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Semana Santa 2019

El amor de Cristo se hizo en Sevilla de Madrugá

El amanecer del Viernes Santo no tuvo incidencias y la lluvia dio tregua para que muchos sueños se hicieran realidad

19 abr 2019 / 07:01 h - Actualizado: 19 abr 2019 / 18:34 h.
  • La Macarena en su tramo final. / Hermandad de la Macarena
    La Macarena en su tramo final. / Hermandad de la Macarena
  • Tradición sin límites: con el número 8 de la Hermandad José Maldonado de 86 años junto a José Maldonado hijo número 23 y los tres nietos Pepe Antonio y Juli, reforzando la tradición.
    Tradición sin límites: con el número 8 de la Hermandad José Maldonado de 86 años junto a José Maldonado hijo número 23 y los tres nietos Pepe Antonio y Juli, reforzando la tradición.
  • Tradición sin límites: con el número 8 de la Hermandad José Maldonado de 86 años junto a José Maldonado hijo número 23 y los tres nietos Pepe Antonio y Juli, reforzando la tradición.
    Tradición sin límites: con el número 8 de la Hermandad José Maldonado de 86 años junto a José Maldonado hijo número 23 y los tres nietos Pepe Antonio y Juli, reforzando la tradición.
  • El Señor de la Sentencia por la Plaza de San Francisco. / Hermandad de La Macarena
    El Señor de la Sentencia por la Plaza de San Francisco. / Hermandad de La Macarena
  • El amor de Cristo se hizo en Sevilla de Madrugá
  • Tradición sin límites: con el número 8 de la Hermandad José Maldonado de 86 años junto a José Maldonado hijo número 23.
    Tradición sin límites: con el número 8 de la Hermandad José Maldonado de 86 años junto a José Maldonado hijo número 23.
  • El amor de Cristo se hizo en Sevilla de Madrugá

Un soplo. Todo ha transcurrido en un soplo. Pausa serena. Nocturnidad abierta. Sevilla abrió sus puertas a un amanecer que selló su impronta en plena primavera.

El pánico ausente, la calma fue bella. Los rezos reconvergieron la estampa y La Madrugá volvió a ser lo que era. Sus bullas espléndidas y el paso de las cofradías exento de problemas.

Pleno de hermandades. Seriedad y festejo ofrecieron una jornada perfecta. Desde el Silencio hasta los Gitanos, la mudá del paso hispalense tuvo distintas tonalidades y en todas sus versiones la armonía fue certera. Si fuiste de los que buscaste de Sevilla su esencia, encontraste ese amor en la mirada de cualquiera.

Empezando por la hermandad primitiva, Jesús Nazareno volvió en carrera oficial a ser la pionera. Los flases fueron de nuevo eco de que abrazaste a tu cruz, Señor, por todos los cristianos que hoy se sobrecogieron con tu presencia. Más cuando te sigue la concepción que acogiera tu vida entera. Que su ejemplo brinde ilusión a todas las que abortar piensan. No hay mayor honor que el de concebir a un hijo con el gozo de regalarle la vida. No nos llamemos a engaños: el amor de una madre a nada se asemeja.

De amores la noche estuvo llena. En San Lorenzo hay un poder que va más allá de toda frontera. Diluidos los imposibles. Para él no existen dolores que sanar no pueda. Su rostro es Fe, dolor, sufrimiento, endereza. La ciudad enmudeció cuando vio que de tu corazón nadie se quedó fuera.

Fuiste calma para la ira, desasosiego para todas las penas. No es mayor el dolor que el de aquel que empatizó con el derroche de amor que al mundo procesas. Tu devoción no tiene límites... Sevilla, una noche más, se te quedó pequeña. El regreso a su casa no fue despedida para aquellos que durante el año lo anhelan. 364 días más para poder orarte cuántas veces quieran.

De basílica a basílica, Sevilla torna su "mesía" con redobles inigualables de tambores que anuncian una buena nueva: la esperanza es mayúscula y su nombre es Macarena. La sentencia fue escrita y el bullicio de nuevo recorrió toda su tierra. En Santa Ángela te cantaron con la humildad que de muchos se aleja. El cántico de "guapa, guapa y guapa" la mayoría ya lo detestan. Tu semblante estuvo por encima de toda arrogancia. La vanidad sevillana fue erradicada por momentos. Llevaste el manto camaronero y tras él muchos contigo fueron. Qué pena que en el arco siempre predomine el ego. ¿No se percatan de tu cansancio? Como buena madre deberían brindarte sencillez. Bendita ya es su pureza, Sevilla te concibe celestial y reina.

Pausamos la marcha, sólo el espacio fue necesario para poner en marcha la oración. Primer y único crucificado de la noche, Calvario es el monte al que acudieron de madrugada para desvelar que todo merece la pena por esta pasión. Qué manera de aliviar el sufrimiento de aquellos que depositan en ti sus amarguras para que podamos pregonar al mundo que viniste aquí sólo por amor.

Amor infundido sin rencores, ni egoísmos y mucho menos desilusión. Amor el que fue presentado por una Virgen que, valga la redundancia, no necesita ninguna presentación. Menor es el número de nazarenos pero igual de bravo su corazón. El negro pedromina y de ciertos ojos se vislumbra un verde esperanzador.

Hablando de esperanzas, la jornada continua en el siguiente renglón. Capirotes morados y verdes se avecinan desde Pureza de trianeras maneras para contarle al pueblo cómo se vive en dicho barrio este fervor.

Te "mesieron", bailaron y tocaron para avivar tus tres caídas. No hubo miedos y brilló por su ausencia el temblor. Qué maravilla ver cómo el pueblo guarda tal expectación. A Campana arriaste bajo un manto de flores que cubrieron el misterio con pétalos de amor. Precioso el momento, a pesar de los excesivos gritos. Más de uno debería pedir perdón. La Madrugá es bella sin chillidos ni berridos. Mejor no prestarle a ciertas cosas atención.

Moreno es el color de sus titulares. La Esperanza trianera tan guapa como en cada ocasión. Su exorno florecido y abundante. La hermandad tiene un sello que deja muchísimo sabor. Alegría para cualquier tristeza, a tu regreso tampoco faltó el último colofón. Salve marinera, orgullo y tesón. Magnificencia al rezarte, la oración estuvo presente en todo su esplendor.

La "mesia" más cortita, llegó el Gitano para contarle al pueblo como se lleva un paso cuya salud fue testigo de todo el empeño de una cuadrilla de costaleros que, un año más, puso toda la carne en el asador. A fuego lento se percibió que "er Manué" tocó del creyente su corazón. No hay angustias que valgan, pues ella consigo nuevamente las llevó. El sendero fue testigo de cómo se venera a tal advocación. La mañana se acercó y la Iglesia del Valle fue la última parada en esta estación.

Punto y aparte, seguido y final. La ciudad fue nuevamente ejemplo y se comportó hasta el final. Cuánta falta hacia aludir a esta realidad. Por el contrario, esta tarde los presagios meteorológicos, según informan desde AEMET, no son buenos y la jornada se podría estropear. De momento todo queda dicho. "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". Que sea lo que Dios quiera. Hágase su voluntad.


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