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Candelaria, sabes compensar la espera

Una aguacero a diez minutos de la hora de salida prevista heló los ánimos, pero finalmente se convirtió en la primera cofradía del Martes en cruzar la Campana.

22 mar 2016 / 22:25 h - Actualizado: 23 mar 2016 / 10:01 h.
  • El paso del Señor de la Salud, momentos después de su salida. / Inma Flores
    El paso del Señor de la Salud, momentos después de su salida. / Inma Flores

“Vamos con el Señor a la calle para darle salud a Sevilla”. Y ahí se lanzó Jesús de la Salud, por esa rampa que lo baja del cielo de San Nicolás a la tierra que le puso su nombre a la plaza. Lento, silente, acompasado del crujir de canastilla, del racheo de alpargata costalera y la mínima corrección del hermano contraguía. Sus portadores se conocen el terreno, ese rectángulo perfecto donde la matemática trigonométrica, ciencia humana que a veces lo es divina, traza las líneas que llevan a Dios ante su gente.

La estampa, repetida durante décadas, era sin embargo novedosa. Ni los más viejos del lugar recordaban una salida del Dios de túnica tallada sin bóveda celeste. Un aguacero irreverente, a diez minutos de la hora de salida prevista, heló los ánimos del respetable apostado en la confluencia de Muñoz y Pabón con San José. La hermandad, conocedora de mejoría climática a partir de las 20.00, anunció que esperaría a esa hora para confirmar salida. Así fue para júbilo de quienes aguantaron estoicamente el chaparrón a la espera de disfrutar de quien estaba llamada a ser la primera cofradía que este Martes llegaría a la Campana. Claveles rojos, dorado refulgente y Nazareno con cruz ya compuesta –hay que desmontarla en salida y entrada por la altura del dintel de San Nicolás- viraron con la gloria por destino, prestos a cumplir en el menor tiempo posible un recorrido cercenado por la caprichosa previsión del tiempo. Alfalfa, Cuesta del Rosario, Granada, Tetuán antes de entrar en Campana, y en la vuelta, Cuesta del Bacalao y Francos antes de enfilar las calles que circundan la parroquia de San Nicolás de Bari. La lluvia no impidió su salida, aunque sí la desprendió de ese discurrir solemne por los Jardines de Murillo, uno de los puntos clave de esta cofradía señera.

Paso rápido y diligente de tramos a tres filas, hasta que, de repente, se cuadró ese palio de bambalinas caladas, terciopelo azul verdoso y dolorosa de Dubé de Luque. Esa es, la Candelaria, que también sabe bajar la rampa. Paso a paso, en fino y delicado descenso, primeros varales plata tocan la calle. Y un estruendo de Cruz Roja, Marcha Real primero y Candelaria Nuestra después, celebran que el Martes casi no hubiera sido Santo, sin ella.


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