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Restaurado lo atraviesa Longinos

29 mar 2018 / 01:05 h - Actualizado: 29 mar 2018 / 01:07 h.
  • Foto en contrapicado del Cristo de la Sagrada Lanzada al inicio de su recorrido procesional desde la iglesia de San Martín, entre el centro y la Alameda. / Diego Arenas
    Foto en contrapicado del Cristo de la Sagrada Lanzada al inicio de su recorrido procesional desde la iglesia de San Martín, entre el centro y la Alameda. / Diego Arenas
  • El palio de la Virgen del Buen Fin a la salida de San Martín. / Diego Arenas
    El palio de la Virgen del Buen Fin a la salida de San Martín. / Diego Arenas

Ya había salido la cruz de guía de la Lanzada pero en la Alameda apenas público esperaba su llegada. Eso sí, los huecos en la sombra se cotizaban al alza. En la calle Conde de Torrejón, había una clara diferencia entre los tendidos de sol, donde todavía había papeles, y los de sombra, donde era difícil encontrar hueco. En Alberto Lista, mucho más próxima a la iglesia de San Martín y con otra orientación, la situación era bien diferente. No obstante, no fue necesaria la labor de los agentes de la Policía Nacional abriendo paso a la cruz de guía. Pero en la plaza de San Martín el público se desbordaba por la calle Cervantes y Divina Enfermera, pese a que la visibilidad era muy escasa. Nadie quería perderse estos primeros momentos, los primeros tramos en la calle de su imponente misterio, del Crucificado de Illanes, recién restaurado por Juan Manuel Miñarro, y la petalada que recibe a la Virgen del Buen Fin –exornado con rosas achampanadas– en la calle Saavedras.

«Ha merecido la pena esperar», comentaba un señor a su pareja cuando empezó a ver los pétalos caer de los balcones y azoteas de ambos lados de esta calle, mientras la banda de Las Cigarreras tocaban su marcha antes de iniciar Señorita de Triana. Y eso, confesó, que nunca antes habían visto el palio gótico de San Martín, pues se conformaba con el misterio de la Lanzada. Pero es que Ismael Vargas logró convencer a todos con su orden primera: «Vamos a ponerlo en la calle con categoría. No vamos a hacer de esto una tragedia». Y así fue.

Exornado con rosas rojas y isalicu pimienta y acompañado por las marchas que interpretaba la banda de las Tres Caídas, el misterio arrebató al público, que reaccionó en silencio cuando lo vio aparecer en la revirá de Saavedras a Alberto Lista, y a sus nazarenos, a los que el diputado de tramo llamó la atención.

Tras los penitentes, el de niños –que poco tiene que envidiar a la Borriquita–, que hicieron la delicia de sus iguales en la primera fila, repartiendo caramelos, estampitas, escalofríos o nazarenitos de felpa. Y desde ese momento, todo el que conocía la tradicional petalada, fue andando en sentido contrario a la cofradía para ver venir a la Virgen, con su nuevo manto liso, confeccionado por sus hermanas, por la calle Saavedras. La Policía, cómplice en estos momentos, dejó margen a los cangrejeros para disfrutar del momento. Después, los cofrades supieron retirarse a tiempo.

Candelabro del misterio

En plena Carrera Oficial, en la Avenida de la Constitución, ante la parroquia del Sagrario, los servidores de la cofradía tuvieron que subir al paso del Cristo de la Lanzada para retirar el candelabro trasero derecho y evitar un percance mayor con el nuevo manto de la Virgen de Guía, diseñado por Gonzalo Navarro y confeccionado por Sucesores de Elena Caro. Este parón de la cofradía sumó 10 minutos más a una jornada que ya acumulaba retrasos por diferentes incidentes de similares características en otros cortejos.


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