domingo, 30 abril 2017
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Cautivo y Rescatado

Avenidas que se vuelven callejones

Y cada año más, la gente del Polígono San Pablo envuelve a su cofradía y no la deja sola ni un solo metro. En el recuerdo de todos, la dura pérdida de Miguel Ángel Campos

10 abr 2017 / 22:19 h - Actualizado: 10 abr 2017 / 23:27 h.
  • Avenidas que se vuelven callejones
    El misterio del Señor Cautivo y Rescatado baja por la calle Villegas camino de la Carrera Oficial. / Teresa Roca
  • Avenidas que se vuelven callejones
    Petalada al palio de la Virgen del Rosario Doloroso. / Teresa Roca

El recuerdo a Miguel Ángel Campos lo llenaba todo en la parroquia de San Ignacio de Loyola. La vara del hermano mayor que dejó para siempre el Polígono San Pablo en diciembre del pasado año cruzaba el respiradero frontal del palio, pero no hacía falta ningún recordatorio material, pues estaba en el ánimo de todos en los momentos previos a la salida y durante todo el recorrido.

Salió la Virgen del Rosario con Al cielo de San Pablo, la marcha que la banda de la Victoria cigarrera dedica a quien más se echa de menos en esta hermandad.

Fuera había más gente que nunca. Más que nunca. El barrio celebra en este tiempo sus cincuenta años de existencia y no ha perdido la ocasión de vivir el que ya es sin duda día grande del año por estos lares. Si alguna vez alguien ha dudado de por qué esta hermandad ha llegado a ser lo que es, sólo tiene que venir a verla aquí. Probablemente se sienta ridículo de haber llegado a pensar que cualquiera puede ir a hacer estación de penitencia a la Catedral desde tan lejos. Cualquiera...

Aún de mañana, una generosa brisa aliviaba el calor que empezaba a venirse arriba, blandiendo los damascos en los balcones, las capas de merino y las plumas de los dos romanos del misterio de Álvarez Duarte.

La cafetería La Brigadilla se puso esta vez las botas. Ha vendido más churros que nunca. Sobre una mesa quedan los restos de un desayuno pantagruélico que se han metido entre pecho y espalda un grupo de jubilados que, sin tener siquiera que levantarse, ven pasar la cofradía, pues los comerciales están un escalón más arriba que la acera.

Se oye un barullo alegre en la acera de enfrente en Pedro Romero. El diestro Francisco Rivera sostiene un micrófono de Antena 3 ante una cámara, listo para hablar. Le rodean una decena de fans que aprovechan entre paso y paso para fotografiarse con él, que las atiende con toda la amabilidad del mundo.

La cofradía recorre una primera línea recta kilométrica hacia el San Pablo más antiguo. La avenida Doctor Laffón Soto, donde está el otro campo del Betis, se ha transformado de pronto en un callejón como los de la judería. No hay un solo centímetro del camino sin público a cada lado. No se ve sola esta cofradía ni un solo minuto de su mastodóntico recorrido, algo que ya quisieran para sí otras con siglos de historia. Se aplauden todas las levantás del enorme misterio. «¡Ole!», y, aprovechando la anchura de la vía, un mar de personas flanquea el andar de los costaleros mandados por José Zambrano.

Se avanza por la avenida de la Soleá, entre grafitis y puestos de prensa. Decenas de personas mayores se han sentado a esperar a la cofradía en sillas de la playa, con las caras llenas de esperanza. «Es la única cofradía que puedo ver ya en Semana Santa, apenas me puedo mover», cuenta Rosario, a quien su hija bajaría este Lunes Santo dos veces a la calle. «No, la vuelta tampoco me la pierdo, eso es más bonito todavía. No sé cómo no se hizo esto hace cuarenta años, cuando me vine a vivir aquí».

En los dos giros flamencos de la avenida hay dos parroquias llenas de feligreses de avanzada edad, sentados en las sillas que han sacado para ellos. Tanto en la parroquia del Pilar como en la de San Pablo se han puesto estas tribunas donde, hoy por fin, vuelven a brillar los semblantes. Tres Caídas de Triana toca A ésta es y entre todos, público y cofradías, cuaja un momento semanasantero inolvidable.

Todos salen a ver al Cautivo. De la Plaza de la Toná no deja de brotar público de lo más variopinto. La dueña del bazar chino Buen Vecino VIII se ruboriza cuando le pregunto qué le parece la cofradía. «Todos años aquí, todos años, sí», me dice deseando quitarme la mirada para ver pasar el tremendo misterio dorado, que cruza ya el Greco apuntando hacia el corazón de Sevilla.


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