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Entrevista

«Sería un fracaso que el Consejo tenga que arreglar la Madrugá»

Entrevista a José Antonio Fernández Cabrero. Tras pasar un rato ante el Sagrario, decidió, hace más de un año, presentarse a hermano mayor de la Macarena, aunque ya conocía la intención de Santiago Álvarez de hacerlo. Rechaza una salida extraordinaria para 2020 pero está dispuesto a llevar la cofradía por Puente y Pellón

09 nov 2017 / 22:19 h - Actualizado: 10 nov 2017 / 18:02 h.
  • José Antonio Fernández Cabrero, en un momento de esta entrevista en la hemeroteca de El Correo. / El Correo TV
    José Antonio Fernández Cabrero, en un momento de esta entrevista en la hemeroteca de El Correo. / El Correo TV

Entre sus propuestas, José Antonio Fernández Cabrero (San Felices de Buelna, Cantabria, 1953) incluye iniciativas como una residencia para hermanos de la tercera edad, una despensa macarena, la retransmisión por streaming de todos los actos de la hermandad o vigilias nocturnas ante el Santísimo antes de los besamanos del Señor de la Sentencia el primer viernes de mes. Además está dispuesto a cambiar el recorrido en la Madrugá para contribuir a solventar los problemas de la jornada y ganar en seguridad así como a acortar el tiempo en la calle. También rechaza organizar una salida extraordinaria de la Virgen con motivo del 425 aniversario de la hermandad.

—Dice que se ha quemado los pies trabajando por la caridad en la Macarena...

—Yo me he quemado los pies en dos ocasiones en mi vida: una trabajando por los jóvenes, durante 12 años, y otra con la caridad. Yo creía que lo mejor que me había pasado en la hermandad era dirigir los planes de formación cuando era consiliario o con la propia juventud. Además era lo que más me interesaba, no me interesaban los juegos de varas y estas cosas. Hasta que descubrí, porque me puso Manuel García hace cuatro años, la caridad. Me creía yo que lo que me había dejado una huella en el corazón era mi etapa de costalero...

¿Más que salir de costalero?

—Los que hemos sido costaleros sabemos una cosa: ya nos pueden dar 20 varas delante de un paso que como la penumbra de las trabajaderas no hay nada. Pero la caridad te centra, te da memoria y te da aplomo.

¿Cuánto dedica la Macarena a caridad?

—Por regla, debe asignándole un 10 por ciento del presupuesto, pero el reglamento dice que el 15, esto serían unos 226.000 euros. Sin embargo, este año hemos dado 499.870. Me hubiera gustado conocer la cifra antes para haber hecho un donativo de 30 euros y haberla redondeado. Te doy estos datos porque, según me dijo un sacerdote, a nivel institucional sí debe la izquierda saber lo que hace la derecha, porque si no Sevilla entera se va a quedar pensando que lo que hace la Macarena es llegar tarde a la Campana con una Virgen con una cara muy guapa y estar siempre discutiendo acerca de la Madrugá. Y no, no es así.

¿Qué le ha hecho dar el paso para presentarse como hermano mayor?

—Un ejercicio de responsabilidad, consultado en el Sagrario, hace poco más de un año. Yo estaba moderadamente contento con mi labor en la asistencia social. Había gente que me decía que pensara en esto, pero yo decía que cada vez tengo menos tiempo para estar con María, para hacer deporte, no hago más que estar aquí más hora que un demonio... Pero me fui al Sagrario y me pregunté: «¿Estos caminos por los que transitamos son los mejores? ¿Los valores que hicieron grande a nuestra hermandad están en vigor? ¿La obra que emprendimos todos es mejorable?». Y entonces empecé a disculparte: «Estoy cansado, me voy a casa, María está muy sola...». Pero me dijo: «Todo lo que te he dado, te lo he dado gratis. ¿No me debes nada? Haz algo». Llamé a mis amigos y me puse a trabajar.

¿Cómo un santanderino recala en Sevilla?

—Por el flamenco. Vine a ver a un amigo de Brenes en 1977. Era ingeniero y trabajábamos juntos en la obra de Walter, haciendo los accesos a la meseta. Juntos habíamos visto la serie de Curro Jiménez y él me propuso que fuéramos al pueblo de Curro Jiménez, a Cantillana. Y allí, en una discoteca conocí a Mari la de la confitería. Me la presentaron y hasta hoy. Dice que la conquisté porque, en un momento dado, le pregunté a qué hora era la misa al día siguiente, y le sorprendió que con mi pinta de golfo fuera a misa.

¿Y cómo se hace macareno?

—Por la copla y por el flamenco. Juanito Valderrama, en una letra utilizaba la metáfora: «aquella que está en San Gil». Y empecé a preguntarme quién era aquella que está en San Gil y lo hilé con aquello otro que decía de que por la noche le rezaba a la Macarena. Así que sin conocerla ya empecé a sentir devoción por ella. Y cuando vine en 1978 la conocí en la calle. A los dos años me hice hermano y al tercer año me hice costalero. Tuve una suerte envidiable. Fue costalero hasta 1989, cuando entré en la junta de gobierno con José Luis de Pablo Romero.

¿Qué le llamó la atención?

—Yo ya estaba embelesado con su cara. Lo que me pasmó aquella Madrugá fue verla andar. Desde ese momento, dije: «Ahí me meteré yo». Yo ya era muy mariano. Mi madre me llevó de la mano a la Virgen del Carmen y a la Inmaculada. Y la Esperanza me llevó a su Hijo que está con las manos atadas en la basílica. Este camino que me ha enseñado la Virgen creo que es un don.

