domingo, 17 diciembre 2017
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Getsemaní pasa por Feria

El misterio de la Oración en el Huerto de Monte-Sión discurre por su calle entre mecidas que rozan el olivo del paso con los naranjos

13 abr 2017 / 23:14 h - Actualizado: 13 abr 2017 / 23:42 h.
  • El barrio vuelve a volcarse con el Señor de la Oración en el Huerto tras presidir el viacrucis del Consejo. / Manuel Gómez
    El barrio vuelve a volcarse con el Señor de la Oración en el Huerto tras presidir el viacrucis del Consejo. / Manuel Gómez
  • La pequeña capilla abrió puntualmente sus puertas a las 17.30. / Manuel Gómez
    La pequeña capilla abrió puntualmente sus puertas a las 17.30. / Manuel Gómez

Camino de la capilla de Monte-Sión es difícil ver a los hermanos dirigirse a su estación de penitencia de uno en uno. Es una cofradía familiar y rara es la casa donde no salen varios miembros. Se ven distintas combinaciones: costalero-nazareno, nazareno-monaguillo, nazareno-nazareno, costalero-monaguillo... La nómina de niños es abundante en un cortejo que desde hace algunos años recuperó la presencia de un escuadrón de caballería de la Policía Nacional abriendo paso a la banda de la Cruz de Guía. Una presencia equina que hace las delicias de los más pequeños aunque conlleve algún que otro riesgo que voluntarios de la hermandad se prestan a recoger para evitar desagradables sorpresas a los costaleros.

Es también Monte-Sión una cofradía de barrio. Un barrio que hace apenas un mes ya se volcó con su ilustre vecino, el Señor de la Oración en el Huerto, que presidió el via crucis del Consejo de Hermandades y Cofradías pero que este Jueves Santo volvió a acudir fiel a su cita y los costaleros y el capataz del paso de misterio, Elías Salamanca, supieron agradecérselo con una salida y un discurrir calle Feria abajo en el que no escatimaron mecidas a los sones de Oración en Monte-Sión. El olivo bajo el que los apóstoles recién restaurados duermen mientras a Jesús se le aparece el ángel se toca con los naranjos de la calle Feria, convertida en el Getsemaní de Jerusalén desde donde también estos días los cristianos que allí son minoría celebran una procesión manteniendo viva la fe que nació allí hace más de 2.000 pero que hoy está muy reducida entre judíos y musulmanes.

La Virgen del Rosario quiso también despedirse por un rato de sus vecinos y el capataz, Manuel Vizcaya —que dedicó la primera levanta a los donantes de órganos por «irse de esta vida dando vida, no hay ejemplo más grande de ser cristiano»– la volvió ligeramente a la plaza de Monte-Sión antes de revirar hacia Feria. Los vecinos le regalaron varias petaladas mientras el tintineo de los rosarios del palio chocando con los varales competía con las campanillas de la marcha Rosario de Monte-Sión interpretada por la banda de la Cruz Roja a la salida. En el exorno floral, tradicionalmente blanco, se alternaban este año rosas spray rosas salteadas entre las color champagne, los nardos, alelíes y paniculata blanca.

Ambos titulares fueron recibidos en la calle por una saeta y como es tradicional la llamada en el dintel de la puerta corrió a cargo de una ilustre hermana de esta cofradía, la cantante María del Monte.


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