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Semana Santa 2017

Campus cofrade de excelencia

Los Estudiantes renueva su cátedra de recogimiento en la antigua Fábrica
de Tabacos, donde llegó desde la iglesia de la Anunciación hace ahora medio siglo

11 abr 2017 / 21:36 h - Actualizado: 11 abr 2017 / 22:27 h.
  • Campus cofrade de excelencia

La Real Fábrica de Tabacos ha tenido distintos usos desde su construcción en tiempos del «reinado de Fernando VI», como atestigua la piedra de la fachada principal. Ha albergado una de las tabacaleras más emblemáticas que ha inspirado la conocida leyenda de Carmen la Cigarrera. Desde mediados del siglo XX es la sede del Rectorado de la Universidad de Sevilla y de algunas facultades. Puntualmente ha sido escenario de rodajes y, en enero, es la embajada de Sus Majestades los Magos de Oriente. Pero el Martes Santo se doctora en sabiduría devocional con la salida del Cristo de la Buena Muerte. Así lo viene haciendo desde hace 50 años, cuando la cofradía universitaria se trasladó de la iglesia de la Anunciación a la nueva sede formativa en la calle San Fernando.

Seguramente el maestro Jesús Martín Cartaya conserve en su archivo histórico alguna fotografía de aquella primera salida en la que el imponente crucificado de Juan de Mesa emprendía un nuevo camino hacia la Catedral. El mismo que ayer tomó a la hora de la sobremesa, minutos después de que la Virgen de los Dolores del Cerro del Águila avanzara a buen ritmo bajo un implacable sol que caía a plomo sobre la ciudad. «El Ayuntamiento debería poner un toldo por caridad para los nazarenos», apuntaba con atino una mujer que había tenido el privilegio de situarse bajo la endeble sombra de un árbol.

En homenaje de la Expo 92, de la que se están cumpliendo 25 años, hubo quien rescató lo del microclima haciendo uso de pulverizadores de mano que llevaban encima para hacer frente a las altas temperaturas. También se vieron más de un sombrero en la lonja universitaria donde una alfombra gris para evitar las gotas de cera en el pavimento marcaba el camino hacia la avenida. Solo las proclamas de los vendedores ambulantes, con cubos cargados de bebidas y neveras sobre carritos de la compra, iban y venían a cada momento según eran requeridos sus servicios por parte del público. «¡Vamos a la fresquita! ¡A la cerveza! ¡A la Coca-Cola!», se oía con claras reminiscencias playeras.

Pero todo cobró su sentido cuando se abrieron las puertas del Rectorado con unos minutos de antelación sobre el horario anunciado. Silencio absoluto para las largas filas de capirotes espigados que desafiaban los más de 30 grados. Sobre un monte de lirios más morados que de costumbre se exponía la mayor lección de la historia: la de aquel que se inmoló «por todos nuestros pecados», como detallaba el padre a su pequeña de ocho años que apunaba en sus brazos para ver al Cristo de la Buena Muerte.

El tiempo que tarda en discurrir los penitentes entre guiones de facultades da para mucho. Por ejemplo, para recordar qué carreras le gustaba a uno estudiar en la juventud: «Yo puse Filosofía, y después Filología y Letras. Uff... Derecho, no», comentaba un grupo de amigos mientras recordaban anécdotas de aquellos años universitarios, entre los que no faltaban «visitas a la capilla del Cristo de la Buena Muerte».

Fue ahí donde muchos descubrieron a la Virgen de la Angustia, imagen de la que se cumple 75 años de su llegada a la hermandad. Con las mecidas justas y mimada por Antonio Santiago, la dolorosa fue acaparando todas las miradas: «¡Qué preciosidad! Y los angelitos de marfil o porcelana del manto», decía una con acento madrileño. Es la excelencia cofrade de Los Estudiantes que hace medio siglo sentó cátedra en la calle San Fernando.


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