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75 años de Aguas en Dos de Mayo

Para conmemorar el 75 aniversario de la hechura del crucificado, la Municipal de Mairena del Alcor interpretó su marcha a la salida

26 mar 2018 / 23:53 h - Actualizado: 27 mar 2018 / 00:05 h.
  • El paso de palio de la Virgen de Guadalupe reflejándose en un espejo retrovisor de la calle. / Fotos: Diego Arenas
    El paso de palio de la Virgen de Guadalupe reflejándose en un espejo retrovisor de la calle. / Fotos: Diego Arenas
  • El Cristo de las Aguas cumple el 75 aniversario de su hechura.
    El Cristo de las Aguas cumple el 75 aniversario de su hechura.

En Las Aguas estaban de celebración este día tan especial. El portentoso crucificado, que lleva el inconfundible sello de Antonio Illanes, cumple el 75 aniversario de su hechura. 75 años repartiendo misericordia desde un rincón del barrio del Arenal, que ayer se engalanó para recibir al Señor de las Aguas y la Virgen de Guadalupe.

El sol daba de lleno en una calle Dos de Mayo que se dividió cual plaza de toros, en tendidos de sol y sombra. Agua era lo que bebían muchas de las personas que aguardaban el paso de la cofradía por aquel punto. Con unos minutos de adelanto, la cruz de guía se puso en la calle, precedida por la banda de la Vera Cruz de Los Palacios.

Rápidamente, los nazarenos se iban incorporando desde la Real Maestranza de Artillería, pues cabe recordar que los tramos del cortejo forman en las Atarazanas. El pequeño atrio de la capilla del Rosario se fue llenando de capirotes con el antifaz de sarga morada. Mientras tanto, el misterio realizó una breve maniobra en la estrechez de la capilla para encarar el dintel de la puerta.

La pericia de los costaleros comandados por Gonzalo Carrión logró salvar la puerta de la capilla. Llamadas muy cortas y el trabajo fino y elegante. Los respiraderos rozaban la piedra de las jambas de la puerta. En esta ocasión no fue la banda de las Tres Caídas la que interpretó la música que acompañó el compás de las primeras chicotás, sino la banda municipal de música de Mairena del Alcor.

En concreto, sus componentes interpretaron Cristo de las Aguas de Luis Pedro Bedmar para conmemorar así la efémeride del 75 aniversario de la hechura del Señor de las Aguas. Las primeras notas de la composición añadieron un toque solemne a la tarde.

En el espacio que reservó la hermandad para sus hermanos más veteranos podía respirarse el olor de aquellas viejas túnicas que, por mor de los años, quedaron colgadas en un armario. En sus miradas y sus rostros se percibía la eterna juventud de su fe hacia el Señor de las Aguas y la Virgen de Guadalupe. Entretanto, el Sacri volvió a interpretar una brillante saeta que conmovió a los presentes. Su inconfundible timbre de voz, unido a sus profundas y sentidas letras, provocaron que el corazón quedara encogido viendo la silueta de un Dios que muere repartiendo su sangre y agua por amor al mundo.

Volvieron a aparecer los nazarenos desde las Atarazanas. En los ojos de una nazarena podía leerse la fe y el sentimiento. Elementos indisolubles de un cofrade y que le fueron dados en el momento de nacer. Aparece descalza. «Este año se lo debía a ella», comentó con voz baja mientras miraba a su izquierda, donde el palio de la Virgen de Guadalupe aguardaba su momento.

El azul de sus bambalinas comenzó a moverse buscando la luz del día. Tras una compleja maniobra, el palio salió a la calle y la banda de Mairena del Alcor interpretó Nuestra Señora de Guadalupe. El Sacri, con su voz rajada, volvió a rezar cantando a una imagen que se perdía entre el gentío y la íntima lluvia de pétalos de una familia.


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