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La Amargura

Sin apenas aire en San Juan de la Palma

La salida de la Amargura llena de nuevo San Juan dela Palma. El silencio se hizo con el ‘Silencio blanco’

09 abr 2017 / 22:22 h - Actualizado: 10 abr 2017 / 09:48 h.
  • Salida del misterio del Desprecio de Herodes de la iglesia de San Juan de la Palma. / Manuel Gómez
    Salida del misterio del Desprecio de Herodes de la iglesia de San Juan de la Palma. / Manuel Gómez
  • Detalle del Señor del Silencio. / Manuel Gómez
    Detalle del Señor del Silencio. / Manuel Gómez

Un Domingo de Ramos en San Juan de la Palma es una de esas experiencias cofradieras que no debe perderse nadie que esté en Sevilla en el arranque de la Semana Santa. La Amargura, hermandad señera de ese gran barrio sevillano llamado centro histórico, es uno de los grandes reclamos de la jornada con la que se inicia la Semana Santa. Y bien ganado que se lo tiene la hermandad de San Juan de la Palma por su buen hacer año tras año.

La prueba más evidente de que allí va a ocurrir algo importante a la caída de la tarde es que todo está lleno desde mucho antes de que salga la Cruz de Guía. Lleno está el corralito preferente para que los hermanos de más de 75 años puedan ver la salida del cortejo; lleno están los balcones que hay frente por frente a la puerta de salida, da igual si la casa está medio abandonada. También hay lleno de fotógrafos, de policías y también de vallas. «Yo no sé para qué quieren tantas vallas, porque al final hacen de esto una auténtica ratonera», explica uno de los diputados externos de la cofradía, que reconoce que es bueno guardar unas pocas porque si no, las ponen también. También se llena la zona acotada para los músicos. Varios miembros de la numerosísima banda de las Tres Caídas de Triana apenas tienen hueco para que algunos de sus miembros se hagan una foto de recuerdo. Todo son apreturas en San Juan de la Palma porque el Silencio blanco es mucho Silencio blanco. E incluso el responsable de la banda de Nuestra Señora del Águila de Alcalá tiene problemas para colocarse junto al dintel de la puerta ya que siempre salta el ciudadano de turno que espeta algo así como: «Oiga, es que llevo aquí desde las cinco de la tarde y si se pone ahí no veo». Lo de siempre.

A las ocho menos cuarto en todos los relojes se escuchó desde fuera el cerrojazo que abría la puerta de doble hoja de San Juan de la Palma para que fuera saliendo las largas filas de nazarenos. Los siseos pidiendo respeto también se escuchaban desde varios frentes porque todos querían los cinco sentidos en donde había que tenerlos. Los nazarenos comenzaban a lucir sus túnicas blancas inmaculadas y bien planchadas que delataban todo el cariño que se pone en las casas para que el nazareno de cada uno sea el mejor vestido de la cofradía.

Desde el interior del templo ya se escuchaba el llamador que tocaba Manuel Villanueva para encuadrar la puerta de salida y tirar para la Catedral. Con la aparición por la puerta de la bocinas volvieron de nuevo los siseos. Los cuerpos se iban encogiendo y cuando las maniguetas asomaron por la puerta todo el mundo contenía la respiración. La salida de San Juan de la Palma es milimétrica y tanto Manuel como su hijo Antonio, uno en el frente y otro en el costero, controlaban absolutamente todo. Las órdenes del patriarca eran rotundas. Alentaba a sus hombres pero su tono de voz dejaba claro que no había lugar para un error. Y no lo hubo. Sonaba Silencio blanco y con el misterio encarando ya la calle Feria los pulmones de todos los presentes comenzaron a tomar de nuevo aire.

Pero esto no fue por mucho tiempo. Minutos después, la morena Virgen de la Amargura se plantaba en la calle para iniciar su triunfal paseo por las calles de Sevilla. San Juan de la Palma seguía lleno, pero ya no era lleno de gente, ni de vallas ni de música. Ahora todo estaba lleno de Amargura.


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