lunes, 19 noviembre 2018
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Lágrimas como pétalos

El palio de la hermandad de la Exaltación es recibido en la estrechez de la calle Gerona con alegría y una chicotá suave para salvar los balcones

29 mar 2018 / 19:27 h - Actualizado: 29 mar 2018 / 22:24 h.
  • El paso del Santísimo Cristo de la Exaltación nada más salir de la iglesia de Los Terceros. / Fotos: Jesús Barrera
    El paso del Santísimo Cristo de la Exaltación nada más salir de la iglesia de Los Terceros. / Fotos: Jesús Barrera
  • Petalada a Nuestra Señora de las Lágrimas en la angosta calle Gerona.
    Petalada a Nuestra Señora de las Lágrimas en la angosta calle Gerona.

Solo hay tres jueves que relucen más que el sol y el Jueves Santo es uno de ellos. Si no es así, que se lo digan a las personas que esperaron la salida de la hermandad de la Exaltación de la iglesia de los Terceros bajo un lorenzo de justicia. Como la toponimia no engaña, muchos entienden cada Jueves Santo por qué la calle Sol se llama así.

Con una puntualidad británica salió la cruz de guía tan característica de La Exaltación, en la que aparecen todos los atributos de la Pasión de Cristo. Las escaleras, la lanza y la esponja, las tenazas, el martillo, los clavos, corona de espinas, cáliz, dados, el paño de la Verónica, el gallo o la columna donde Jesús fue azotado. Una personalísima insignia que se abría paso por la calle Sol buscando Gerona cuando el misterio comenzó a moverse en el interior de Los Terceros.

Un interior oscuro y sombrío. Se podría suponer que mucho más fresco que el exterior, a donde solo llegaba el destello de uno de los varales de la Virgen de las Lágrimas. Cuando el Señor de la Exaltación llegó al dintel de la puerta, Mariano Falcón conminó a los suyos a bajar los cuerpos. Las potencias que lucían sobre las sienes del crucificado recibían los primeros rayos de sol. La llamada corta de los costaleros hacía que vibraran mientras sus puntas rozaban la piedra del dintel de la puerta de Los Terceros.

El misterio al completo en la calle, que se llenó de sol en todos los sentidos, porque las cornetas de la banda del Sol, con las icónicas plumas y su inconfundible uniforme azul, a imagen y semejanza de la vestimenta de gala de la Policía Local, comenzaron a sonar. Con la marcha Barrabás, el misterio del Señor de la Exaltación realizó su primera revirá en la calle.

A los pies de la cruz, que aún está sin erguir sobre el monte Calvario, se encuentran Dimas y Gestas. Maniatados, los ladrones esperan su crucifixión. Dos sayones judíos tiran de dos sogas para levantar la pesada cruz. Uno de ellos, lucía un turbante donado por la familia López Camacho.

El dorado paso se alejaba buscando Gerona. Lejana quedaba la visión de los dos imponentes caballos que esculpiera Juan Abascal. Los Terceros era una hilera de penachos blancos de la banda del Sol y del templo comenzaban a salir los nazarenos que preceden al paso de palio. El primero de los tramos estaba lleno de niños. «Levantamos los cirios» dijo el diputado de tramo, si bien los pequeños apenas podían sostener el cirio al cuadril.

Los programas de mano, con los bordes ya gastados y arrugados, servían para abanicarse mientras salían los nazarenos. Por un momento, la calle respiró aliviada y agradeció la brisa de aire fresco que sopló durante unos minutos. Sin embargo, los nervios estaban a flor de piel. Salía el estandarte, de cuyo remate pendían las medallas de las hermandades de la Sagrada Cena y La Redención. La sede de esta última, la iglesia de Santiago, fue el lugar en el que la priostía montó el palio de la Virgen de las Lágrimas para trasladarlo hasta Los Terceros.

Una vez fuera, el palio se llenó del sol que le daba de frente y que dejaba a la vista el exorno floral en tonos pasteles compuesto por alhelíes, fresias y orquídeas blancas, rosas color sáhara, retama, paniculata gris acero, iris blanco y eskeleton con pan de oro. Flores que se vieron salpicadas por los cientos de pétalos que tiraron los miembros del grupo joven de La Exaltación. Fue en la estrechez de Gerona, donde la cuadrilla comandada por Emilio Moreno tuvo que avanzar con una suave chicotá, sin excesiva cintura, para que los varales salvaran los balcones. Esos pétalos fueron las lágrimas de un cielo azul de un Jueves Santo que relució más que el sol. Puede que la próxima vez que el Señor de la Exaltación vea el cielo de Sevilla sea desde Santa Catalina. Hasta entonces, la Virgen de las Lágrimas seguirá buscando en los balcones de Gerona esos pétalos que coloreen su techo de palio.


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