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Primera monografía sobre los pasos de Cristo de Sevilla

La investigación de José Roda Peña recibe el premio ‘Archivo Hispalense’

27 dic 2015 / 10:46 h - Actualizado: 27 dic 2015 / 10:54 h.
  • Una de las pinturas más antiguas de un paso sevillano representa al Nazareno del Silencio.
    Una de las pinturas más antiguas de un paso sevillano representa al Nazareno del Silencio.

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Desde el paso del Señor del Gran Poder, el más antiguo de los que se conservan, hasta el del misterio de la nueva hermandad de la Milagrosa. Todas las hermandades sevillanas, incluidas las de vísperas, están representadas y recogidas en la investigación del profesor José Roda Peña sobre la evolución estilística de los pasos de Cristo en la Semana Santa sevillana que ha sido galardonada recientemente por la Diputación de Sevilla con el Premio de Monografías Archivo Hispalense en su edición de 2015, dentro de la sección de Arte. Se trata del primer trabajo de investigación acometido desde la perspectiva de un historiador del arte que versa sobre este peculiar género de ensambladuras procesionales que son los pasos de Cristo, desde su aparición en la segunda mitad del siglo XVI hasta los más recientes ejemplos registrados en el momento actual.

Bajo el título Retablos itinerantes. El paso de Cristo en la Semana Santa de Sevilla, la investigación repasa la evolución estilística que han seguido las andas procesionales de los llamados pasos de Cristo o de misterio, tanto en su traza, composición, repertorios decorativos, recursos cromáticos y programas iconográficos. «He pretendido hacer un libro de consulta, que tenga una utilidad práctica, de manera que cualquier estudioso pueda acceder de un vistazo a toda la información referida a estos retablos itinerantes que son las andas procesionales, a través de sus tres componentes básicos, como son la talla, el dorado y la escultura decorativa», apunta el autor de la investigación, el doctor en Historia del Arte y profesor titular de esta materia en la Universidad de Sevilla, José Roda.

La obra, que será publicada a lo largo del año entrante, es fruto de varios años de consulta de un extenso corpus bibliográfico y hemerográfico, así como de la paciente búsqueda acometida en diversos repositorios documentales, como el Archivo Histórico Provincial, el general del Arzobispado, el municipal y los de un buen número de hermandades. «He manejado y accedido a un gran arsenal de documentación inédita», dice el investigador, a quien le ha resultado especialmente valioso todo el caudal de noticias recogidas por los periódicos locales en los siglos XIX y XX referidas al estreno y a la remodelación de esas andas.

De 200 a 300 pasos

A lo largo de sus diferentes capítulos se incluyen referencias a «entre 200 y 300 pasos», ya que la obra «se detiene también en los pasos desaparecidos de la Semana Santa de Sevilla y los que se han ido vendiendo a otras localidades de la provincia de Sevilla y del resto de España y cuyos ingresos sirvieron en ocasiones para revertirlos en la adquisición de un paso nuevo».

El primer capítulo de la monografía, titulado Las primeras andas procesionales, abarca desde mediados del siglo XVI hasta mediados del XVII y «trata de reconstruir virtualmente, a través del estudio documental de inventarios de bienes, actas capitulares y contratos de obra, cómo era la fisonomía de esos primeros pasos de los que no hay constancia gráfica».

El siguiente capítulo, La consagración del paso barroco, abarca la segunda mitad del siglo XVII y se detiene especialmente en las andas del Señor del Gran Poder, obra de Francisco Antonio Gijón, gran referente y prototipo del paso barroco. El trabajo pone de manifiesto los múltiples paralelismos que existen, desde el periodo barroco, entre el paso procesional y el retablo. «Al mismo tiempo que realizaban retablos o sillerías de coro, los grandes retablistas barrocos, como Bernardo Simón de Pineda, Cristóbal de Guadix, Francisco Dionisio de Ribas o el propio Francisco Antonio Gijón, ejecutaban pasos procesionales como una faceta más de sus quehaceres artísticos. Se trata, en definitiva, de lo mismo, arquitectura en madera».

Le sigue el capítulo denominado La difusión del paso barroco en el siglo XVIII, con epígrafes dedicados a los pasos de la Sagrada Mortaja, «el segundo más antiguo de nuestra Semana anta», al del Nazareno del Silencio, «cuyos dos ángeles que escoltan al Señor son los originales del XVIII», y a los desaparecidos en esta centuria de los que ha quedado constancia.

El siguiente capítulo, El paso de Cristo durante el siglo XIX, analiza los modelos que sucedieron al paso barroco: el neoclásico, el neogótico y el neobarroco, mientras que el último apartado de la investigación se adentra en el análisis de La nueva edad de oro del paso procesional, «periodo que abarca el siglo XX y lo que llevamos del XXI».

El libro cuenta con un aparato gráfico importante compuesto por más de 150 fotografías, «desde pinturas que reproducen pasos procesionales del XVII, como los que están en la hermandad del Silencio, hasta grabados, litografías o documentos del inicio de la técnica fotográfica de mediados del XIX». Para Roda Peña podría hablarse de cuatro pasos que han servido de «grandes referentes» en la Semana Santa sevillana: el del Gran Poder, como arquetipo de andas en madera tallada y dorada; el del Calvario, «que aunque fue muy cuestionado en su momento se ha convertido en un modelo de los pasos de madera en su color»; el de Pasión, como paso de plata; y el de la Quinta Angustia, «un referente al ser un paso construido en madera, ébano y bronce, a pesar de que no se haya imitado».


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