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Santa Genoveva

Cuando el Cautivo «viste de fiesta las casas del barrio»

El cante por derecho de Álex Ortiz sirve de fervorín para comenzar una mañana de emociones y recuerdos a Gabriel en el Tiro de Línea

26 mar 2018 / 21:22 h - Actualizado: 27 mar 2018 / 00:13 h.
  • Nuestro Padre Jesús Cautivo en el Abandono de sus Discípulos a su paso por la Plaza de España. / Fotos: Teresa Roca
    Nuestro Padre Jesús Cautivo en el Abandono de sus Discípulos a su paso por la Plaza de España. / Fotos: Teresa Roca
  • Primer plano de Nuestra Señora de las Mercedes.
    Primer plano de Nuestra Señora de las Mercedes.

Cuenta que la primera vez que le trajeron fue antes de nacer. «Vine cuando estaba en el vientre de mi madre». Desde entonces, Reme no falta a su cita con el Lunes Santo. Aunque ya no comparta vecindad con el Señor maniatado que representa la autenticidad de la Semana Santa que late en los barrios. «Nunca hemos perdido la vinculación. Mi padre, Manolo Muñoz, ha sido el que más años ha estado de hermano mayor», explica orgullosa en la puerta de la iglesia del Tiro de Línea. Ella y su madre han llegado bien temprano después de ver salir de casa a «ocho nazarenos» de capa y antifaces mercedarios.

Aún así se les hace corta la espera. Saludos a antiguos oficiales de junta, a hermanos de Santa Genoveva y reparto de pescaítos de fieltro entre el público y, también, a alguna que otra madre de monaguillo. «No podemos olvidar a Gabriel [por el menor de Almería]», insiste mientras saca una caja de cartón a modo de pecera de colores. «Mis hijos y yo hemos hecho un total de 420 pescaítos. Mi Ángela, que va en el sexto tramo de Cristo, los va a repartirlos por toda Sevilla para que tengamos muy presente lo que ha ocurrido». Al calor de sus declaraciones, acude rápidamente una reportera de televisión para hacerse eco de esta singular iniciativa que, por este año, llena los bolsillos de solidaridad y reivindicación en lugar de los tradicionales caramelos.

Faltan varios minutos para las 12.30 horas pero las puertas del templo no pueden contener más la marea de capirotes que revolotea en su interior. El barrio está radiante. También más engalanado de lo habitual en respuesta al bando que ha hecho la hermandad unos días antes. Reme está pendiente de ver a su hija. «¿Este ya es el sexto tramo? Por los pies, la identifico rápido», dice mientras en el interior del templo, el Dios de todo el barrio busca la claridad y los ojos de los vecinos. «¡Qué bien le sienta esa túnica bordada!», suspiran sus abnegadas devotas que aguardan el momento de seguir sus pasos, en contraposición a lo que hicieron sus apóstoles tras el prendimiento. También Reme lo hace del brazo de su madre. «Nada más que eche a andar, me voy tras Él. Le pediré salud y trabajo para mi niña. También para que no se repita más lo de Gabriel».

Las primeras chicotás por la calle Romero de Torres saben a gloria mientras una saeta de Álex Ortiz dispara las emociones: «Vistes de fiesta las casas del barrio». Una verdad incontestable, como lo es la gente del barrio que forma el tramo de la fe más sincera y sencilla. La salida del palio supone un punto y seguido. «Está levantá va por un amigo mío, que se nos ha ido no hace mucho. Por Jesús Basterra, maestro de capataces», manda Carlos Villanueva mientras desde las trabajaderas le responden «¡por el cigarrón!». La maniobra necesita de la ayuda de costaleros de refresco por fuera. «Si bonitas eran las flores del Señor, estas son ya maravillosas», aprecia una vecina al contemplar, ya en la calle, el variado de rosas, orquídeas y hasta flores de palmas que abrazan los basamentos de los varales.

El sol se impone en lo más alto de un cielo, al fin, de primavera. «Hoy no vamos a tener que mirar pá arriba. Sólo para ver bien los pasos», exclama Encarni mientras tira del brazo de otra vecina para colocarse en la cola del manto de las Mercedes. «Esto hay que vivirlo, no se puede explicar con palabras». De nuevo, desde el balcón lateral de la casa de hermandad asoma Álex Ortiz mientras el palio posa los cuatro zancos en el suelo para que los priostes puedan alzar las coronas que rematan las bambalinas delantera y trasera. «Eres luna, sol y estrella, reina virginal, Mercedes mi bella flor, nadie te puede igualar, en hermosura y dolor. Llora mi alma por verte. Cuando te tengo delante, mi Virgen de las Mercedes, yo solo puedo cantarte». El cante por derecho deja los primeros repelucos en un barrio que como hace 60 años se hace Evangelio y Catedral tras Él.


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