porque amo Guadix, ya que he crecido física y emocionalmente en Granada, allí nací y allí moriré. No tengo acento pero me queda la mala follá. Y llegó un momento en que yo sabía que le debía algo. Y el marco del género histórico era la forma en que mejor podía canalizar todo. Es una hemorragia de imaginación, una novela que convierte Guadix en parajes mitológicos.

—Por cierto, ¿la mala follá es nazarí o castellana?

—Yo creo que nazarí, porque la veo constantemente en mi santa madre, a la que venero, je, je, je.

—Pero estaba usted hablando de Guadix...

—Sí. La zona la he convertido a partir de los sueños que tenía de pequeño en mi propia Tierra Media, en mi Narnia, y el encuadre histórico ha sido la apuesta personal para hacer reconocibles esos parajes y ese entorno en nuestra historia para que los lectores no se sintieran demasiado alejados. El marco histórico es una especie de cebo para acercar mi fantasía.

—Mantiene al personaje de Vértebra.

—Es una imposición que ha salido sola, por generación espontánea. Ya que voy a escribir sobre ficciones, pues que haya un cordón umbilical que una todos los relatos, todas las narraciones que haga a lo largo de mi vida, y sean vasos comunicantes unas de otras.

—¿Le importa mucho que el libro se venda?

—Pues sí. Porque cuando dejas tanto de ti, cuando te dejas el pellejo, quieres una recompensa. No te voy a mentir. Lo iba a hacer, pero no lo hago.

—Cada día salen al mercado trillones de libros. ¿Por qué habría que leer este?

—Porque es una conspiración hacia la aventura. Porque El secreto de Wadi-as va a permitir a los lectores abandonar la triste y gris realidad que nos envuelve y sumergirse en un mundo apasionante. Confío mucho en el anzuelo. Va a atrapar. Se lee con los ojos muy abiertos y el corazón acelerado.

—¿Qué recuperaría de aquella época, 1498?

—El sentido profundo del honor. Había una conciencia de no defraudarse a uno mismo porque había unas leyes sagradas que respetar. Había que ser digno, demostrar que uno valía. El valor reportaba dignidad. En los dos bandos. Lo que pasa es que estamos en un momento de la historia en que todo esto viene adornado con grandes dosis de violencia.

—Entonces, ¿los cristianos eran unos piojosos incultos y los moros eran el refinamiento con patas? ¿O es solo parte del complejo?

—Vivimos en una sociedad preocupantemente inmadura que se mueve a base de dogmas. Los dogmas son fáciles de creer pero difíciles de demostrar. Esos dogmas, en una sociedad inmadura, se transforman en un mantra. España vive una tragedia, porque tiene una derecha que cree que España es propiedad suya y que como le pertenece puede hacer lo que quiera y una izquierda que no tiene el sentimiento de pertenecer a algo más grande que unas ideas absolutamente cerradas.


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