¿Qué significa para usted ser macareno?

—Es una filosofía, es una vocación, es un sentimiento y es una gracia. Es tener la responsabilidad de ir testimoniando por el mundo una advocación de María de la Esperanza tan necesaria.

En la web de su candidatura afirman que son «Macarenos sin más». ¿Qué quieren subrayar?

—Quien dice «yo soy solo macareno» debe saber que le obliga a amar a la Virgen, a adorar al Señor y a la devoción al Rosario, al rezo del rosario.

¿Son hermanos de base?

—No me gustan las varas. Vengo a la hermandad por un compromiso, conmigo mismo, con mis valores y con mi hermandad. No vengo a consumir recursos, sino a aportar recursos: humanos, de equipo, de voluntariado y económicos. ¿Por qué una hermandad tiene que vivir exclusivamente de donativos y de las cuotas? ¿Por qué no busca otras ayudas? No vengo a satisfacer mi ego. No voy a ser más de lo que he sido. Lo que quiero es compartir, entregarme, coger mi hermandad y hacerla fraterna, caritativa y social, que entremos en el atrio y todos nos podamos sonreír de forma apacible y sosegada.

¿Cómo se explica que de una misma junta hayan salidas dos candidaturas?

—Porque tenemos dos concepciones distintas de hermandad. No digo que la mía sea la buena, sólo que es distinta. Dos candidaturas no son malas, son buenas. ¿Por qué creemos que son malas? Por las miserias del hombre, que son las que hacen que aparezcan los insultos, la descalificación, los anónimos en las redes sociales...

¿No ha habido acercamiento?

—No ha habido ningún intento por ninguna de las dos partes. Creo que porque ambos sabemos que uno es aceite y otro agua. Las dos cosas son buenas pero no se pueden mezclar. No hemos hablado porque no nos ha interesado a ninguno.

Sin embargo, hay proyectos coincidentes, como el columbario.

—Es el único. Pero no es proyecto de Santi ni mío, es un proyecto anterior de los hermanos. Culto, formación y caridad es lo mismo en todas las hermandades pero las campanitas suenan según tengan el metal.

—Y respecto a la cofradía, ¿se puede acortar el tiempo en la calle?

—Es un deseo que está escrito. A toda la junta nos preocupa el tiempo del nazareno en la calle. Poca gente medita que el nazareno está citado a las 21.30 horas y que el de la Virgen podría salir a la una de la mañana, luego ya lleva cuatro horas de pie. Cuando sale a la calle, tiene la rodilla hecha misto y cansadísimo. No decimos que haya que estar a las 12 horas, pero sí ver qué se podría hacer para entrar antes. Las tres últimas horas en la calle matan. Las primeras hieren.

—¿Cuál es la solución de la Madrugá?

—La solución es una voluntad cierta, no sólo política, de todas las hermandades; segundo, generosidad. A lo mejor la que tiene que ser generosa es la Macarena. ¿En qué tengo que ceder? Eso no es anteponerse uno al otro, ni yo salir el segundo, como estoy escuchando por ahí, no tengo que romper la Concordia no nadie, creo que nos ayuda a convivir, a darnos un abrazo esa madrugada, a hacernos fuerte. La Concordia y la relación con el Gran Poder me encantan, me gustaría aumentarla más y mostrarle a Sevilla que dos hermandades señeras pueden dar un ejemplo de hermandad. Y no porque tengamos una Concordia, sino porque nos nace del corazón. Tercero, cuando dos o tres hermandades se quieran entender, las otras se sumarían.

—¿Y si no llegan a ese acuerdo?

—Sería un fracaso de las seis hermandades. ¿Tiene que venir el Consejo o el Ayuntamiento a arreglarme los problemas? Vamos a coger las reglas y quitamos lo de fraterno, caritativo... y nos peleamos como los hijos del Zebedeo. ¿Una autoridad civil tiene que venir a unos entes eclesiásticos a decirnos cómo tenemos que hacer las cosas? Si en un año no lo solucionamos, quitadme.

—¿Está dispuesto a cambiar el recorrido?

—¿Qué pasa si nosotros tiramos por la Alfalfa y por Puente y Pellón? Nada. Esto no significa que lo vayamos a hacer. Pero no pasa nada. Posiblemente acorte el recorrido y gane en seguridad, que va en beneficio de los hermanos, sobre todo de los nazarenos, en los que nadie piensa en los nazarenos. Por eso te digo que el mejor sitio de la Madrugá es la parihuela.

¿Cuál es su principal proyecto en materia patrimonial?

—El patrimonio de la hermandad es amplísimo. Lo más importante es inventariar el patrimonio, fijar los valores actuales. A la Virgen no le hace falta un cuarto manto. Segundo, la renovación museística es inapelable. El museo es una gran fuente de ingresos para la caridad de la hermandad. La casa hermandad es un proyecto de Manolo García, tenemos que terminarlo, pero no es un proyecto nuestro.

—¿Qué hará con los restos de Queipo de Llano?

—La hermandad cumplirá lo que diga la Ley de Memoria Histórica, pero hay que estudiarla en su contexto y se refiere a espacios públicos. La basílica es un espacio privado que da un culto público. Esperaremos, por tanto, al dictamen de los asesores, después hablaremos con la familia, los hermanos y el Palacio Arzobispal, antes de tomar una decisión.


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