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El Amor

Lo que dura en el Salvador el anochecer

Esta tardía Semana Santa permite ver al Amor entre el azul tiniebla y el negro cerrado

09 abr 2017 / 23:45 h - Actualizado: 10 abr 2017 / 01:02 h.
  • El Cristo del Amor, el único crucificado del Domingo de Ramos, cierra una jornada marcada plena. /Teresa Roca
    El Cristo del Amor, el único crucificado del Domingo de Ramos, cierra una jornada marcada plena. /Teresa Roca
  • Cada año se nota el proceso de renovación de la candelería. La Virgen del Socorro lució como nunca. / Teresa Roca
    Cada año se nota el proceso de renovación de la candelería. La Virgen del Socorro lució como nunca. / Teresa Roca

Esta tardía Semana Santa, con el cambio de hora ya implantado permitió tomar una nueva medida de lo que dura el anochecer, al menos en la plaza del Salvador un Domingo de Ramos: 1.200 nazarenos de ruán negro avanzando de dos en dos, muy juntos y a paso ligero. El cielo era azul tiniebla cuando volvieron a abrirse las puertas del Salvador por segunda vez en la jornada –cuando se cerraron apenas un rato antes tras el paso de la Borriquita aún se asomaba el sol que hizo justicia durante toda la jornada–. Pero a través de la malla transparente del palio de la Virgen del Socorro cuando salió el último paso en abandonar su templo de la jornada ya sólo se veía negro. Cuando Cristo murió en el Gólgota el cielo de Jerusalén se oscureció. Lo mismo ocurrió en la capital hispalense más de 2.000 años después cuando asomó a las puertas del templo del Salvador el único Crucificado muerto que procesiona en Sevilla el Domingo de Ramos.

El Cristo del Amor enmudeció a una plaza que parecía imposible que se quedara en silencio cuando minutos antes estaba envuelta entre el murmullo de la multitud congregada, el trino nervioso de los gorriones justo antes de acostarse y los tímidos sones de los músicos de María Santísima de la Victoria afinando sus instrumentos. Pero el Crucificado de Juan de Mesa calló a todos al asomarse, con los dos costeros por pareja a tierra para salvar el dintel de la puerta interior sin tener que bajar la cruz.

El silencio permitió así oír el rachear de las zapatillas de los costaleros por la famosa rampa de madera que salva la escalinata del templo e incluso la voz del coro y el tenor que desde dentro interpretaban las Coplas del Amor. Pese a que a lo lejos se escuchaban los sones de la banda de La Hiniesta que emprendía su camino de vuelta por la Plaza del Pan, justo a la espalda.

El anochecer ya era completamente cerrado aunque el público en las calles de la ciudad era casi tan numeroso como durante el día, gracias a la buena temperatura. Y mientras seguían saliendo del Salvador penitentes y nazarenos volvió el inevitable murmullo del gentío en la plaza (menos los trinos de los pájaros, ya prácticamente acostados). Un paréntesis hasta que asomó por la puerta la Virgen del Socorro, que bajó la rampa e hizo la primera revirá ya pisando la calzada a los sones de Nuestro Padre Jesús.

El palió lució este año en los jarrones laterales unos originales tulipanes blancos. Desde que se encarga de su ornamentación Floristería Javier Grado cada año presenta alguna innovación más allá de los clásicos claveles aunque sin estridencias que rompan el estilo de la cofradía. Con las aportaciones de los hermanos, cada año se nota el avance en el proceso de renovación de la candelería que está realizando la hermandad.

Testigo de excepción de la salida de la cofradía desde el interior este Domingo de Ramos fue el pregonero de este año, el periodista Alberto García Reyes.


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