lunes, 19 noviembre 2018
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Los niños de la Alameda son ya ‘nazarenitos’ del Carmen

Una fiel infantería de unos 150 pequeños formaba parte de un cortejo que en doce caminos a la Catedral ya ha demostrado ser una cofradía madura

28 mar 2018 / 18:23 h - Actualizado: 28 mar 2018 / 21:49 h.
  • El palio de Nuestra Señora del Carmen sale de la parroquia de Omnium Sanctorum. / Teresa Roca
    El palio de Nuestra Señora del Carmen sale de la parroquia de Omnium Sanctorum. / Teresa Roca
  • La hermandad de El Carmen lleva ya 12 estaciones a la Catedral. / Teresa Roca
    La hermandad de El Carmen lleva ya 12 estaciones a la Catedral. / Teresa Roca

Los niños de la Alameda son los mismos que juegan a ser cofrades cada nuevo Miércoles Santo. Esos, que son también los que corretean en los alrededores del Mercado de la Feria con sus caras llenas de churretes y unas sonrisas que no parecen tener caducidad, son los mismos que bajo el antifaz carmelita de Omnium Sanctorum dan una lección de madurez cada vez que se enfundan sus túnicas de nazareno. Sacar a la calle un cortejo con tan fiel chiquillería es una virtud de las que muchas hermandades presumen pero que tan solo en unas pocas se puede constatar. Y en eso la cofradía del Carmen, con una docena de estaciones de penitencia a la Catedral a sus espaldas, tiene ya más que una matrícula de honor.

No es algo nuevo sino que viene de atrás y este año lo han vuelto a demostrar. Más de un centenar de mininazarenos repartidos en sus tramos y cuyos capirotes apenas destacaban entre la muchedumbre que aguardaba la salida del cortejo a las puertas de Omnium Sanctorum, entre las calles Feria y Peris Mencheta, resistiendo a golpe de agua y abanico un sol que a eso de las tres de la tarde caía a plomo sobre el centro de la ciudad. Alejandro era uno de esos pequeños monaguillos carmelitas que esperaban en el interior de la parroquia la hora de la salida junto a su madre. Se le veía orgulloso de su túnica –no le faltaba un detalle– aunque por encima de todo presumía de la cesta de caramelos y estampas con la que repartiría ilusiones en esta tarde de Miércoles Santo. Todo en orden hasta que Carmen y Cristina, las paveras de la cofradía, llamaron a filas a la infantería de esclavina y canasto para formar la escolta que más hace sonreír a la Virgen del Carmen.

Eran casi las tres de la tarde y el hermano mayor de la cofradía, Manuel Luis Pazos, daba a su cortejo las últimas indicaciones. La arenga final tenía mucho de compromiso y poco de brindis al sol. «Vamos a demostrar hoy que somos una hermandad madura», dijo de forma clara y rotunda, minutos antes de que se abriera el portón de la parroquia de Omnium Sanctorum y el imponente sol se colara hasta las mismas entrañas del templo mudéjar. Un haz de luz que enmudeció al golpe seco del llamador del paso de misterio. En él, el Señor de la Paz con una túnica tan blanca como el alma de sus niños y un juego de potencias de estreno realizadas por el taller de Orfebrería Villarreal. Aunque entre todos el detalle más hermoso era el que no se veía pero sí estaba. En algún lugar muy próximo a la imagen del Cristo que la hermandad prefirió no hacer público se había colocado un recuerdo al pequeño Gabriel Cruz. Un homenaje que estuvo también presente bajo las trabajaderas del paso de misterio, de cuya cuadrilla forma parte desde hace más de 30 años uno de los tíos del pequeño almeriense.

Los sones de Virgen de los Reyes, que interpretó Perdona a tu Pueblo y Consuelo Gitano, acompañaron al misterio en sus primero metros en la calle Feria, en los que la pericia de la cuadrilla de los hermanos Gallego fue respondida con aplausos de los sevillanos que aguardaban la salida. Llamó mucho la atención el exorno floral del paso, compuesto este año por rosas lilas colombianas, clavel cardenalicio, statis, eucalipto y anthirrinum. Al igual que el del palio, que llevaba un variado de flores en color blanco con un aroma exquisito. Era, precisamente, la Virgen del Carmen quien a esa hora de la tarde –tres y media de la tarde, aproximadamente– aún aguardaba en el altar mayor de la parroquia su primera levantá.

La presidenta del Colegio de Procuradores, cuyo patronazgo ostenta la Virgen del Carmen, asistía a la salida de la cofradía. Junto a ella, los representantes de la Armada y del convento del Santo Ángel formando parte del cortejo del palio. La emoción llegó cuando el capataz acercó a la delantera del paso a los familiares de Manolo Vaquero, en cuya memoria se dio la primera levantá. «Por él, que lo dio todo por la hermandad». Ahora sí, todo estaba consumado. La Virgen se aproximaba poco a poco al dintel de la parroquia para iniciar una maniobra nada sencillo. Pero de nuevo se cumplió el sueño del Miércoles Santo en Omnium Sanctorum. El palio buscaba ya esa misma Alameda en la que cada día juegan a ser felices los nazarenitos del Carmen.


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