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Cuaresma 2018

«Si el acuerdo de la Madrugá funciona, tiene visos de futuro»

El presidente del Consejo recibirá a las hermandades del ‘nuevo’ Martes Santo en la Puerta de los Palos y considera que los nuevos sistemas de seguridad que se van a implantar ayudarán a que la Semana Santa salga fortalecida

15 feb 2018 / 08:49 h - Actualizado: 15 feb 2018 / 08:35 h.
  • Sainz de la Maza, con la Puerta de los Palos de la Catedral al fondo. / Jesús Barrera
    Sainz de la Maza, con la Puerta de los Palos de la Catedral al fondo. / Jesús Barrera

Se dispone a vivir su segunda Semana Santa como presidente del Consejo, pero no es una Semana Santa más. Es la del Martes Santo a la inversa y la de una Madrugá con respiración asistida y a prueba de incidentes.

—Al hilo del nuevo Martes Santo, ¿tienen ya decidido dónde recibirá usted a las hermandades?

—Sí, sí, en la Catedral. Hay que tomar en consideración que cuando uno concede la venia en el palquillo de la Campana, la concede por delegación de la autoridad eclesiástica. Y hay que distinguir la autoridad eclesiástica de lo que son los canónigos del Cabildo Catedral. Ellos son los que dan la venia para hacer la estación en la Catedral, incluso uno de los canónigos es el que porta la vara de hermano mayor durante todo el recorrido. En mi caso, yo otorgaré la venia a las hermandades, salvo que esté la autoridad eclesiástica presente. Habrá pues dos cosas: se mantendrá la mesita pequeñita con el delegado y el ayudante para el control de horarios, y después habrá una mesita, que todavía no sabemos cómo va a ser, si estaremos cerca o no de los canónigos, para dar, entre comillas, dos venias. El sitio será donde nos ubiquen, pero dentro de la Catedral. Donde disponga don Luis Rueda y el protocolo.

—¿Le satisfizo el acuerdo al que llegaron en noviembre las hermandades de la Madrugá? ¿Tiene visos de perdurabilidad?

—Todos somos conscientes de que se trata de un acuerdo de mínimos que se adoptó respetando a su vez un acuerdo previo con dos premisas básicas: que los nazarenos de negro no se pondrían en filas de a tres y que no se tocaría el orden de la nómina. Tomando en consideración esos condicionantes, creo que es satisfactorio y hay que valorar el que se haya llegado a un acuerdo, aun con alguna pequeña reticencia por alguna hermandad. Nosotros vamos a ver cómo funcionan este año los cambios de recorrido y si todo va bien, como esperamos y deseamos, tiene visos de que tenga perdurabilidad. ¿Durante cuánto tiempo? No lo sabemos. No podemos predecir qué número de nazarenos habrá dentro de diez o de veinte años. Ya veremos. Yo espero y deseo que todo vaya muy bien.

—La hermandad del Calvario, sin embargo, apuesta por que el año próximo se proceda a una revisión de este acuerdo para lograr un reparto más equitativo de los sacrificios.

—Bueno, yo en los juicios de valor que hagan otras hermandades no voy a entrar, entre otras cosas porque la responsabilidad de la junta superior del Consejo es organizar los cortejos. Cada uno puede expresar su opinión. Yo respeto la opinión del hermano mayor y de cualquier portavoz de una hermandad.

—Hay quien vaticina que la Madrugá debe ir planteándose con urgencia el debate del número de nazarenos. ¿Usted cree en las restricciones como posible solución?

