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Semana Santa 2017

Un barrio cosido por la herencia de la túnica

El arrabal torero sigue más vivo que nunca gracias al tesón de las antiguas familias de San Bernardo

12 abr 2017 / 21:12 h - Actualizado: 13 abr 2017 / 01:06 h.
  • Un barrio cosido por la herencia de la túnica
  • Un barrio cosido por la herencia de la túnica
    El Cristo de la Salud avanza por la calle Gallinato, en dirección a la calle ancha. Abajo, el palio de la Virgen del Refugio a su paso por el puente de los bomberos.
    / Fotos: Jesús Barrera

¿Dónde empieza San Bernardo? ¿Cuáles son sus límites? ¿Los que marca la wikipedia o los que dicta el corazón de sus vecinos, los de antes y los de ahora? ¿Qué es el barrio? ¿Las pocas casas antiguas que quedan en pie con sus fachadas costumbristas o los nuevos pisos y edificios rehabilitados de diseños vanguardistas? ¿Dónde empieza y termina la cofradía? ¿De dónde salen los 2.300 nazarenos del cortejo? Demasiadas preguntas que solo encuentran respuestas en la constancia y tesón de aquellas familias de San Bernardo que tuvieron que dejar las antiguas casas de vecinos y que, pese a la distancia, se han encargado de mantener viva la devoción por el Cristo de la Salud y la Virgen del Refugio. Gran mérito el de San Bernardo que ha cosido los límites del barrio en las túnicas moradas y los antifaces negros de la cofradía. Esa es la seña de identidad del arrabal torero que nunca morirá mientras los Miércoles Santo haya un hermano dispuesto a vestir la túnica y cruzar el puente como lo hicieran antaño sus padres y abuelos.

María y Eduardo saben mucho de esto. Ellos emigraron a otros puntos de la ciudad cuando comenzó la decadencia de las casas de vecinos hace décadas. «Nos casamos aquí y nos fuimos a vivir a otro lugar», explica este veterano de 73 años que no puede pasar un Miércoles Santo sin pisar San Bernardo. Sentado en una de las sillas dispuestas en el atrio delantero de la iglesia, Eduardo aguanta estoicamente el sol que cae a plomo a la hora de la salida de la cofradía. «Pedíamos que no lloviera pero tampoco que hiciera tanta calor. Durante 30 años seguidos no ha caído ni una gota, pero después han venido varios años de agua y esta cofradía cuando dice que no sale, no sale», contextualiza su señora mientras se abanica con una pamela y pone una gorra a Eduardo.

Los nazarenos van saliendo con bastante celeridad: pecho con espalda y puestos de tres en tres. «Son nueve tramos en el Cristo y nueve en el palio, aunque cuando yo salía eran ocho». Eduardo repasa su vida que es la de muchos hermanos mientras aguarda la salida del primer paso. «Nuestros hijos se han bautizado todos en esta parroquia. Solemos venir los domingos a misa y siempre que hay convocados actos de la hermandad. Nuestros hijos están muy metidos también y así se lo están transmitiendo a sus hijos», detalla con orgullo María mientras comenta que uno de sus hijos ha venido expresamente para ver las imágenes aunque no puede salir de nazareno porque «tiene un bar en Hinojos».

Hay quien dice que el Cristo de la Salud es uno de los más fotogénicos de la Semana Santa de Sevilla. No le falta razón. Los esbeltos candelabros, la disposición cromática de los claveles rojos y los lirios morados... y la conjunción perfecta con la banda de la Presentación al Pueblo de Dos Hermanas al son de la marcha Cristo del Amor. La estampa es contemplada desde las alturas por quienes se encuentran en las azoteas de los edificios de en frente y han recurrido a los paraguas para cubrirse del sol. También por los sufridos padres que, como Rocío y Fran, van pendientes de su hijo vestido de monaguillo en la delantera del paso. Ellos también hacen posible el milagro del Miércoles Santo.

Apoyados en la reja del cancel y buscando la poca sombra que hay, Eduardo y María van deseando «buena estación de penitencia» a todos sus familiares. Es el árbol genealógico de la fe que va pasando ante sus ojos.

El que fuera hermano mayor y exmiembro del Consejo de Cofradías, Manuel Lobo, da la primera llamá al palio. Ha pasado casi una hora larga desde que saliera la cruz de guía. En muchas casas se ha aprovechado la espera para disfrutar del reencuentro familiar en torno a una buena mesa. También en la calle Cofia, donde no pasa la cofradía, pero un azulejo recuerda la casa natal de José Portal Navarro, «que un día llevase a hombros al Cristo de los toreros». De nuevo, el recuerdo a quienes lo han dado todo por la hermandad y el barrio.

Una lluvia de pétalos recibe al palio de la Virgen del Refugio que huele a primavera con el azahar que hay intercalado entre conos de claveles. Aromas que sirven de refresco para los valientes que siguen a pie parado. Suena la marcha San Bernardo, de Manuel Marvizón y a la mente de muchos llega el recuerdo de otro vecino de túnica morada y capa negra: el desaparecido Fernando Carrasco. ¡Cuánto habrá disfrutado desde allá arriba viendo el barrio de bote en bote y la belleza de su Virgen! Faena de grana y oro que es la honra de un barrio que vive por siempre en sus gentes.


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