sábado, 23 septiembre 2017
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Cuando la pasión le pudo al miedo

La histeria reinó por unos minutos en la calle donde curiosamente más paz se respira de toda la ciudad: Santa Ángela de la Cruz, al paso de los Gitanos

16 abr 2017 / 19:50 h - Actualizado: 17 abr 2017 / 08:20 h.
  • El Señor de la Salud, a su paso por el convento de las Hermanas de la Cruz. / Pepe Santos
    El Señor de la Salud, a su paso por el convento de las Hermanas de la Cruz. / Pepe Santos

No fue una noche fácil. Y más cuando tienes la responsabilidad de comunicar en momentos de crisis bajo los perfiles sociales de una gran hermandad como es la de los Gitanos. Mi Madrugá comenzó a las 12:30 y –un año más– nada me hacía sentir que fuera la noche más mágica de la... ¿Semana Santa? Todo lo contrario, el ambiente en las calles era más parecido al de una noche de fin de año. Tan paradójico como cierto. Las primeras horas de la Madrugá, desde hace años, se han convertido –por desgracia– para muchas hermandades en un tiempo incómodo para su discurrir. Y bien lo sabe el sevillano que, cada vez más, abandona ese periodo hostil y acostumbra a levantarse temprano para disfrutar de las cofradías. Como el que espera ahuyentar con los primeros rayos del sol a los vampiros (por llamarlos de alguna forma).

MINUTOS DE HISTERIA

Minutos antes de las cuatro de la mañana me coloqué justo en las «Puertas del Cielo», el portón del convento de las Hermanas de la Cruz. Me impresionó el amplio despliegue policial, todo hay que decirlo. Ni imaginaba lo que estaba por llegar... En pocos segundos un atronador murmullo se apoderó de toda la calle provocando carreras descontroladas que arrasaban todo cuanto se les ponía por delante (nazarenos, niños, personas mayores...). Comprobé que el miedo es el arma más destructiva que existe. La histeria en su mayor grado reinó por unos minutos en la calle donde curiosamente más paz se respira de toda la ciudad: Santa Ángela de la Cruz. Alguien me zarandeó hacia la pared, sin más, teniendo la suerte de no caerme. Nadie apreciaba ningún peligro aparente pero el miedo se podía respirar. Momentos de pánico que provocaron incluso que alguien zamarreara a portazos las puertas del convento al grito de: «¡Abrid por Dios, abrirnos, por favor!». Como si esa salida al cielo fuese su único refugio. No daba crédito a nada. La histeria por segundos se contaminó como si de un virus se tratara. Fue cuando me di cuenta que el ser humano, el sevillano, el cofrade, es grande por naturaleza. Diputados, enlaces, nazarenos, costaleros y cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado actuaron rápidos y eficazmente pidiendo calma... resurgiendo de las cenizas como el ave fénix. En pocos minutos la cofradía estaba completamente recompuesta, con mal cuerpo, pero dando un ejemplo sin igual. Una Hermandad acostumbrada a resurgir de tantas calamidades a lo largo de su historia cómo no iba a demostrar su entereza en un momento tan delicado. Su actitud transmitió sosiego a un público que no sabía bien ni qué hacer.

Era momento de contar por redes todo cuanto sucedía y, sobre todo, demostrar con foto incluida que la cofradía continuaba su estación de penitencia perfectamente formada. Era el instante en el que la comunicación instantánea (redes sociales) era vital para reconducir a toda una ciudad. El boca a boca era, nunca mejor dicho, Twitter. Una vez más el canal oficial especializado en emergencias y contingencias de la ciudad (@EmergenciasSev) volvió a demostrar estar a la altura de las circunstancias. Admirable su trabajo durante esos momentos tan complicados. No dejó de informar, alertó de bulos e incluso publicó la detención de sospechosos. Encomiable labor que ayudó, como digo, a que las aguas volvieran a su cauce.

AHORA TOCA...

Ahora toca buscar soluciones para que recuperemos la Madrugá que nuestros padres nos enseñaron. Ahora toca seguir tomando decisiones en materia de seguridad, aunque muchas sean impopulares, pero sí estrictamente necesarias. ¿Se imaginan si esa noche no hubiesen estado calles aforadas o veladores y obstáculos retirados? Ahora toca asumir todos «cambios profundos». Ahora toca reflexionar sobre el sistema de educación que tenemos en el que padres delante de sus hijos tiran cáscaras de pipas al suelo al paso de cualquier nazareno descalzo o familias que acampan –mesa plegable, sillitas, tortilla y botellín en mano– en medio de calles como si estuviesen de barbacoa.

¿En qué estamos convirtiendo la Semana Santa? La falta de valores de esta sociedad es la que está empobreciendo el respeto por todo. Ahora toca endurecer condenas para que ningún niñato salga impune de ninguna salvajada. Ahora toca quitarnos ese mal cuerpo y continuar nuestro camino de fe, como hicieron tan ejemplarmente las hermandades de la Madrugá, para demostrar que ni el miedo que nos puedan meter podrá nunca con nuestra pasión por la Semana Santa.


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