—No creo que se pueda hablar a la ligera de conceptos como el de los números clausus. Yo recuerdo en épocas pasadas una situación similar en el Corpus, y después tuvieron que acudir a las hermandades para sostener la procesión. Hay que plantear estos debates con mesura, entre otras cosas porque las hermandades tienen formas de autorregularse. Históricamente, hay hermandades que, sin nadie obligarle a ello, han limitado el número de penitentes o ha organizado sus cortejos de tres en tres. En cuanto a eso de que un hermano deba esperar tres o cuatro años para salir? yo tampoco creo que ésa sea la solución. Pecamos mucha veces de ir a los extremos, y lo importante es la mesura y la autorregulación. Además, creo que muchos problemas se resolverían con el cumplimiento estricto de los horarios: los pasos deban andar, no deben recrearse. No digo que las que van con música vayan a golpe de tambor, sino que anden. Cuando se quiere, se puede.

—¿Alguna opinión acerca de las voces de sirena en torno al Sábado de Pasión como futura nueva jornada de cofradías en la Catedral?

—Que el arzobispo haya dicho que no hay impedimento litúrgico alguno ha sido interpretado por algunas personas que eso significa que está diciendo que sí. El señor arzobispo nunca se mete en la organización de los cortejos y, de manera respetuosa, siempre se remite al Consejo en estos casos. Es un tema que ni siquiera se ha planteado en el seno de la sección de penitencia del Consejo, porque ninguna hermandad de las llamadas de vísperas siquiera ha llegado a plantearlo. Alguna, per se, no puede venir por impedimentos geográficos, y hay quien tampoco lo desea.

—¿Qué espera del Viacrucis de Torreblanca?

—En primer lugar creo que ya la designación ha supuesto un aldabonazo. Estaba claro que nosotros, en este mandato, íbamos a designar a una imagen de vísperas. Es cierto que nunca llueve a gusto de todos y que hay hermandades con mucha historia cuya imagen aún no ha sido seleccionada. Torreblanca es una hermandad que hace una gran labor social en un barrio marginal, volcada con su parroquia y que va a venir arropada no solo por sus hermanos y vecinos del barrio, sino por el resto de hermandades de vísperas. Están muy ilusionados, locos de contento. Para ellos y para el barrio es una satisfacción.

—En este año debe someterse al pleno de hermanos mayores la cacareada reforma de la Carrera Oficial. ¿Tiene ya claro el calendario que seguirá este proceso?

—No, no. Una cosa es la presentación y aprobación y otra será la ejecución. El año próximo es un año difícil. Lo que queremos es, una vez que finalice la Semana Santa, continuar trabajando. Ocurre que no es un tema tan simple, sino que hay que ponderar muchas variables. No sólo está el tema de la seguridad, que no hay más remedio que cumplirlo y acatarlo, sino que hay otras variables que pueden afectar a las hermandades de penitencia y a las que participan en el saco del reparto económico, como son las de gloria y sacramentales. Hay opiniones para todos los gustos. Yo siempre he dicho que no va a ser ninguna revolución. Puede que al final sólo sean ligeros retoques que den lugar a una Carrera Oficial más segura y confortable para todos y en beneficio sobre todo de los propios cortejos procesionales. Pero que en ningún momento va a ser ninguna revolución, eso que quede por descartado.

—¿Y si los hermanos mayores se decantan por alguna reforma, se implantaría en 2019?

—Ahí ya no puede aventurar nada. Depende de si hay que hacer alguna inversión o no. A lo mejor hay un proyecto que es el ideal, pero cuyo coste hoy en día no es asumible.

—¿La solución del Martes Santo podría aplicarse a toda la Semana Santa?

—Ehhh, yo lo veo difícil. Hay días como el Jueves y el Viernes que sería excesivamente complicado, por no decir imposible, no solo por los oficios sino por los recorridos de las hermandades. Lo que sí tenemos claro es que, cuando se proponga una solución integral, no va a haber unos días a la derecha y otros a la izquierda. No, no. O todos para un lado o todos para otro.

—A la hora de desechar proyectos, ¿qué criterios priorizan: la seguridad o la inversión necesaria?

