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La Cena

Multitudinaria Eucaristía

El Cristo de la Humildad de La Cena estrenó un variado exorno que incorpora tonos anaranjados a las tradicionales flores moradas y rojas

09 abr 2017 / 19:29 h - Actualizado: 09 abr 2017 / 23:47 h.
  • El impresionante misterio de la Sagrada Cena, rodeado de público, en la estrechez de Orfila donde lo recibió una representación de Los Panaderos. / Jesús Barrera
    El impresionante misterio de la Sagrada Cena, rodeado de público, en la estrechez de Orfila donde lo recibió una representación de Los Panaderos. / Jesús Barrera
  • La variedad de flores del Cristo de la Humildad llamó la atención. / Jesús Barrera
    La variedad de flores del Cristo de la Humildad llamó la atención. / Jesús Barrera

Con el sol en lo más alto, que parecía coger en su mano derecha el Señor de la Sagrada Cena, el misterio con más personajes de la Semana Santa sevillana salió a la calle tras la interrupción por la lluvia que el año pasado dejó a la cofradía en los Terceros. Este año, la única lluvia fue la de pétalos que recibió Nuestra Señora del Subterráneo durante todo su discurrir por la calle Sol y el único agua que se veía era el de las botellas que nazarenos y cofrades portaban como complemento imprescindible de un Domingo de Ramos tan caluroso que las madres de los muchos pequeños nazarenos que lleva esta hermandad no paraban de subir el antifaz a sus retoños para abanicarles con el programa de mano preocupadas por ellos. La misma preocupación que mostraban los aguadores, imprescindibles como nunca, por sus hermanos costaleros bajo las trabajaderas.

No sólo en el cortejo de nazarenos era amplia la chiquillería –por cierto, que junto a los clásicos caramelos y estampitas, los nazarenitos reparten ya hasta gusatinos–. En primera fila de la banda de Las Cigarreras desfilaban, llevando el paso como corresponde, varios futuros músicos –o al menos eso desean sus padres– como el pequeño Jorge, que con apenas tres años no paraba de probar el tambor de su padre mientras esperaban la salida de la cofradía, sorprendiéndose a cada toque de los sonidos que lograba sacarle al instrumento.

A los sones del Himno de la Eucaristía salió el misterio de la Sagrada Cena, que completó la revirá para enfilar Sol de una chicotá que acompañó la banda encadenando la marcha inicial –que versiona la conocida canción de Misa– con Sagrada Eucaristía. «Con elegancia, suave como un tocino de cielo», ordenaba el capataz Rafael Díaz Talaverón a sus hombres bajo el inmenso barco que recrea una Eucaristía que en Sevilla deja la intimidad que Jesús compartió con sus discípulos para hacerse multitudinaria. Una vecina emocionada le entregó un ramo de flores para el paso «por una tía mía que ha fallecido». En primera fila asistía, como cada año, Pascual, emigrante residente en Alemania desde 1952 que cada año vuelve para disfrutar de la Semana Santa sevillana y no falta a su cita con salida de La Cena porque «en esta calle nació mi mujer». Eso sí, los años de frío germano le hacen llevar ya mal el calor hispalense y tiene claro que el resto de la semana cambiará el traje de chaqueta y la corbata por un atuendo más fresco.

Al Cristo de la Humildad y Paciencia le dedicó la Escolanía Salesiana María Auxiliadora que le acompaña la marcha versionada Humildad, Rey de los Terceros compuesta este año por Héctor Guerrero, que en febrero regaló a la hermandad la partitura de su composición. Como es habitual, la banda del Maestro Tejera que va con la Virgen acompañó la salida del Cristo interpretando Humildad y Paciencia, antes de que emprendiera la estación de penitencia en el silencio reflexivo de los momentos previos a su crucifixión.

Llamó la atención el variado exorno floral que adornó este año el paso, en el que junto a los clásicos lirios morados y los claveles y flores silvestres rojos sobresalían nuevos tonos amarillos y anaranjados que conferían a la canastilla de madera más luminosidad y alegría.

El palio de la María Santísima del Subterráneo se asomó a la puerta de Los Terceros a los sones de la marcha que lleva su nombre, a la que siguieron La realeza de María y Coronación de la Macarena (ésta ya en la calle dedicada al histórico capataz de la Esperanza Manolo Santiago).

Varias petaladas seguidas acompañaron el discurrir de la Virgen del Subterráneo por la calle Sol, dejando la calzada cubierta de un manto rojo y blanco que fue carne de cañón de fotos vía móvil por parte del público congregado. Una calle Sol en cuyos balcones no sólo lucían palmas y colgaduras sino un curioso muñeco vestido de nazareno que captó la atención de más de uno. Ojo que así empezó la moda de los muñecos de los Reyes Magos colgados de los balcones.


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