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Cuaresma 2019

Santa Catalina se reencuentra con la Cuaresma más cofrade

Los hermanos de La Exaltación retoman las tareas de priostía, como fundido del palio, en su sede canónica después de casi 15 años

Manuel J. Fernández M_J_Fernandez /
01 abr 2019 / 16:47 h - Actualizado: 02 abr 2019 / 16:55 h.
  • Momentos de fundir la cera del palio de la Virgen de las Lágrimas. Fotos: M.F.
    Momentos de fundir la cera del palio de la Virgen de las Lágrimas. Fotos: M.F.
  • Santa Catalina se reencuentra con la Cuaresma más cofrade
  • Santa Catalina se reencuentra con la Cuaresma más cofrade
  • Santa Catalina se reencuentra con la Cuaresma más cofrade
  • Santa Catalina se reencuentra con la Cuaresma más cofrade

Vuelve a oler a cera fundida en Santa Catalina. La remozada iglesia, monumento nacional desde 1912, se reencuentra con la Cuaresma después de 15 largos años. También lo hacen los hermanos de La Exaltación. En especial, los que conforman el equipo de priostía, privilegiados cofrades que estos días viven en primer persona las horas de hornillo de gas, cubilete, cera y anécdotas mil.

Hay emoción contenida en sus ojos y sonrisas nerviosas en sus caras. La vuelta a casa se ha convertido en el mejor regalo para la generación de jóvenes que sirven, por tradición y por convicción, al Cristo de la Exaltación y a la Virgen de las Lágrimas. Como lo hicieron aquellos otros hermanos, a lo que les tocó vivir el amargo momento de la marcha y el exilio. Es el caso, por ejemplo, del joven José Carlos Borrego, auxiliar del priostía, que vive por primera vez el fundido del palio en Santa Catalina.

«Viendo las cosas que recuerdo de pequeño y que me han contado pero que no había vivido. Entonces con emoción y, por ejemplo, cuando se suba al paso la Virgen de las Lágrimas, que en la iglesia de Los Terceros ya te daba emoción, para mí aquí ya será el día más importante de la Cuaresma».

Son tantas las emociones. Tantos las recuerdos, que brotan a borbotones en cada gesto o pensamiento. Como lo hacen las gotas de cera que sobresalen de los candeleros, reflejos certeros de una felicidad que se derrama en el calendario de los sentimientos más personales.

En la memoria de Raúl López, prioste actual de la hermandad de la Exaltación, está presente en estos días el recuerdo de quienes aprendió esta tradición. «Me he acordado de gente antigua de la hermandad, de las que hacían este trabajo antes que yo: Alfonso o Luis, que fue con el que yo empecé de prioste. Son gente que ya tienen una edad avanzada, y te acuerdas de ellos, porque claro tu empezaste aquí con ellos». También un deseo expreso: «Que cuando vuelvan estos días a entrar en el templo, puedan contemplar que han dejado un legado en la hermandad que no se ha perdido y que sigue mantenido».

Sin olvidar a los difuntos

La fundición del palio despliega todo un ritual que mantiene en esencia lo aprendido y heredado. Desde el momento primerizo de sacar los ochenta cirios blancos que han llegado embalados de la cerería hasta la distribución, a juego con las coronitas de cristal o conchitas -idiosincracia de este señorial paso de palio-, por tandas de candelero, pasando por el rasgado de la cantonera o el encendido del gas donde se alcanza la temperatura exacta para poner los sentimientos a flor de piel como pregón íntimo de uno de los jueves que relucen más que el sol. «Ahora mismo tengo los pelos de punta. Nada más con recordar el olor de cera derretida y fundida: la primera que hacemos en casa después de tantos años», se sincera Raúl López.

Pero en estos momentos el cariño a los hermanos mayores y, en especial, a los difuntos no se quedará simplemente en palabras. También lo estarán de forma material, muy cerca de la Virgen de las Lágrimas en la salida procesional del próximo Jueves Santo. «En uno de los mecheros del palio, que son las velas que más más cerca de la Virgen, irán grabadas las iniciales de los hermanos fallecidos desde noviembre, mes en el que volvimos a Santa Catalina. En las andas de traslado ya llevamos en los cirios los nombres de los hermanos fallecidos en los 14 años de exilio», detalla José Carlos Borrego, quien además apunta que también contarán con el cirio de los donantes con el lema En cada lágrima una vida y la pegatina de Palacio por los cristianos perseguidos.

Y entre tanto trasiego, también es hora de echar la vista atrás y dar gracias a los que hicieron más llevaderos los años de montajes de altares de cultos y de pasos tanto en la parroquia de San Román como en la iglesia de Los Terceros. «Echamos mucho de menos a nuestros hermanos de la Cena. Han sido 14 semanas santas montando junto los pasos. La verdad, es que la convivencia ha sido muy buena. En estos momentos, se les echa mucho de menos, pero ya, gracias a Dios, hemos vuelto felizmente cada uno a nuestra casa».

Finalmente las emociones se disparan a mil revoluciones cuando se sueña con el momento de que se abran de nuevo las puertas de Santa Catalina y salga la hermandad. «Ese día estaremos todos emocionados, llorando, y con unas ganas tremendas de que salgan nuestros titulares a la calle, de nuevo, desde su casa, de Santa Catalina», relata el joven José Carlos Borrego, mientras que a Raúl López le asalta continuamente un deseo: «Creo que no se va a caber por los alrededores de Santa Catalina. Todo el mundo está muy expectante para volver a ver esta estampa. Espero y deseo que así sea».

Y así será seguramente. Sevilla lo sabe y cuenta ya las horas para asomarse de nuevo a Santa Catalina y volver a disfrutar de un Jueves Santo de sarga y antifaz morado. Ya era hora.


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