—Primero, las razones de seguridad. Por ejemplo, hemos desechado Tetuán porque, en contra de quienes piensan que es una vía más amplía y con más vías de evacuación que Sierpes, resulta que el Cecop ha dicho que no. Y cuando uno no es experto, tiene que fiarse de lo que dicen los expertos. Lo de la calle Tetuán está descartado. Si, por ejemplo, un proyecto propugna empezar la Carrera en Méndez Núñez entrando por la Magdalena, pues habría que valorar toda la inversión que hay que hacer. Si te quitan la Campana y los palcos te los quieren poner por la parte de la Plaza Nueva, tendrías que invertir en unos nuevos palcos y eso vale dinero. Y lógicamente eso tiene una repercusión y un impacto en la tarta que después se reparte a las hermandades de penitencia, vísperas y glorias, cada una en su proporción.

—¿Lo ideal sería mantener el número de sillas actual?

—Eso sería lo ideal. Y si se pudiera aumentar, mejor. El problema es cómo. Y luego está la diatriba entre los que creen que conviene una Carrera Oficial más corta y otros que piensan que más larga. Nunca hay unanimidad.

—Hay proyectos que incluso eliminan la Campana...

—Hay proyectos que eliminaban la Campana y Sierpes, la Carrera Oficial se concebía casi al revés, y no entrando por la Puerta de los Palos, y las cofradías se despedían en la Plaza de San Francisco con tres vías de salida: Sierpes, Plaza Nueva y plaza del Salvador. Es apostar por una Carrera Oficial más corta, pero se perdían las sillas de Sierpes y toda la Campana.

—Hay quien propone mantener el actual trazado, despejando de sillas la zona de Villasís, lo que evitaría un gran rodeo a las hermandades que provienen de Laraña. ¿Han estudiado esta opción?

—Todas esas variables sobre una alternativa principal se están contemplando en las reuniones de Penitencia. Todo lo que sea liberar espacios? hay que estudiarlo, ver sus implicaciones y el impacto.

—¿Usted se atreve a aventurar que, efectivamente, habrá cambios en la Carrera Oficial?

—No descarto nada. No sé cuál va a ser la solución final. Si en un momento dado al final de este proceso se llega a la conclusión de que la Carrera Oficial sigue empezando en la Campana y sale por la Puerta de los Palos pero con ajustes que proporcionen mayor seguridad y confort, pues se hará eso. Por lo menos, se habrá hecho algo.

—¿Es usted partidario de la ley seca en la Madrugá?

—No soy un experto en temas de seguridad. No todo el mundo se dedica a beber esa noche. No sé cómo harán para que las personas puedan ir al baño o tomarse un café. No voy a discutir ninguna decisión del Ayuntamiento. Cuando lo han hecho, sus razones tendrán.

—Megafonía pública, farolas controladas a distancia, sistema de alertas vía SMS? ¿no le asustan tantas novedades en materia de seguridad?

—No. Si se implantasen sin haberse producido los antecedentes que todos sabemos, sí asustarían. Pero creo que, bien al contrario, estas medidas deben dar más seguridad a las personas y más tranquilidad a la hora de estar en la calle. Los tiempos han cambiado. Ha habido un antes y un después de la pasada Madrugá y un antes y un después de los atentados de Barcelona. Y tampoco podemos olvidar que estamos en alerta cuatro. Después, son medidas que tampoco afectan, porque en el tema de las lámparas se conservan las farolas fernandinas y se instalan luces led cálidas que permiten, si ocurre cualquier incidente, que dándole a un botón en tres segundos estén las luces a toda potencia.

—Se han eliminado 227 sillas este año en Sierpes. ¿Teme que esto haya sido solo el principio de una mayor reducción de asientos en toda la Carrera Oficial?

—Vamos a ver cómo funciona esta medida este año, porque además es un tema de mínimos. Lo que se ha hecho es quitar sillas de sitios que potencialmente ocupaban vías de evacuación. Esto tiene antecedentes históricos, es decir, antes en esas calles no había sillas, pero por una serie de circunstancias que yo no quiero entrar a analizar se han legalizado situaciones que no eran. Son 227 sillas, ochenta y tantas familias las afectadas. Vamos a ver cómo funciona. Si eso va bien, se quedará así. Si en un momento dado se comprueba que ha habido problemas con el sistema de evacuación, los responsables de seguridad dirán lo que tengan que decir. Esto es lo mismo que ha pasado con los famosos relevos de costaleros en la Carrera Oficial. Se ha mantenido uno, el del Banco de España, y no pasa absolutamente nada.

