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La bendita normalidad del Dulce Nombre

La cofradía no se puso en marcha hasta las 21.15, una hora más tarde de los previsto

22 mar 2016 / 22:21 h - Actualizado: 23 mar 2016 / 08:30 h.
  • El misterio de la Bofetá, en la plaza de San Lorenzo. / Manuel Gómez
    El misterio de la Bofetá, en la plaza de San Lorenzo. / Manuel Gómez

Con un suspense alargado hasta el último minuto, el Dulce Nombre decidía pasadas las 21 horas que sí, que salía. En San Lorenzo prácticamente se daba por hecho, pero claro, tal y como estaba el día, no estaba la cosa como para dar por seguro nada. Al final, entre unas cosas ya otras, la cofradía no se puso en marcha hasta las 21.15, una hora más tarde de lo que tenía previsto, peccata minuta para como se había puesto el día. Aún así, y para ganarle minutos al reloj, se decidió llegar a la plaza del Duque directamente por Trajano, lo que dejó con un palmo de narices a los que llevaban un buen rato esperando en la calle Jesús del Gran Poder, el itinerario inicialmente previsto.

Con la confirmación del Dulce Nombre se daba la curiosa circunstancia de que este Martes Santo sólo llegaban a la Carrera Oficial nazarenos blancos de cola, ya que los que llegaban desde San Lorenzo se pusieron detrás de los de la Candelaria. El resto de hermandades no lograron alcanzar esa tierra prometida que es la Campana, quedándose algunas (como San Esteban) bien cerquita, como le ocurrió al mismísimo Moisés.

El misterio de la Bofetá, que por cierto estrenaba el dorado y los angelitos de su canastilla, se convertía así en el único barco que llegaba al puerto de la Carrera Oficial, tras el fiasco de San Benito. Andando al ritmo que le marcaba las Cigarreras, la mole dorada saludó al Gran Poder y maniobró entre el gentío agolpado en San Lorenzo, y es que con lo torcido que estaba el día había ganas de cofradías y pocas que ver.

No se había cumplido ni una hora desde la apertura de las puertas de la parroquia cuando, en una rápida maniobra, se ponía en la calle el palio de la Virgen del Dulce Nombre, que asomaba a una noche ya fría con los sones de la marcha Esperanza Macarena. La dolorosa era otra de las novedades del día, porque salía tras la restauración a la que ha sido sometida por Carmen Bahima, recuperándole la luminosidad original que le confiriera Castillo Lastrucci en 1924.

Junto a ella, el San Juan, que también ha pasado por las manos de la restauradora, un San Juan que sí pudo pasear por Sevilla para compensar lo que ocurrió con el de los Javieres, que se estrenaba pero no pudo estar en la calle ni un cuarto de hora por el fuerte chaparrón que golpeó a los de Omnium Sanctorum. Y es que las tres horas que separaron ambas salidas fueron todo un mundo, confirmándose que de lo eterno a lo efímero va una distancia que puede medirse en gotas de agua. A los Javieres le tocó la peor parte de la lluvia, mientras que el Dulce Nombre disfrutó de la bendita normalidad que le faltó a este Martes Santo.


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