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La Estrella hace historia con sólo pisar su puente de Triana

El cortejo de la hermandad de San Jacinto lo abrió por primera vez una mujer, Dolores María Álvarez. Otras muchas, anónimas, lo cerraban

25 mar 2018 / 22:48 h - Actualizado: 25 mar 2018 / 23:18 h.
  • La Estrella hace historia con sólo pisar su puente de Triana
  • Padre Jesús de las Penas virando en pleno puente de Triana. / Manuel Gómez
    Padre Jesús de las Penas virando en pleno puente de Triana. / Manuel Gómez

{Los pies del número 37 de un nazareno de ojos verdes «tirando a marrones» fueron los primeros del cortejo de la hermandad de La Estrella en pisar el puente de Triana. Un dato sin relevancia si no fuera porque esos pies son los de una mujer, la primera fiscal de cruz de la corporación: Dolores María Álvarez Escamilla, «y no María Dolores como han escrito», reivindicaba junto a la cruz de guía de la hermandad trianera. Dolores María andaba «orgullosa» bajo un cielo celeste digno de los mejores Domingos de Ramos. Ella abría la comitiva, pero otras muchas mujeres la cerraban de forma anónima.

La cofradía salía puntual de su templo con otro dato para la historia: más de 2.500 papeletas de sitio otorgadas, de las que 2.226 eran de nazarenos. Así que Dolores María tuvo el «honor» de abrir el paso al cortejo más largo nunca visto en La Estrella en un día pleno. Una vez que se dijo adiós a la lluvia matinal, el misterio de Las Penas lució su monte de iris morados y el palio de La Estrella sus rosas color champán, jacintos y frecsias blancas.

No hubo ni un pero. Ni siquiera la disparidad de opiniones que provocaron los nuevos ciriales labrados por la orfebrería de Ramón León y con miniaturas de Encarnación Hurtado. Un juego de seis ciriales para el cortejo del Señor de Las Penas con la imagen de un ángel mancebo en el interior de un templete que porta algún tributo de la pasión. «Desde luego no son ciriales tradicionales». «Son bonitos, pero quizás algo recargados». «Muy trabajados». Esos fueron algunos de los comentarios de los hermanos y cofrades que veían pasar el cortejo en la misma San Jacinto, donde la dolorosa del rostro anacarado atribuida a La Roldana, bajo el palio de Garduño nacido en los talleres de Fernando y Enríquez, vivió un Domingo de Ramos ajena a los vaivenes de las primeras lluvias, de los retrasos y de los cambios.

DE MUJER A MUJER

Casi cuatro horas antes de la salida de la hermandad estaban ya apoyadas en la valla junto a la puerta de la capilla de La Estrella Alba, de 14 años; Estrella y Lucía, ambas con 13. Con ellas, la madre de Estrella, Isabel. Durante la espera una conversación: «Somos iguales, así que la mujer también debe estar en los altos cargos de la cofradía». «Sentimos la discriminación en la sociedad, así que hay que luchar por la igualdad». «El hecho de que una mujer abra, por primera vez, el cortejo es estupendo. Un pasito más». «Hay que involucrarse más. La mujer no sólo debe estar para limpiar la plata. Nosotras solucionamos muchos problemas, pero no se ve», apostillaba Isabel con su experiencia. Su marido es costalero en el paso de Cristo desde hace 27 años y su hija Alba, nazarena. Todas son de El Tardón.

De San Juan de Aznalfarache son Ana María y Araceli, mujeres que «por una penitencia» cerraban el cortejo. La primera para agradecer a La Estrella la recuperación de su madre, la segunda, la de su marido. Zapatos en mano y tras una ofrenda de flores aseveraban: «Aquí está ella para respondernos siempre». Ella, «que cuando ha salido ha traído el sol». Ella, ya se sabe, «alabastro de Gracia reluciente, madre divina, Virgen de La Estrella».


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