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Semana Santa 2017

La niña que nunca se hará mayor

La Virgen de Guadalupe lució este Lunes Santo vestida de hebrea con motivo de los cincuenta años que se cumplen de su bendición.

10 abr 2017 / 21:43 h - Actualizado: 10 abr 2017 / 23:25 h.
  • La niña que nunca se hará mayor
    El paso de palio de Guadalupe saliendo de su capilla de la calle Dos de Mayo. / Jesús Barrera
  • La niña que nunca se hará mayor
    El capataz dando órdenes a los costaleros. / Jesús Barrera

Ella va guapa con lo que sea. Así de claro sentenciaba un veterano hermano de las Aguas el debate cofradiero que había surgido sobre la ropa de hebra que lucía este Lunes Santo la Virgen Guadalupe. Ni lo tuvo que decir fuerte ni tampoco repetirlo, sus contertulios se quedaron sin argumento de réplica y por sus adentros seguro que dirían algo así como «eso es así».

Guadalupe cumplía medio siglo de vida bendecida y la hermandad ha querido homenajear a aquellos hermanos de hace medio siglo que, al frente de una hermandad sin apenas recursos y que entonces estaba erradicada en la parroquia San Bartolomé, decidieron buscar una dolorosa para sacarla los Lunes Santo bajo palio junto al Cristo de las Aguas. Y de repente, tras varias vueltas, rodeos, propuestas, apareció el niño Luis Álvarez Duarte con su Virgen niña, que no tenía nombre entonces pero sí tenía ya cara de Guadalupe.

Nueve meses estuvo expuesta en San Bartolomé vestida de hebrea para que los sevillanos comenzaran a admirarla y quererla. Fue como presentación y una declaración de amor que todavía sigue viva como el primer día. Y por esa razón, cincuenta años después ha lucido de la misma forma y se ha paseado así por las calles de Sevilla. Por eso, aunque a algunos no les gustará, la frase de este veterano mandaba. «Ella va guapa con lo que sea».

Además de ir vestida de hebrea, el mejor homenaje que la hermandad podía hacer era que la cofradía se paseara de forma triunfal por las calles. Se notaba que era un día especial en el Arenal porque desde mucho antes de que se abrieran las puertas del templo, ya estaba ocupada buena parte de las inmediaciones de la capilla de la calle Dos de Mayo. Los ancianos de la Hermandad de la Caridad también iban llegando ayudados por voluntarios porque allí nadie quería perderse nada de lo que iba a pasar. Que fue mucho y bueno.

El sol también pegaba de lleno en buena parte del barrio, donde también estaba la sombra bastante cara. Gafas, abanicos, botellas de agua y el clásico recurso de la mano en la frente para mitigar la fuerza del Lorenzo era lo único que se podía hacer mientras tanto.

Puntualmente se abrieron las puertas para que saliera la Cruz de Guía mientras que el cuerpo de nazarenos salía un año más de las Atarazanas (una pena que la mayoría salga de allí con los zapatos manchados de albero) antes de dar paso al poderoso paso de misterio del Cristo de las Aguas. Un gran barco que con el buen hacer del capataz, de la cuadrilla y el excelente acompañamiento de las Tres Caídas de Triana, logró crear un ambiente mágico en la calle Dos de Mayo.

Y poco después llegó la niña homenajeada, cuyo cumpleaños también lucía en una gran pancarta colgada desde la torre de la capilla. Muchas lágrimas corrían por los rostros de los allí presentes porque medio siglo después, la locura que idearon unos pocos hermanos ya era una realidad más que consolidada. Y la estación de penitencia fue por ellos, por los de ahora y por todos los que vendrán.


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