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La Redención

Es de bien nacido ser agradecido

Los vecinos de la hermandad de la Redención regalan a los titulares de la cofradía una enorme petalada. Las altas temperaturas castigaron al cuerpo de nazarenos

10 abr 2017 / 20:48 h - Actualizado: 10 abr 2017 / 22:02 h.
  • Es de bien nacido ser agradecido
  • La Virgen del Rocío recibió una gran petalada. / Manuel Gómez
    La Virgen del Rocío recibió una gran petalada. / Manuel Gómez

Un baño de pétalos. Literalmente fue así la salida de la hermandad de la Redención. Un espectáculo de devoción que terminó con una sonora ovación con la que los vecinos de la calle Santiago se agradecieron mutuamente el espectáculo que vivieron todos los presentes la tarde de este Lunes Santo.

Desde bastante antes de la Semana Santa, la propia hermandad ya había ido pidiendo a los vecinos que tuvieran flores preparadas para la salida de la cofradía. Aunque las cartas estaban en los buzones desde hace algunas semanas, realmente no eran necesarias porque todos y cada uno de ellos, de los que a diario entran para verles la cara al Señor de la Redención y a la Virgen del Rocío, querían tener flores para sus titulares.

Y quien no tenía una ventana o un balcón que diera a la calle, pues se bajó al asfalto bien temprano para tener el mejor sitio posible para ver la cofradía. Eso sí, el sol pegaba de lleno y las zonas cubiertas por la sombra estaban bastante cotizadas. Un reventa tunante se habría puesto las botas. Seguro.

La larga espera la amenizaron magníficamente las bandas de música mientras iban llegando, que a ritmo de pasacalles y marchas con compases de pasodoble fueron calentando las almas de los cofrades presentes, que fueron subiendo de temperatura casi tanto como marcaba el mercurio a esa hora.

El cuerpo de nazarenos comenzó a salir del templo, algunos tramos formaban de tres en tres para ganar el máximo tiempo. La alta temperatura y el antifaz de terciopelo son dos elementos que no casan demasiado bien, aunque muchos de los nazarenos se habían hidratado todo lo posible antes de ocultar su rostro y comenzar el camino hacia la Catedral sevillana.

Poco minutos después comenzaron los siseos porque ya se escuchaba que dentro de la iglesia estaba sonando el llamador que tocaba Francisco Reguera. Como siempre, esta difícil salida del Beso de Judas dejaba la plaza muda por unos momentos. Las potencias del Señor pasaban más que justas por el dintel segundos antes de que toda la majestuosidad de ese olivo dejara la sombra del templo para lucir al sol en todo su esplendor. Ya estaba el Señor de la Redención en el Beso de Judas de nuevo ante su pueblo y ante sus vecinos, que regalaron con una petalada al principio de la siempre elegante calle Santiago un anticipo de lo que estaba por llegar: una gran petalada que, aunque fuera esperada, no dejaría indiferente a ninguno de los presentes.

La calle cambió el color morado de los tramos del Señor por el verde en honor de María Santísima del Rocío, que ya estaba también moviéndose dentro de la iglesia. La madera de las trabajaderas crujía y las primeras chicotás dentro del templo calentaron también el cuerpo de los costaleros para que vivieran en plenitud todo lo que tenían por delante.

Y lo que tuvieron fue una espléndida salida, una saeta de voltereta que se volvió a marcar Manuel Cuevas y que casi hace que aquello se convierta en un manicomio, y kilos y kilos de pétalos a lo largo de la calle Santiago. Era la mejor forma que tuvieron los vecinos de dar las gracias por tanto, por toda la protección, compañía y gracia divina que reciben a lo largo del año. Porque es de bien nacidos ser agradecidos.


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