—Tengo entendido que, finalmente, el Consejo va a realizar un sorteo restringido para los abonados que han perdido su silla en Sierpes al objeto de realojarlos en otras zonas.

—Efectivamente, porque creemos que es de justicia.

—¿Coincide con la hermandad de la Amargura en que las medidas de seguridad del año pasado en calles como Francos, Alcázares o Santa Ángela de la Cruz ocasionaron un «aforamiento desmedido»?

—Sí, sí, coincido. Y así se lo he hecho saber tanto a los responsables de seguridad del Cecop como a la subdelegación del Gobierno para que la persona que esté al frente de la Policía sepa interpretar. Personalmente me he implicado y les he hecho saber que deben hablar con la hermandad, porque, en mi opinión, ese tipo de aforamiento no tenía razón de ser. Hemos comentado y pactado que este año no se haga. Esperemos que así sea.

—Cortejos desfilando por calles semivacías, la seguridad como máxima indiscutible, itinerarios que se ven modificados por el Cecop? ¿Se reconoce en esta Semana Santa que estamos viviendo?

—La Semana Santa está sometida a un juicio de revisión, pero creo todo esto es fruto de los cambios que se están produciendo en la sociedad. Hay cambios incluso en los comportamientos de las personas en la calle, con una falta de respeto y de educación que son consecuencia, en definitiva, de una crisis de valores. Tenemos que ir poniendo cada uno de nuestra parte para que esto no se vaya de las manos. Las nuevas medidas que se han implantado son consecuencia de los incidentes que se han registrado, y no hay que taparse los ojos. Yo creo que, al final, todo esto ayudará a que la Semana Santa salga fortalecida. Tampoco aquí se puede aplicar esa máxima de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Sería distinto, diferente, pero no mejor. Los tiempos son los que son distintos.

—¿Sintió miedo el año pasado en el palquillo de la Campana? ¿Temió por algún momento por la continuidad de los desfiles?

—Yo estaba realmente preocupado. Estaba preocupado porque, entre otras muchas cosas, no sabía lo que estaba ocurriendo, pero lo mismo que yo, tampoco lo sabían responsables de seguridad. Me dediqué a intentar poner calma, a intentar hablar con los medios de comunicación, sobre todo las radios que estaban allí en la Campana, y a tranquilizar a toda la gente que se ponía de pie. Hablé por teléfono con los hermanos mayores. Hablé con Pepe Moreno y me dijo «presidente, yo hago lo que tú me digas que haga». Y le pedí que siguiera adelante porque si no le daríamos la razón a los que han organizado todo esto. En esos momentos, hay que hacerse uno fuerte, mantener el tipo y llamar a la calma, a sabiendas de que no conocía lo que en realidad estaba ocurriendo.

—¿Teme que esta próxima Madrugá haya menos público en las calles y se vean mermados los cortejos?

—Eso es lo que vaticina todo el mundo. Efectivamente, el año pasado, después de los incidentes, hubo hermanos en todas las cofradías que se fueron a sus casas presos del pánico y del miedo. Ya veremos si eso es así.

—Como macareno, ¿qué le parece que en el año 2020 la Virgen no salga a la calle?

—Yo no sé si va a salir o no. Eso será la junta de gobierno la que deba decidirlo o a lo mejor se somete a un cabildo. A mí, personalmente, que la Virgen esté en la calle transmitiendo esperanza, me encantaría, como no podría ser de otra forma. Hay que respetar la decisión que pueda tomar la junta de gobierno o el cabildo de hermanos, pero de aquí a 2020 queda mucho tiempo.


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