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Viacrucis del Consejo 2019

El paraíso de su mirada

El Cristo de la Conversión de Montserrat protagoniza un histórico Viacrucis de las Cofradías arropado por una tarde netamente primaveral. En los rezos de la Catedral, el obispo auxiliar sustituyó a Asenjo que aun sigue convaleciente

Manuel J. Fernández M_J_Fernandez /
11 mar 2019 / 20:15 h - Actualizado: 12 mar 2019 / 09:54 h.
  • Viacrucis del Consejo. / Jesús Barrera
    Viacrucis del Consejo. / Jesús Barrera

Calle a calle. Palmo a palmo. Persona a persona. Tocando con sus ojos misericordiosos el corazón de cada uno. Sin mediar palabra. Ya fuera en el tumulto silencioso de la plaza del Salvador o en la solemnidad de los rezos hermanos de la Catedral. La ciudad tomó el papel de Dimas en este primer lunes de Cuaresma. Cara a cara, mantuvo una conversación íntima y sentida con el Dios portentoso de la Magdalena. Como hiciera hace más de mil años aquel malhechor arrepentido en los escalofríos postreros del calvario compartiendo la condena de la cruz con Jesús. Su mirada penetrante, ligeramente ladeada a la derecha, fue buscando a quienes, como aquel buen ladrón que quedaba en la capilla, anisan alcanzar la promesa del paraíso eterno tras la muerte.

El Cristo de Montserrat ha protagonizado este lunes un Viacrucis de las Hermandades lleno de sobriedad y de recogimiento, invitando “a la conversión” desde una posición vertical en las andas, insólita para este tipo de rezos piadosos, -solo está el antecedente del Cristo del Descendimiento de la Quinta Angustia en 1996-; pero igualmente necesaria para empaparse de la fuerza y de la gran expresividad de este Cristo vivo y que habla desde la cruz, como lo concibió el maestro Juan de Mesa hace 400 años.

El antiguo compás de San Pablo ha vivido una jornada histórica de principio a fin. Ya lo anticipaba un exultante hermano mayor, Antonio Vera, minutos antes de que se abrieran las puertas de la capilla y comenzara el sueño del primer lunes de Cuaresma. “Es un día que nos va a quedar clavado en nuestro corazón y que será recordado en los anales de la hermandad por mucho tiempo”, se sinceraba quien, junto a sus oficiales de junta, se estrenaban en el cargo con este acontecimiento tantas veces ansiado en la corporación del Viernes Santo.

No hacía falta jurarlo. Se notaba en las caras de los hermanos, impecablemente revestidos con la solemnidad oscura de sus trajes y como mejores herederos de un linaje de nobleza devocional unido al apellido de los Montpensier. En torno a 300 hermanos con cirios, empuñando cera tiniebla en lugar de la blanca penitencial del Viernes Santo, integraron la comitiva de acompañamiento al crucificado que anticipa en su rostro la Pascua de la Resurrección. Desde niños que no levantaban cuatro palmos del suelo hasta rostros surcados por las arrugas, pasando por una nutrida representación de jóvenes, garante de un futuro prometedor para cualquier cofradía que se preste.

El paraíso de su mirada
Viacrucis del Consejo. / Jesús Barrera

Pasadas las cinco y media de la tarde, el portentoso crucificado de Mesa quedaba enmarcado bajo el dintel de la puerta de la capilla sobres sus andas e interpelando al público que se agolpaba en este Calvario, ausente de las dos cruces laterales pero lleno de mensajes en cualquiera de sus aristas, como bien manifestó el padre benedictino que a primera hora de la mañana había aterrizado en Sevilla dejando por unas horas la clausura de la abadía de Montserrat, allá en tierras catalanas: “El Cristo lo llena todo”.

Y así fue. Su discurrir por el centro de la ciudad, dejó estampas cargadas de belleza con un sol de justicia como testigo. Como el momento en el que, alcanzada la plaza del Salvador desde la estrechez de Sagasta, se dio de frente con quien enseñó a su padre, Juan de Mesa, a hablar con la madera e impregnarla de una unción sobrenatural. Precisamente desde que la cofradía conoció la designación, uno de los mayores anhelos era trasladar la imagen a la Catedral como la concibió su autor en 1619. “En horizontal, como de costumbre, pierde todo el sentido; sobre todo, su gran expresividad. Es un Cristo vivo, que habla y que tiene mucho que aportar en esa posición vertical”, recordaba el hermano mayor, quien había sido testigo estos meses atrás de los desvelos de los priostes para dar con las andas y el cajillo adecuado en el que “siempre primara la seguridad de la imagen”.

El resultado, con los moldurones dorados del paso de la Pura y Limpia y los faroles del Cachorro, no podía ser más hermoso. “Creo que va a sentar precedentes. A partir de ahora, vamos a ver muchos viacrucis así. La verdad es que se gana en visibilidad y todos estamos más contentos”, expresaba Antonio, catalán de nacimiento pero afincado en Sevilla desde hace décadas, donde mantiene un cariño especial por esta hermandad. “Hombre, tienen a mi Moreneta. Y el Cristo ya... ni te cuento”.

El paraíso de su mirada
Viacrucis del Consejo en la Plaza del Salvador. / Jesús Barrera

Sus palabras se iban diluyendo mientras que el sol de la tarde se iba apagando en la gubia que iba en la delantera de las andas y que había cedido el imaginero Fernando Aguado en alusión a los 400 años que se están celebrando de la hechura del crucificado, uno de los de mayor dimensión de la Semana Santa de Sevilla, alcanzando el 1,92 metros de altura.

A solo unos metros de la Catedral, en la calle Chapineros esquina con Francos, aguardan los hermanos de un Cristo ‘hermano’: el del Gran Poder. Ellos, junto a otras corporaciones con imágenes de Mesa (El Amor, Los Estudiantes y El Santo Entierro), metieron el hombro en estas andas exornadas por Pepe Montero a base de iris morados, rosas lavandas, cardos y calas en color berenjena.

A pocos minutos de las ocho de la tarde, la plaza Virgen de los Reyes recibía al impresionante crucificado al calor de los azahares primerizos de un marzo metido en primavera. La Giralda observaba de cerca sus movimientos, casi medidos, mientras que se hacía un último llamamiento “a la conversión desde lo alto del madero”, y entre acordes solemnes de la Escolanía Salesiana María Auxiliadora y la Capilla Musical María Auxiliadora. Los hermanos de Montserrat habían bordado magistralmente el guión del traslado. Entre las representaciones de la presidencia estuvo la nueva Consejera de Cultura, Patricia del Pozo que le une lazos familiares con esta cofradía.

Dentro, en el primer templo metropolitano, aguardaban las catorce cruces de las estaciones. Con sus oraciones y hermanos. El obispo auxiliar, Santioago Gómez Sierra ofició el rezo del piadoso ejercicio en sustitución de monseñor Asenjo que aún sigue convaleciente de una reciente intervención quirúrgica. El Señor que promete el paraíso con su mirada protagonizaba así la 44 edición del Viacrucis de las Cofradías de Sevilla, que organiza el Consejo de Hermandades. La ciudad se enfundaba el traje de la Cuaresma como único camino hacia la Pascua, que el Señor ya anticipa a Dimas en la cruz. Es el paraíso eterno de su mirada.


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