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Cuenta atrás para el 21 de mayo de 2018

Las primeras hermandades de la provincia de Sevilla emprendieron ayer el camino de vuelta a casa

Manuel J. Fernández M_J_Fernandez /
06 jun 2017 / 08:40 h - Actualizado: 06 jun 2017 / 12:39 h.
  • La hermandad de Sanlúcar la Mayor inicia el camino de vuelta a casa. / M.J. Fernández
    La hermandad de Sanlúcar la Mayor inicia el camino de vuelta a casa. / M.J. Fernández

Sólo dos horas después de que la Blanca Paloma se posara en el presbiterio del santuario culminando así la procesión, en los terrenos conocidos como la Boca del Lobo comenzaba el camino de vuelta. Minutos antes de las 15.30 horas, Antonio Vizcaíno enganchaba los bueyes al tiro de la carreta de plata que custodia el majestuoso Simpecado de la hermandad de Sanlúcar la Mayor.

«¡Vámonos para casa!», anunciaba solemnemente el presidente de la filial sanluqueña, Manolo Sánchez-Palencia, a los más de 600 peregrinos que, un año más, habían visto colmados sus corazones del Rocío del cielo que derrama la romería de Pentecostés. Algo cansados por las pocas horas de sueño (más bien ninguna) y bajo un sol abrasador, la hermandad bajó por la calle Sanlúcar al son del tamboril hasta desembocar en el Real. Sin perder el paso, pasaron delante de la casa de hermandad de Huévar del Aljarafe para acceder directamente a la ermita por el lateral donde asoma la marisma. «Vamos a despedirnos de la Virgen. Es una tradición que tenemos, pese a que hace unas horas hemos estado rezándole la salve en la visita que ha hecho esta madrugada a nuestro Simpecado», explica aún emocionado el hermano mayor saliente, Juan Salados Ríos. Lo hace con la alegría de haber alcanzado su sueño de traer la hermandad al Rocío. También con la tranquilidad de conocer que ya hay relevo para el próximo año. «Se llama José Luis Silva Álvarez, a quien he entregado la medalla de hermano mayor después de haber rezado la salve ante la Virgen del Rocío esta madrugada».

La despedida en la ermita es breve. Tanto como puede durar una salve con su petición de «volver el año que viene». En cuestión de segundos, la carreta y los peregrinos de Sanlúcar la Mayor cruzan de nuevo el Real. Son casi un espejismo para los que disfrutan, a mesa y mantel, de la pos-procesión a la sombra de los porches en las casas que se disponen al lado de la hermandad de Triana, madrina de esta filial aljarafeña que lleva a gala mantener el pulso de la devoción rociera de generación en generación. Así se manifiesta en los carros que componen la serpenteante comitiva que empieza a alejarse de la aldea almonteña. Entre ellos va el de Rosarito. Este año ha venido un nuevo romero, de apenas unos meses. Su hija, Yoli, ha tenido su segundo hijo, un varón, que ha hecho su primer camino en la cuna. «Se ha portado muy bien. Es muy bueno. Apenas se ha quejado de todo el jaleo y algarabía de estos días. Mucho menos del tamboril», confiesa la orgullosa abuela. Con simientes así... cómo para que no le guste El Rocío cuando sea mayor.

A las cinco de la tarde los carros empiezan a abandonar el terreno que ha sido su casa durante la romería. Por delante cinco horas de camino en las que meditar, en silencio o en compañía con vara de peregrino en mano, de una celebración que, como dice la sevillana, es ya un sueño que se aleja. La pernocta de la noche se hace en Cabeza Raza, dentro del conocido como camino de Hinojos, que hoy desandarán también otras filiales rocieras del Aljarafe, como Carrión de los Céspedes.

Para estos romeros de Sanlúcar la Mayor el camino sigue este martes con el cruce de Vado de Quema y noche en Pinares de Marto. La entrada en el pueblo será el miércoles por la tarde. Entonces tratarán de llevar a todos los convecinos la bendición que han recibido estos días de manos de la Reina de las Marismas.

Antes que Sanlúcar la Mayor, la melancolía de la vuelta también la vive Coria del Río. La Virgen se encontraba en la zona del Eucaliptal a punto de saludar a Gines, cuando Ramito y Canastero tiraban de la carreta del Simpecado en el Acebuchal. Francisco Álvarez, de la estirpe carretera de los Chanes, desplegaba maña e ingenio con la yunta para salvar la estrechez de la puerta de la casa de hermandad. «¡¡Ya nos vamos!! Estamos muy contentos porque todo ha salido muy bien. Con ganas de quedarnos pero también de ver a la familia». Sobre todo, reconoce, de abrazar al sobrino que había sido dado de alta durante la romería.

No hay tiempo que perder pero tampoco prisa. Las pisadas se hunden por última vez en los blancos arenales de la aldea. Hay cansancio en el cuerpo y gozo en el corazón. La marisma anhela ya las carretas. Comienza el sueño del 21 de mayo de 2018, Lunes de Pentecostés.


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