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El Carmen resucita Omnium Sanctorum

La hermandad celebra los 20 años de su primera salida y llena de luz un barrio en el que horas antes todo eran lamentos por la lluvia

23 mar 2016 / 17:18 h - Actualizado: 23 mar 2016 / 22:43 h.
  • El misterio del Carmen Doloroso avanza hacia Carrera Oficial este Miércoles Santo. / Manuel Gómez
    El misterio del Carmen Doloroso avanza hacia Carrera Oficial este Miércoles Santo. / Manuel Gómez

La verdad es que daba gusto estar en la salida de la hermandad del Carmen Doloroso desde Omnium Sanctorum. Primero, porque la tranquilidad con la que se aguardaba la apertura de las puertas contrastaba con la angustia con la que se vivió el Martes Santo aquí mismito, un sofocón por el mal rato que pasaron los Javieres; segundo, porque donde el día antes todo eran paraguas y miradas de soslayo a las nubes (que dejaron un doloroso mensaje de agua) le habían tomado el relevo las gafas de sol y las ganas esta vez de que apareciera alguna nubecilla, ahora para suavizar la luz que caía a plomo.

Pero al margen del paisaje y el paisanaje, da gusto ver salir al Carmen Doloroso porque a las tres de la tarde se abren las puertas y diez minutos después ya están los ciriales del misterio en la puerta. Así da gusto. La cofradía no tarda ni tres cuartos de hora en plantarse en la calle al completo, y eso que su cortejo no deja de crecer. “Aquí se apunta mucha juventud”, subraya una señora. Y los primeros tramos le dan la razón, porque el tamaño de los nazarenitos contrasta con la austeridad del marrón carmelita de sus antifaces. Efectivamente, aquí hay mucha chavalería.

Lo del crecimiento de la hermandad se nota también en el enriquecimiento de su patrimonio, que tiene su mejor ejemplo en la enorme canastilla, donde el dorado se va poco a poco imponiendo al marrón claro de la madera. Los respiraderos ya terminados hieren a la vista por la fuerza con la que rebotan la luz solar, formando un curioso contraste con el resto todavía en fase embrionaria, en el que el trabajo de talla ya se ha terminado pero todavía se ven hasta los perfiles del lápiz que han trazado las filigranas.

Por cierto, que lo de enorme al referirnos al misterio no es gratuito, porque es que sale ajustadísimo por la puerta ojival del templo. “Ya sabéis cómo sale esto de apretado”, advertía el capataz a los suyos, antes de iniciar una delicada maniobra en la que la imaginación hace ver que las tulipas de los candelabros rozan el dintel, lo que no llega a producirse. Lo del palio no es que sea mucho mejor, con los costaleros de rodillas y sus compañeros de refresco tirando del paso para desencajarlo de una puerta por la que, con la física en la mano, parece que no cabe. Resulta un pelín angustioso, pero sobre todo sorprendente.

La sencillez de la hermandad se aprecia también en este mismo palio, de un reluciente azul sin atisbo de bordados, igual que el manto. La sensación que rodea a la corporación es casi de estreno, de algo nuevo, de juventud, con ese aire de alegría tan de barrio, por el que empezó a procesionar el Viernes de Dolores de hace ahora 20 años. A la Virgen del Carmen la Banda Municipal de Aznalcóllar la recibe con la ‘Salve marinera’, para regalarle a continuación ‘Reina de las maravillas’, obra de un músico de la propia agrupación.

Y con esos aires de tintineo, de frescura, la hermandad tomaba por Peris Mencheta para buscar la Alameda y estrenar el Miércoles Santo en Campana, dejando atrás un Omnium Sanctorum resucitado después del mal trago que se vivió un martes que, sólo pocas horas después, se veía muy muy lejano.


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