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Guía cofrade

Guía cofrade: Caligae (484)

La Guía Cofrade explica hoy el recipiente en el que los acólitos portan el incienso que después se quemará en el incensario

15 jun 2018 / 21:51 h - Actualizado: 15 jun 2018 / 22:47 h.
  • Armaos de la Macarena en las inmediaciones de la basílica antes de la salida procesional. / Paco Cazalla
    Armaos de la Macarena en las inmediaciones de la basílica antes de la salida procesional. / Paco Cazalla

La guasa sevillana tiene acuñado un dicho que sin duda guarda cierta relación con las cofradías: Estoy más liado que la pata de un romano. La pata de un romano, por seguir con la terminología popular, estaba liada con las cintas de las caligae, o sea, de sus sandalias, que como es natural aparecen representadas en Semana Santa tanto en los pasos como en los armaos y como parte de todo un vestuario más o menos fantástico. Las caligae eran un calzado pesado y no muy alto (llegaba hasta la zona superior del tobillo) que usaban los legionarios en la época clásica y estaban hechas de cuero. Cuentan las fuentes consultadas que era costumbre de la milicia romana el añadirle clavos a la suela tanto para hacerlo más resistente (el Imperio Romano se conquistó andando desde su centro hasta sus más remotos confines) como para hacer lo que haría cualquier que, sintiéndose acosado por el enemigo, descubriera que no tiene un arma a mano: emprenderla a zapatazos. En semejante tesitura, el que la improvisada macana tenga refuerzos metálicos puede resultar providencial. Siempre se ha dicho que China no necesitaría armas para conquistar el mundo: bastaría con que todos sus ciudadanos la emprendieran a alpargatazos allende sus fronteras, que para eso son tantos. Pues algo así, solo que trasladado al mundo latino. Las caligae eran los zapatos de los romanos en tiempos de Cristo. Y debían de resultar muy atractivas entonces para los chiquillos, porque el hijo del malogrado Germánico, de nombre Cayo, solía ponérselas cuando su padre lo llevaba con él al frente en sus expediciones militares. Los legionarios acuñaron para aquel mozalbete con ínfulas de militar el sobrenombre de zapatitos o botitas, que en latín suena un tanto más inquietante: Calígula. Que viene de caligae.


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